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¿Estamos buscando el discipulado?

Me bauticé hace más de 20 años y una de las cosas que más me llamó la atención en nuestra iglesia, fue el discipulado. Recuerdo que mis primeros años en la fe estuvieron marcados por la rigurosidad de este, «¡no por el abuso!» (…aunque también hubo algo de este tipo). Sin embargo, al mirar atrás puedo asegurar que Dios trabajó por medio de los hermanos que me ayudaron y discipularon para que fuera un cristiano hoy en día. No justifico para nada la mala interpretación del discipulado y el uso excesivo de la autoridad que en algunos casos otras personas han experimentado o han usado en sus ministerios, pero estoy convencido de que Dios ha estado siempre detrás de todo lo que ocurre en su iglesia y lo usa para transformar nuestro carácter. También usa nuestros errores en el discipulado para ayudarnos y ayudar a otros, y si, yo también lo hice mal y también herí a personas por no tener la perspectiva correcta. Sin embargo, esto no evita que la voluntad de Dios de transformar nuestro carácter por medio del discipulado no se cumpla. Romanos 8:28 es mi convicción en cuanto a esto. Dios usa todo para nuestro bien, no necesariamente para hacernos sentir cómodos, o más felices, pero definitivamente para transformarnos.

Y es que el discipulado es un método por el que podemos ayudarnos unos a otros a crecer y madurar en Cristo. Es, en palabras de uno de nuestros maestros de la iglesia, «ayudar a los discípulos a pensar como Jesús«.

Si el discipulado es algo tan valioso, tan poderoso, ¿lo estamos usando bien?, ¿sabemos como usarlo?, y algo que quizás es mucho más importante aun, ¿lo estamos buscando?

Esta última es la pregunta que más me inquieta, debido a que con el paso de los años muchos cristianos empezamos a creer que ya no necesitamos la ayuda de otros discípulos en nuestras vidas. Hemos aprendido a luchar contra algunas tentaciones, hemos crecido en nuestra relación con Dios y hemos visto al Señor trabajar de muchas formas en lo que hemos hecho. Pero en lo que muchas veces erramos es en creer que podemos hacerlo solos. O mucho peor, nos transformamos en discipuladores de otros, pero dejamos de buscar el discipulado para nuestras vidas. Esto es lo más preocupante. La nula búsqueda de ayuda. Pablo menciona a los corintios lo siguiente: «Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer» (1 Corintios 10:12). Sentirse muy seguro no es tan seguro. Es muy peligroso para cada cristiano creer que no necesita de otras personas en su vida. Que no necesita dar cuentas de su comportamiento, de su relación con Dios, de su trabajo ministerial. Personalmente conozco a muchos cristianos hoy en día que necesitan reconvertirse al discipulado y mantenerse firmes. Muchos de ellos se han convertido en buenos maestros y buenos discipuladores, porque han aprendido lo suficiente para enseñar a otros pero,… cuidado con esto…, Jesús reprendió fuertemente a los que en sus tiempos se enfocaban en enseñar a otros pero no se preocupaban de ser enseñados. Se les llamó religiosos o incluso fariseos.

Nuevamente quiero referirme a quienes lideramos. Nosotros especialmente necesitamos estar constantemente buscando el discipulado. Necesitamos estar constantemente rindiendo cuentas de nuestras vidas, de nuestros matrimonios, de nuestra pureza, de nuestra relación con Dios. Si no lo hacemos corremos el riesgo de ser arrastrados por la corriente de la religiosidad y transformarnos en maestros indiscipulables que estamos muy seguros de saber lo que necesitamos debido a la experiencia que podemos tener. Un discípulo debe ser siempre un buscador, un aprendiz y nunca debe dejar de serlo, aun cuando los años le hayan hecho más sabio que los demás. La verdad es que nunca tendremos toda la experiencia que necesitamos tener para olvidar que necesitamos ser ayudados en nuestras vidas.

Volvemos a la pregunta anterior. ¿Lo estamos buscando?. ¿Estamos llamando a hermanos para dar cuenta de nuestra vida?, ¿Estamos rindiendo cuentas de nuestros ministerios?, ¿Estamos buscando otras influencias que puedan ayudarnos a crecer en nuestra perspectiva de Dios?

Por otro lado, el discipulado es un proceso que tiene diferentes etapas o momentos y que se va desarrollando a medida que crecemos en nuestra relación con Dios. Mientras más conocemos a Dios, más debiéramos esforzarnos por buscar a otros discípulos e involucrarlos en nuestras vidas.

¿Imaginas como serían nuestras iglesias si cada discípulo en ellas se transformara en un buscador?, más aún, ¿te imaginas como serían nuestras iglesias si cada discípulo en ellas se transformara en un buscador de Cristo y quisiera aprender a pensar como Él?

¿Imaginas como serían nuestras iglesias, si cada discípulo aprendiera a pensar como Jesús?

Hace un tiempo ojeaba un libro acerca de este asunto y me llamó mucho la atención su enunciado: «Pensar como Jesús. Decida correctamente en todo momento» 1. En mi opinión personal, el discipulado debe apuntar a este concepto. Si aprendemos a pensar como Jesús, entonces estaremos preparados para decidir correctamente en todo momento.

Recuerdo que en mis primeros años de cristiano corría entre nosotros la pregunta: ¿Qué haría Jesús si Él fuera el que estuviera en mi lugar en este momento? o ¿Cómo lo haría Jesús? Todo apuntaba a pensar como Él. Quizás en el camino pudimos perder de vista esta perspectiva y dejamos de pensar como Él para pensar mucho más como nosotros. Quizás nos llenamos de buenas intenciones y empezamos a desarrollar dogmas acerca de como debía comportarse un cristiano o como debía vivir un cristiano o con quien debía o no debía relacionarse un cristiano, pero no siempre fue así.

Debemos repensar el discipulado y cuestionar nuestra manera de usarlo para establecer una buena metodología basada en las escrituras y en el ejemplo de Jesús.

La diferencia entre como Jesús pensaba y actuaba dependía de la perspectiva con que veía las cosas. Jesús veía las cosas desde un punto de vista espiritual y no humando. Él tenía la perspectiva de Dios en su mente, el pensamiento de Dios en su mente. Por ende cada decisión que tomaba estaba basada en el pensamiento de Dios.

Imagina por un momento como sería tener cada momento la perspectiva de Dios en nuestra mente y decidir en base a ella en cada situación.

Mientras escribo este artículo, me encuentro sentado en un café donde hay diferentes personas, algunas están trabajando en sus computadoras, otros está pasando el rato y otros están hablando con voz fuerte y sin pensar en que los demás se encuentran tratando de concentrarse en algo (uno de esos, soy yo). ¿Cómo reaccionaría Jesús ante la distracción que provoca un cliente exagerado?, ¿Cómo lo miraría?, ¿le hablaría y pediría que baje la voz?, ¿le retaría?. Creo que definitivamente lo miraría con mucha compasión y no como yo lo hago en este momento… (Por favor, oren por mi para tener un mejor corazón cada día)…

En fin, si cada uno de nosotros que nos llamamos discípulos pudiéramos pensar cada día más como Jesús y menos como nosotros estoy convencido que todo a nuestro alrededor sería muy diferente.

¿Qué tal si este día, tomamos la decisión de buscar a Jesús de una manera menos religiosa que ayer y realmente nos relacionáramos con Él para aprender como pensar con la perspectiva correcta?

Busca a alguien y pide ayuda. Busca a alguien y da cuentas de tu vida. No importa si eres viejo o joven en la fe, siempre necesitamos ayuda, siempre necesitamos dirección. Si estas liderando, con mayor razón busca… Ningún evangelista es tan experimentado como Cristo, ningún anciano, ningún maestro, a lo sumo como dice Jesús llegaremos a ser como el maestro, pero nunca más que Él…

El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro. Lucas 6:40

Siempre debemos ser aprendices…

Nos vemos pronto

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  1. https://www.amazon.com/-/es/George-Barna/dp/159185444X

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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