Devocional

Todo es de Dios

En realidad nada nos pertenece. Todo es de Dios.

¡Tuyos son, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el dominio y la majestad! Porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo. Tuyo es también el reino, pues tú, Señor, eres superior a todos. (1 Crónicas 29:11).

En un momento de gran alegría para el rey David y el pueblo, entregaron una ofrenda a Dios para la construcción de su templo. Pero cuando lo estaban alabando, David se dio cuenta de que todo pertenece a Dios. Lo que él y todos los demás estaban haciendo, era simplemente regresar parte de lo que Dios les había entregado. o lo que Dios les había permitido tener.

Una cosa importante al reconocer que todo es de Dios y que nos da lo que él quiere darnos, es que ya no tenemos la necesidad de pelear con nosotros mismos debido a lo que otros tienen. Esto es vital para ser agradecidos y generosos. Dios nos ha dado lo que él sabe que es lo que necesitamos.

Muchas veces podemos reclamar a Dios por cosas que no tenemos o no podemos tener, al comparar lo que otras personas llegan a conseguir. Sin embargo, David llegó a reconocer que todo es de Dios. Y Él nos da lo necesario. Recuerda esa escritura en 2 Pedro 1:3-4 «Dios, por su poder, nos ha concedido todo lo que necesitamos para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas.» (DHH). En realidad tenemos todo lo que necesitamos hoy para vivir como Dios quiere. Si pensamos en lo que nos falta recibir y en cuanto necesitamos esforzarnos para conseguirlo, podemos llegar a perder el enfoque correcto que David comprendió. Todo es de Dios. Nada nos pertenece. Una vez que podemos entender esta verdad, necesitamos empezar a reflexionar en algunas cosas:

  1. Dios es dueño de todo. Él ha decidido compartir una parte de lo suyo con nosotros. Esa parte, es suficiente para que viva cada día conforme a su voluntad. (2 Pedro 1:3-4). Si necesito algo más, Dios lo proveerá. (Salmo 23:1-2; Hechos 17:25). Por esta razón, debo confiar en Dios y poner mis necesidades en sus manos. (Filipenses 4:6-7).
  2. ¿Cuan agradecido estoy con lo que Dios me ha concedido? Muchas veces por estar pensando en recibir más, no alcanzamos a ver todo lo que ya hemos recibido. El problema con esto, es que podemos olvidar ser agradecidos con lo que Él nos ha regalado. (Lucas 17:17-19). La gratitud es clave para nuestro corazón. Ser agradecidos mueve nuestro corazón a reconocer cada día la bondad y gracia de nuestro Señor. La gratitud nos hace sensibles a la necesidad de otros y nos muestra que tenemos mucho más de lo que el resto del mundo tiene.
  3. ¿En qué estoy invirtiendo lo que Dios me ha dado? David reconoció que todo era de Dios. Cuando reconocemos que lo que tenemos no nos pertenece, pero que debemos invertirlo en algo que agrada a Dios. Entonces vamos a tomar tiempo para pensar y decidir invertir lo que Él nos ha entregado en cosas que le agraden y le engrandezcan delante de los demás. (Mateo 25:14-30).
  4. ¿Qué fruto está dando lo que invierto? No se trata de dar solamente, sino que de asegurarnos que está dando el fruto correcto. Un fruto correcto engrandece a Dios y a su reino. (Juan 15:16… Un fruto que perdure).

Cuando reconozco que todo es de Dios, reconozco que mis planes y sueños también le pertenecen.

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