Sermones

3 Mensajes que cambiarán tu vida. Mateo 4:23-25

02 de mayo de 2021
Mateo 4:23-25
#632

Esta mañana quisiera pedirles que abramos nuestras Biblias en Mateo 4:23-25.

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre la gente. 24 Su fama se extendió por toda Siria, y le llevaban todos los que padecían de diversas enfermedades, los que sufrían de dolores graves, los endemoniados, los epilépticos y los paralíticos, y él los sanaba. 25 Lo seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la región al otro lado del Jordán.

Si nos fijamos en este pasaje, Mateo está destacando ampliamente el ministerio de sanidades del Señor. Prácticamente la fama de Jesús se expandió por toda la región debido a su ministerio de sanidades. Es más, las sanidades o curaciones milagrosas que realizó Jesús permitieron que su ministerio mesiánico fuera destacado por todas las personas. Los evangelios en general dan enfoque a dos áreas en la vida ministerial de Jesús, primero, sus palabras y en segundo lugar, sus obras. Juan nos dice en su evangelio, “Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro.” (Juan 20:30).

Mateo nos habla de ambas en este pasaje, por ejemplo él nos dice que Jesús enseñaba y predicaba. Estas son dos referencias a su mensaje o mejor dicho, al ministerio de la palabra (Ver también Hechos 6:2), y agrega también que “sanaba toda enfermedad y dolencia entre la gente”, esta era su obra. Claro que también alimento a las personas, pero principalmente su obra se enfocó en la sanidad de la gente. Sanidad espiritual, emocional y física en todas las personas. La palabra todas es importante, porque nos habla de algo completo, no de algo parcial. Jesús sanaba toda enfermedad, todo tipo de enfermedad y dolencia.

El mismo Jesús declara en Mateo 9, hablando con los fariseos que siempre le criticaban “no son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Así mismo el evangelio de Lucas nos da a conocer la misión de Jesús en la tierra.
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, 19a pregonar el año del favor del Señor» (Lucas 4:18-19)

El ministerio de sanidades era central en la tarea de Jesús. Curiosamente este ministerio, no se compara en nada a los que hoy en día existen. Jesús tenía la capacidad o el poder para sanar a las personas de todo lo que tenían, Mateo nos dice en este mismo pasaje, como Jesús podía sanar a los endemoniados, a los epilépticos, a los paralíticos. También vemos en los evangelios como podía devolver la vista a los ciegos, regresar a los muertos a la vida, quitar la lepra de los enfermos. No se parece en nada a las sanidades que hoy en día podemos ver por la televisión. Un hombre que pone sus manos sobre alguien y parece ejercer una fuerza tremenda en las personas al punto de tirarlas al suelo. A otros los hacen temblar y caer, a otros los hacen llorar, etc. Pero cuando Jesús sanaba, simplemente las personas eran tocadas por él, o le tocaban a él y sanaban aun cuando estuvieran muy lejos de su presencia. El poder de Jesús para sanar no es como el de sus imitadores de hoy en día, que más bien parecen apostar a que algo ocurrirá en la vida de las personas. No vemos a Jesús usando su fama de sanador para llenar su iglesia de más gente, o para tener más dinero y así poder comprar más casas o autos.

Jesús escapó de la fama. Marcos 1:38 nos dice que después de haberse levantado muy temprano para orar y de que los discípulos le buscaban para que regresara al lugar donde había estado predicando y sanando, Él les dijo: ”—Vámonos de aquí a otras aldeas cercanas donde también pueda predicar; para esto he venido., así mismo cuando la gente lo quería declarar rey “Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo.” (Juan 6:15). Jesús no quería la fama, porque si él hubiera rendido su corazón a esto, Dios no habría sido glorificado. Jesús amaba hacer la obra de Dios y esta incluía enseñar, predicar y sanar.

Entonces podemos ver que las sanidades eran el resultado de la enseñanza y predicación del Señor y eran en sí mismas las tareas que el Mesías haría entre las personas.

Un detalle más, antes de entrar de lleno a nuestro texto. Hay algunas etapas que podemos ver antes de que Jesús iniciara su ministerio público en la región. Si nos damos cuenta, la clave que inicia todo este movimiento tremendo en la vida de Jesús, se encuentra en el versículo 12 del mismo capítulo. Mateo nos dice que: “Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea.” Jesús después de haber sido bautizado, espero el momento oportuno para regresar a Galilea y dar inicio a su ministerio en la región. No fue de improviso que Jesús decidió iniciar su trabajo ministerial, al contrario, ya lo vimos pasar un periodo de tiempo en el desierto, ayunando, orando y buscando estar con Dios para prepararse. Hablamos hace unas semanas de esta preparación y de lo que implicó para Jesús, y que de cierta manera implica para nosotros. Pero ahora vemos al Señor, iniciando su ministerio en el momento oportuno. Pero también podemos ver que no lo inicio en cualquier lugar, sino que lo hizo en el lugar señalado. Mateo 4:13  nos dice que dejo Nazaret y se fue a vivir en Capernaum. Jesús dejó la tierra que lo vio crecer durante 30 años y se mudó a un lugar diferente, “para cumplir con lo que el profeta Isaías había dicho: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; 16 el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido»  (Mateo 4:14-16).

Esto es importante porque Mateo nos da a conocer que Jesús estaba siguiendo una agenda que contemplaba algunas situaciones significativas. Vemos que Jesús inició en el momento oportuno, en el lugar señalado, y con el mensaje adecuado. Mateo 4:17 nos dice que: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca”. Juan había predicado lo mismo (Mateo 3:2), pero como sabemos, Juan había sido encarcelado, por lo que su ministerio ya estaba descendiendo. El mismo lo dice cuando sus discípulos le preguntan acerca de porque Jesús estaba bautizando igual que como lo hacia él. “A él le toca crecer, y a mí menguar.” (Juan 3:30). Entonces estamos en presencia de un traspaso ministerial. Juan cumplió con su tarea, y ahora le tocaba el turno a Jesús. El mensaje de Jesús era el indicado debido a que el reino de los cielos estaba cerca y la gente debía arrepentirse para poder entrar en él. Jesús no cambio el sentido del mensaje. El propósito era cambiar para entrar en una relación correcta con Dios. Jesús podría haber empezado su ministerio predicando acerca de muchas cosas. Podría haber predicado sobre la salvación, sobre la iglesia, sobre el cielo. Pero no lo hizo así, cada paso que dio estaba de acuerdo con un plan ministerial definido por Dios. Y Jesús lo siguió al pie de la letra. Entonces vemos que antes de iniciar su ministerio, Jesús lo hizo en el momento oportuno, en el lugar señalado, con el mensaje adecuado y con las personas correctas. Mateo 4:18-22 nos muestra como Jesús no tuvo un ministerio solitario. No era un predicador sin compañía. Él se asoció rápidamente con los hombres que entrenaría para que le ayudaran en su trabajo. Jesús los seleccionó y los entrenó para que llegado el momento, él pudiera partir y ellos continuar la obra. Ahora al llegar al versículo 23 podemos darnos cuenta de la última parte del plan. Jesús uso el plan correcto.

MacArthur nos dice que “Jesús tenía un plan claro y explícito. El plan era este: con palabras y obras establecería Su divinidad. Por qué las cosas que hizo y las cosas que dijo, manifestaría quién era realmente.  ¿Y sabes qué?  La gente quedo impresionada por estas dos cosas.[1]” (Mateo 7:28-29; Juan 7:46)

Ahora volviendo completamente a nuestro texto de esta mañana, quiero exponer tres mensajes que pueden cambiar tu vida. Primero hablando a nosotros los ministros, luego a la iglesia y por último a todos los que no tienen al Señor en sus vidas.

NUESTRO PRIMER MENSAJE está en el versículo 23. Jesús recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino…

Este mensaje tiene que ver con todos nosotros, pero especialmente con quienes tenemos el llamado de Dios a predicar su palabra. La tarea central del ministro, es predicar la palabra. Hoy en día existe una gran necesidad de que los ministros, pastores de grupos, líderes espirituales, se dediquen a la predicación y enseñanza de la Biblia. Hay demasiada negligencia en cuanto a este asunto. Abundan los mensajes superficiales, abundan los predicadores que no enseñan la verdad de Dios y esto va en contra del bienestar de la gente. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado estudiando la Biblia con alguna persona que nos dice que nunca había entendido la Biblia? anoche conversaba con una hermana que me decía que está estudiando con algunas personas que nunca habían entendido lo que leían. Hoy en día, hay iglesias que no enseñan la Biblia, sino que ideas personales, mensajes direccionados a lo que la gente quiere escuchar, pero no necesariamente lo que la gente necesita escuchar. El ministerio de la palabra es algo que los pastores y líderes en general, no podemos ni debemos ver con superficialidad. ¿Por qué?, porque nuestra negligencia al estudiar las escrituras y dar a conocer el mensaje de Dios a las personas cuesta la vida de la gente. Jesús se dedicaba a enseñar y a predicar, producto de esto, las personas también eran sanadas. Recordemos hermanos que la Palabra tiene vida y poder. Y cuando es predicada es capaz de revitalizar al cansado, dar vista a los ciegos, levantar a los muertos, liberar a los endemoniados, dar vida a los huesos secos.

Hermano, si Dios le ha llamado a predicar, no espere un turno en la iglesia, no espere el momento de fama delante de la gente. Busque su audiencia, ore a Dios pidiendo el lugar, pídale al Señor dirección para saber dónde tiene que predicar y enseñar la Palabra. Pero no se quede callado. Si Dios ha puesto un don en usted, si Dios le ha entregado un mensaje para entregar a otros, no necesita esperar su turno en la iglesia. El mundo es su audiencia. Su casa es su pulpito. La universidad es su mundo, la sala virtual de su colegio es su púlpito. Necesitamos enseñar y predicar mucho más la Biblia.  Por otro lado, nos haría muy bien dejar nuestra comodidad y empezar a movernos de acá para allá en búsqueda de las personas que necesitan escuchar. Hay hermanos que se pasan la vida en el mismo sitio, no se atreven a salir, a moverse de ciudad, mucho menos a cambiar de país para ir y predicar el evangelio a las personas. Jesús recorría todos los lugares enseñando y predicando. ¿Cuántas veces se ha levantado de su silla y ha buscado predicar el mensaje en otros lugares? Spurgeon menciona que nos haría bien dejar de esperar y levantarnos “salir de las trincheras y luchar contra los enemigos. Si queremos ganar almas para Dios, debemos buscarlas y no esperar a que vengan por nosotros.

Muchas veces doy gracias a Dios por esta pandemia, que nos ha enseñado que no necesitamos un lugar físico para reunirnos, sino que simplemente necesitamos abrir nuestra boca y enseñar la palabra de Dios.

Es tiempo hermanos, de abandonar la crítica en contra de la corrupción, en contra del feminicidio, de los horrores que estamos viendo ocurrir en nuestra sociedad y empezar a enseñar lo que la Biblia dice. Los políticos necesitan escuchar el mensaje de Dios para ser cambiados, las autoridades en general, necesitan escuchar la verdad de DIOS ´para ser cambiados, los abogados, los policías, los seguidores de algún partido, los pastores, las iglesias, todos necesitan escuchar la palabra para que sus mentes puedan razonar espiritualmente y no humanamente. Ayer mismo en un tiempo con un hermano pudimos darnos cuenta de cómo muchas veces nos dejamos llevar por nuestros pensamientos y no por los de Dios. Las emociones no deben mover a un cristiano, las convicciones sí. Y estas se adquieren de la palabra de Dios. Necesitamos predicar y enseñar mucho más. Que esta semana no pase sin que busquemos esa audiencia, ese lugar para predicar y enseñar a los demás.

Nuestro segundo mensaje proviene del versículo 24. Su fama se extendió por toda Siria, y le llevaban todos los que padecían de diversas enfermedades, los que sufrían de dolores graves, los endemoniados, los epilépticos y los paralíticos, y él los sanaba.

NUESTRO SEGUNDO MENSAJE de hoy tiene que ver con nosotros en general, con la iglesia. v.24. le llevaban todos los que padecían de diversas enfermedades…

Si nos enfocamos en esta parte del pasaje, Mateo nos dice que la gente estaba llevando a los enfermos a los pies de Cristo para ser sanados. ¿Quiénes eran estas personas?, ¿por qué estaban llevando a los enfermos a Cristo?

Estas personas eran creyentes, personas que creían que Jesús tenía poder para sanar a sus enfermos. Probablemente muchos de ellos habían sido sanados también por el Señor y ahora estaban trayendo más y más enfermos para que él los sanara y les devolviera lo que habían perdido. Hermanos estas personas somos nosotros, los cristianos que hemos experimentado el poder de Cristo en nuestras vidas, que hemos visto como nuestros matrimonios rotos han sido restaurados, que hemos experimentado el poder del perdón de Dios por nuestros pecados. Nosotros, que antes éramos ciegos y ahora vemos, somos la luz en lo alto de una colina que no puede esconderse sino que debe iluminar a todos los demás para que glorifiquen a Dios.

¿Podemos decir que estamos haciendo demasiado por la gente que hoy está enferma, cansada, agobiada, que tiene su vida hecha pedazos? Nuestro trabajo hermanos, es ir y hacer discípulos de Cristo.

Si cada día pasáramos más tiempo enfocados en hacer nuestro trabajo, en buscar y traer a los perdidos a los pies del Señor, tendríamos mucho menos tiempo para estar criticando a los demás, o hablando mal de las personas. Tendríamos menos tiempo para estar enfocados en nosotros y en lo que pensamos que necesitamos y pasaríamos más tiempo mirando la maldad que hay en el mundo buscando remediar lo que está ocurriendo.

Nosotros somos los que debemos buscar a los enfermos, a los endemoniados, a los paralíticos, a todos los enfermos y traerlos al Señor para que él los sane. Los cristianos cometemos el grave error de pensar más en nosotros que en los demás. Una vez que nos bautizamos y vemos que nuestras vidas van cambiando, poco a poco dejamos de interesarnos en los perdidos para preocuparnos de buscar más comida para nosotros mismos. Estamos convencidos que si un matrimonio se enfoca en dar para otras personas, tendrán menos problemas en su relación, porque abandonaran el egoísmo y centralismo que muchas veces ocupa una posición elevada en nuestras relaciones de pareja. Estamos convencidos que si los solteros se enfocaran mucho más en la obra de Dios y no tanto en sus necesidades personales, estarían mucho más felices y tendrían menos tiempo para pensar en andar pecando por aquí o por allá.

Estamos seguros que si la iglesia dejara de preocuparse por lo que no tiene y empezara a dar de lo que le abunda, en poco tiempo podríamos ver miles de personas nuevas entrando y saliendo de las aguas del bautismo, sanados y salvados por la mano de Dios.

Recordemos hermanos, que todos nosotros, sin excepción, somos el resultado de la fe de alguien más. Alguien que oro por nosotros, que nos amó, que nos insistió y que algunas veces hasta nos obligó a venir a la iglesia para que escucháramos el mensaje.

No debemos dejar de orar por las personas, de luchar por las personas, de traer a los enfermos. Hoy más que antes, tenemos la posibilidad de invitar a la gente a la iglesia. Porque la iglesia puede ser en nuestra casa, en nuestra sala, en nuestro patio, en nuestro auto. No hay muros de contención para el mensaje, no hay paredes que puedan separar el poder del mensaje de Dios que busca sanar a todos los que están enfermos.

Está enfermo alguien en su casa, ore, esta su matrimonio roto, ore. Están sus hijos en la droga, ore. Y búsquenos en cualquier caso para que podamos ayudarle y enseñarle el camino para ser sanado.

NUESTRO TERCER MENSAJE se encuentra en el versículo 25 que nos dice: Lo seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la región al otro lado del Jordán.

Este mis queridos hermanos y amigos es una muestra del reino de Dios.  El reino de Dios no se compone de un solo grupo de persona, o de una clase específica. Al contrario, el reino de Dios somos todos los que por gracia Dios ha perdonado y salvado. Entonces lo que Mateo nos muestra en este versículo es un mensaje para todos lo que hoy en día se encuentran en sus casas, en los hospitales, en las cárceles, y que no pueden o no saben cómo encontrar el perdón, la salud del alma, la salvación. Jesús lo es. Seguir a Jesús implica tener la salud, la salvación, la esperanza. Hoy más que nunca y sabiendo que estamos cada día más cerca de ese día señalado por Dios para nuestro rescate, debemos seguir a Jesús. Debemos ir tras de Él, sin cansarnos, sin desanimarnos, siendo fuertes y firmes esperando que Dios nos conduzca al lugar elegido para nuestro descanso eterno.

Hay médicos que tienen una especialidad y pueden sanar o ayudarnos en un área específica. Hay médicos para los pies, para los huesos, para el cáncer, para muchas cosas. Sin embargo Jesús es el médico por excelencia, él puede sanar a todos de todo, especialmente del pecado.

¿Estas poseído por la lujuria?, él puede sanarte y enfriar tu deseo pecaminoso. ¿Sufres a causa de la borrachera o de las drogas?, él puede curarte de tu adicción. ¿Estás ciego, sordo o mudo espiritualmente? Él puede eliminar todo esto de tu vida. ¿Sufres por falta de perdón? él te lo puede dar. ¿Tienes pensamientos suicidas? Él puede cambiar tu mente y llenarte de esperanza. ¿Cargas con la culpa, el resentimiento, el odio?, ¿tienes deseos de venganza, sufres por el abuso que alguien cometió en tu contra? Él puede sanarte y llenarte de paz.

Pero debes venir a él. Debes entregarte al Señor. Debes orar con fervor y pasión buscando quebrantar tu corazón. Dios no desprecia un corazón quebrantado. Luego necesitas arrepentirte de tus faltas y bautizarte para perdón de tus pecados.

No lo detengas más, el perdón de Dios aún está vigente. Su misericordia continua avanzando aun cuando parece haber más maldad en el mundo y a tu alrededor, Dios sigue esperando por ti para salvarte y darte lo que tanto anhelas encontrar.

No lo detengas mi estimado amigo, busca a Dios y arrepiéntete de tus pecados, luego bautízate y deja a Dios trabajar en tu alma como si estuviera recién nacida.

Recordemos que no debemos dejar de predicar y enseñar. Así que prepárate, puede que hoy o mañana Dios abra el camino para que tu pulpito sea revelado. Pero búscalo, no esperes la señal. Prepárate ahora y sal a buscar tu audiencia. Toma tiempo para orar y no dejes para mañana el mensaje que puedes predicar hoy.

Querida iglesia, no dejemos de buscar y traer a los enfermos a los pies de Dios, él quiere sanarlos y muchos dependen de nosotros para morir en los brazos de Cristo, no nos cansemos, no nos desanimemos, no pongamos excusas al Señor. Salgamos de nuestras trincheras y luchemos contra los enemigos de Dios para que las almas de las personas enfermas puedan ser sanadas.

Por último, mí querido amigo y amiga, que hoy escucha este mensaje. No deje para mañana lo que puede hacer hoy. No detenga su salvación. Aparte la voz del mundo de su oído y busque a Dios, arrepiéntase de sus pecados y bautícese para el perdón de ellos. Si no sabe cómo hacer todo esto, llámenos, búsquenos en la página de Facebook, hable con la persona que le invitó para que le acompañemos en el camino.

Dios le bendiga


[1] Tomado de https://www.gty.org/library/sermons-library/2196/the-healing-work-of-jesus

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