Sermones

Benditos los compasivos. Mateo 5:7

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Mateo 5: 7
21 de ago. de 21
#639

Esta mañana quisiera retomar nuestro estudio del Sermón del Monte y en especial de las Bienaventuranzas. Para no perder de vista lo que Jesús está haciendo, leamos capítulo 5 versículo 1-2. “Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 2 y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:”

El sermón del monte y estas bienaventuranzas están directamente ligadas a los discípulos de Jesús. Es a ellos y no a todos los que estaban en ese lugar a quienes estaban destinadas. El mundo no puede ser luz para sí mismo. Los discípulos son la luz que el mundo necesita. La iglesia es la luz que el mundo necesita y nosotros los cristianos somos lo receptores directos de estas bienaventuranzas.

William Barclay nos dice en su comentario al evangelio de Mateo que  este sermón ha sido llamado «El sermón de ordenación de los Doce.» De la misma manera que hay que presentarle su tarea a un joven pastor que está a punto de encargarse de su primer trabajo; así Jesús les dirigió a los Doce este sermón de ordenación antes de que salieran a realizar su labor. …Todos están de acuerdo en que en el Sermón del Monte tenemos la esencia de la enseñanza de Jesús al círculo más íntimo de Sus seguidores.[1]

En este sermón encontramos lo que define a un discípulo. Este sermón marca el inicio y la continuidad de la relación que cada cristiano puede tener con Dios y con su hijo. Como escribió Martyn Lloyd-Jones hace muchos años, «Un cristiano es alguien antes de hacer cualquier cosa». [2]Todo comienza con quienes somos. El llamado que Jesús nos hace es un llamado al corazón. Un llamado a nuestro interior.

Porque esto es lo que efectivamente nos muestra como personas diferentes. Lo que la gente ve por fuera, no siempre refleja lo que llevamos por dentro. Sin embargo, el llamado de Jesús es a mostrar lo que tenemos dentro para impactar a los demás con su contenido. No es la caja lo que importa, sino lo que ésta contiene.

Y este contenido se ve afectado debido a la decisión que tomamos de seguir al Señor, y que empieza con un evento trascendental en la vida de cada persona que se acerca a Él y quiere agradarle. La vida cristiana y su relación con Dios solamente toma forma cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y reconocemos nuestra necesidad de Dios. Sin arrepentimiento no hay perdón, ni salvación, ni mucho menos una relación correcta con Dios.

Ezequiel 18:30 refiriendose al pueblo de Dios en el A.T. nos dice:

Por tanto, a cada uno de ustedes, los israelitas, los juzgaré según su conducta. Lo afirma el Señor omnipotente. Arrepiéntanse y apártense de todas sus maldades, para que el pecado no les acarree la ruina.

El pecado afecta nuestro interior, afecta el contenido de la caja. Y Dios demanda nuestro arrepentimiento para poder relacionarse con nosotros y purificar lo que llevamos por dentro. Así que el llamado que antecede al cumplimiento de las bienaventuranzas en nosotros es el arrepentimiento.

Otro de los llamados que recibimos en el sermón del monte es el llamado a la perfección. La perfección le sigue al arrepentimiento, ya que por medio de este solamente el corazón del hombre puede ser quebrantado y transformado a la imagen del Señor. Pero esta perfección no se relaciona con la perfección mundana o basada en las reglas del mundo, sino que a la perfección espiritual, una perfección que sobrepasa el pensamiento humano y que se relaciona directamente con el pensamiento de Dios hacia nosotros. Y más específicamente con el carácter de Cristo desarrollándose en nosotros.

El sermón del monte es un llamado a ser como Dios, a imitar la forma en que Dios hace las cosas, en que Él piensa y reacciona ante las circunstancias, ante las personas y sus acciones. El sermón del Monte no es un llamado a la conversión, es un llamado a los convertidos a vivir cada día haciendo notar la diferencia que existe entre uno hijo de Dios y alguien que no lo es. Dos pasajes que nos ayudan a clarificar este concepto son:

Mateo 5:48 y 6:8 que nos dicen: “Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.” Y “No sean como ellos”

Jesús está haciendo notar a sus discípulos que hay una diferencia entre las personas que se han comprometido con Dios y las que no lo han hecho. Que hay una diferencia entre las personas religiosas y superficiales que hablan de Dios, pero que no viven lo que Él dice. Que hay una diferencia entre ellos y nosotros que no somos los que miramos desde la multitud, sino que miramos de frente al Señor y escuchamos lo que nos dice para ponerlo en práctica.

El llamado a ser perfectos como Dios lo es y diferentes a los demás como Dios lo es, es tremendamente claro y determinante en las escrituras. Y es vital para nosotros los cristianos. Es vital por la simple razón de que si no tenemos esta convicción en mente, alma y corazón,  fácilmente podemos dejarnos llevar por la corriente del mundo que nos atrae de una manera terrible. (Considerar Hebreos 2:2).

Las bienaventuranzas reflejan un estilo de vida completamente opuesto al del mundo. La estética, la figura externa, la apariencia de perfección física que la sociedad demanda de las personas es una ruta que muchos cristianos pueden llegar a tomar, descuidando lo que es más importante y que no se ve a simple vista. Por esta razón Romanos 12:2 nos llama a recordar nuevamente que no debemos dejar que el mundo y su llamado nos abrace. Al contrario debemos mirar al mundo desde los ojos del arrepentimiento y la compasión de Dios. Para mostrar compasión y no ser absorbidos por él.

Queridos hermanos, es importante considerar que vivimos en medio de una cultura dominada por la imagen. Que tiene sed de acondicionamiento superficial, que busca en lo externo lo que no puede suplir con lo interno. Estamos en medio de una sociedad gastada, abusada y carente de profundidad. Estamos constantemente lidiando con relaciones sin raíces, sin bases, formadas única y exclusivamente por el interés de suplir necesidades personales, pero que no satisfacen el alma. Las redes sociales nos inundan con fotografías en que las personas posan como si lo hicieran para una revista de modas. Todo esto va en contra del llamado que Dios nos hace y que al mismo tiempo Jesús exige de nosotros. Los cristianos somos personas diferentes, con intereses distintos, con motivaciones diferentes, con estándares muchos más elevados que los de la gente común y corriente. Si alguien no está dispuesto a vivir bajo las normas de Dios, entonces no es un cristiano y no debería jactarse de tener una relación con Él, porque en vez de glorificarlo le avergüenza con su conducta. Haríamos muy bien en trabajar para convertir a algunos cristianos en cristianos verdaderos y no dejar que continúen con sus vidas basadas en emociones pasajeras o en ondulaciones que los zarandean de un lugar a otro.

El sermón del monte es un llamado a las personas diferentes a continuar destacando estas diferencias entre los demás. A mostrar la cara de Dios a la gente. La misericordia, la compasión, la rectitud, la justicia… a las personas que tanto la necesitan. Si la iglesia en general tomara atención verdadera de lo que dice este sermón del monte, se convertiría realmente en la sociedad alternativa y esperanzadora que este mundo tanto necesita. El peligro radica en que nuestra manera de interpretar las escrituras nos lleve a desarrollar una teología incorrecta y determinada por nuestras propias opiniones, llevándonos a ser algo más de lo mismo que hoy en día se ofrece en el mercado religioso.

Mateo 5:6 nos dice lo siguiente: Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.

En esta bienaventuranza nos encontramos con una idea central que recorre todo el pensamiento del Nuevo Testamento y que tiene que ver con la compasión hacia los demás. Ahora, esta compasión se nos muestra claramente al perdonar a otros. Perdonen para ser perdonados. Santiago nos dice en su carta “porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión…” (Santiago 2:13). Jesús también nos dice en Mateo 18:35, “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano».” Mateo 6:12,14 nos enseñan que: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.14 »Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.LA IDEA CENTRAL Y CLAVE EN ESTOS PASAJES, ES QUE HABRÁ MISERICORDIA, COMPASIÓN PARA EL QUE SEA MISERICORDIOSO, COMPASIVO.

Pero hay mucho más que eso en esta bienaventuranza, la fuente o la raíz de esta palabra se encuentra en el hebreo del Antiguo Testamento. Debemos recordar que todo el Nuevo Testamento está íntimamente ligado al Antiguo. Los conceptos, las ideas y todo lo que podemos notar en nuestro texto tiene una raíz antigua que ha sido llevada a nuestra lengua después de haberla traducido al griego. Entonces nos encontramos con un significado tremendo.

William Barclay, experto en el idioma Griego de la Biblia nos dice que “La palabra hebrea para misericordia es jésed; y es una palabra intraducible. No quiere decir simplemente simpatizar con una persona en el sentido popular de esta palabra; no quiere decir sólo darle a uno lástima de otro que lo pasa mal. Jésed, misericordia, quiere decir la capacidad de ponerse uno totalmente en el lugar de otro de manera que ve con sus ojos, piensa con su mente y siente con sus sentimientos. Está claro que esto es mucho más que una oleada emocional de lástima; exige un esfuerzo deliberado de la mente y de la voluntad. Denota una simpatía que no se da, por así decirlo, desde fuera, sino que viene de una deliberada identificación con la otra persona hasta el punto de ver y sentir como ella. Esto es lo que quiere decir literalmente la palabra simpatía. Simpatía se deriva de dos palabras griegas -syn, que quiere decir juntamente con, y pasjein, que quiere decir experimentar o sufrir-. Simpatía quiere decir etimológicamente experimentar las cosas juntamente con otra persona, pasar literalmente lo que está pasando.[3]

Esto es lo que nuestro Señor sintió al mirar a las multitudes que le seguían en búsqueda de algo.

Él les dice a sus discípulos en Marcos 8:2 “Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer.”

Literalmente Jesús estaba sintiendo la angustia que la gente sentía. Estaba conectado con la preocupación que ellos tenían al no saber si podrían conseguir comida para ese día. Y esta compasión le movió a darles lo que necesitaban.

Si nosotros pudiéramos experimentar este tipo de compasión, podríamos evidenciar algunas cosas muy importantes. Como por ejemplo:

  1. Atenderíamos a las personas según lo que necesitan y no según lo que queremos darles. La mayoría de las veces nos ocurre que cuando alguien nos pide pan, terminamos dándole otra cosa. Y esto es así, porque no estamos mirando desde los ojos de los demás, sino que desde los nuestros. Y con esto anulamos lo que las personas requieren. “Yo solo necesitaba un abrazo, pero recibí una corrección.”, Me reprendió cuando lo púnico que quería era que me escuchara”.
  2. Seríamos mucho más tolerantes y perdonadores con los demás debido a que comprenderíamos lo que les ocurre. Lo que les afecta, los enoja. Cuando Jesús estaba en la cruz y los soldados se jugaban su ropa, él le pidió a Dios que los perdonara porque no sabían lo que hacían. Si en vez de juzgar y separarnos rápidamente de las personas que nos hieren o afectan de alguna manera, solamente pudiéramos intentar comprender lo que les está ocurriendo, lo que están pensando o la manera en qu ese están sintiendo, probablemente perdonar a los demás sería un atarea mucho más sencilla.
  3. Nos interesaríamos completamente en lo que las personas están viviendo y no asumiríamos lo que les está ocurriendo. Al final, esto es lo que Jesús hizo, él no vino a pasar tiempo con nosotros, él vino a sentir lo que sentimos, sufrir lo que sufrimos. Por eso se hizo como las personas para ser en todo como ellas y así no evaluar a la gente por su apariencia, sino que por su motivación.

Ahora, es importante pensar en esto, porque es muy difícil que una persona común y corriente pueda sentir o incluso desee sentir lo que esta palabra nos enseña. Y esto es así, debido a que la compasión o misericordia que Dios demanda en las escrituras no tiene su raíz en el corazón del hombre, sino que en el corazón de Dios. Es Dios el compasivo, es Dios el perdonador. Y por esta razón es que las bienaventuranzas reflejan el corazón, la actitud del cristiano. Es necesario tener una relación con Dios para que el Espíritu Santo desarrolle en nosotros este tipo de compasión.

Hermanos, fuimos llamados a ser distintos, a no ser como los demás, a no seguir los parámetros del mundo, a oponernos al régimen oscuro del maligno y a dar a conocer las obras maravillosas de aquel que nos sacó de las tinieblas para llevarnos a su luz maravillosa.

Hemos sido llamados por Dios a ser generosos entre las personas materialistas, a ser profundos en nuestros pensamientos entre personas superficiales y egoístas. A ser respetuosos de la justicia entre personas corruptas y engañadoras que asolan a la sociedad. El sermón del monte, no es para todos, sino que solo para algunos pocos que han tomado la decisión de terminar su relación con el mundo y se han comprometido con Dios para siempre.

  • ¿En qué lugar de la ecuación te encuentras hoy?
  • ¿Estás en el lado de la superficialidad y la apariencia en que la multitud se encuentra o eres de los pocos seguidores del Señor que no transan sus convicciones a pesar de lo fuerte que es la corriente?
  • ¿Estas mirando desde una ventana a los cristianos o eres un cristiano que vive en carne propia las bendiciones de Dios?

Oración


[1] Comentario al Nuevo Testamento. Evangelio de Mateo.

[2] https://www.gty.org/library/sermons-library/90-193/the-only-way-to-happiness-be-merciful

[3] Comentario al Nuevo Testamento. Evangelio de Mateo.

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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