Sermones

¿Cómo deberíamos reaccionar ante la negativa de Dios?

#670

El sermón de esta mañana tiene que ver con nuestra respuesta a las negativas de Dios, pero también a la manera en que vamos a ÉL en oración. La oración no se trata de la forma en que lo hacemos, sino que del fondo, es decir, de la actitud que tenemos al ir a Dios. Esta mañana necesitamos considerar lo que hablemos y decidir cambiar nuestra manera de relacionarnos con Él.

La semana pasada estuvimos hablando acerca de lo difícil que es recibir un no por respuesta y especialmente cuando estas respuestas vienen de Dios. Sin embargo, establecimos algunos principios que son de mucha ayuda para nosotros los cristianos.

Concluimos lo siguiente:

Las respuestas negativas de Dios nos ayudan a crecer en nuestro carácter, Dios está más enfocado en que desarrollemos el carácter de Cristo en nosotros que en nuestra felicidad en este mundo.  Además de esto, también concluimos que sus respuestas No, estableces límites para nuestra seguridad y responden a un interés superior de Dios por nuestras vidas. Un interés no egoísta, sino que totalmente enfocado en lo que es mejor para nosotros. Recordemos que Dios es nuestro padre y Él a diferencia de nosotros, conoce el panorama completo al que nos enfrentamos y trabaja para que nuestro futuro sea el mejor. Y agregamos que la motivación de Dios para todo esto, era su amor por nosotros. Dios está totalmente comprometido con nuestro futuro y hace todo para que podamos estar bien para cuando llegue el momento.

Esta mañana vamos a continuar con un punto que dejamos pendiente en nuestro sermón pasado y tiene que ver con la respuesta que deberíamos dar a las negativas de Dios hacia nosotros.

El mejor ejemplo que podemos ver en las escrituras acerca de cómo hacer esto lo vemos en Jesús. Jesús es el mayor ejemplo de rendición a Dios en momentos difíciles.

Miremos los últimos momentos de Jesús en la tierra.

Jesús salió de la ciudad y, como de costumbre, se dirigió al monte de los Olivos, y sus discípulos lo siguieron. 40 Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación». 41 Entonces se separó de ellos a una buena distancia,[a] se arrodilló y empezó a orar: 42 «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo;[b] pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya». 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. 44 Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra.[c] 45 Cuando terminó de orar y volvió a los discípulos, los encontró dormidos, agotados por la tristeza. 46 «¿Por qué están durmiendo? —les exhortó—. Levántense y oren para que no caigan en tentación». (Lucas 22:39-46)

Satanás usa las negativas de Dios para distraernos de su plan… recordemos que nuestro enemigo es un mentiroso, un engañador y siempre va a querer distraer nuestra mirada de Jesús, de Dios. Por eso es que necesitamos orar para estar en línea con Dios. Para hacer la voluntad de Dios.

Hay algunas cosas que pasaban por Jesús y que necesitamos recordar y aprender para poner en práctica también nosotros.

Jesús oro a Dios pidiéndole algo importante. El hijo le pedía al padre que si quería no le hiciera pasar por esa prueba tan difícil, pero que no se cumpliera su voluntad, sino que la suya. Usa la palabra cumplir (se refiere a lo que Dios había establecido acerca del mesías. (Isaías 53, Salmo 22). Jesús le estaba pidiendo a Dios que cambiara su plan, pero que no se hiciera lo que el pedía, sino que lo que Dios decidiera.

Jesús confiaba en Dios, era vulnerable y estaba seguro de que era escuchado.

Hebreos nos dice que “En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y, consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen” Hebreos 5:7-9

¿Cómo es para nosotros?

Podemos decir que al momento de ir a Dios con alguna petición en cuanto a cambiar su voluntad sobre nosotros vamos con ¿humildad?

Humildad no es ir con los brazos caídos, humildad es ir reconociendo nuestro lugar delante de Dios. Jesús conocía su lugar, sabía quién era y conocía a su Padre, pero nunca perdió la perspectiva. Jesús dijo: Yo hago lo que mi Padre me dice que haga y digo lo que Él dice que diga (Referencia a: Juan 5:19, 12:49)

Jesús tenía un corazón humilde, una actitud mansa como el mismo la describe en Juan 11:28-29. “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana».” (Manso: gentil, suave, que ha sido gobernado, se ha sometido, ya no lucha por emociones, sino que es moderado, está controlado. Humilde: No arrogante ni orgulloso, sino modesto)

Jesús estaba en control y bajo control del Espíritu Santo.

Él era alguien vulnerable. Generalmente usamos esta palabra para referirnos a los que están en situación de calle, o a las personas con más necesidad o a los niños que no tienen un lugar donde vivir, etc. Sin embargo, la vulnerabilidad tiene una connotación muy positiva en términos religiosos. Un cristiano o una persona que es vulnerable, es alguien que abre su necesidad a los demás, que no tiene miedo o límites para decir lo que es, lo que necesita, no tiene miedo de hablar de su corazón o de sus cargas personales, emocionales, alguien vulnerable es alguien real, honesto, no hipócrita. Jesús era así y oraba a Dios de esta manera

Jesús les dijo a sus discípulos:

Mateo 26:37-38

 Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. 38 «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo».

Jesús estaba experimentando emociones muy fuertes en su interior. ¿Qué las motivaba?, todo lo que le pasaría. Había una parte humana, física que luchaba en su interior y que no quería pasar por la prueba que Dios tenía para él. Esto le hacía sentir angustia, tristeza de muerte. No era una simple tristeza, a un simple ataque de pánico, Jesús estaba sufriendo mucho por lo que le pasaría y con estas emociones, con este dolor, con esta vulnerabilidad fue a su Padre para pedirle que cambiara su plan y no se cumpliera lo que tenía que ocurrir. Sin embargo dejó siempre la última palabra a Dios.

Conocemos que la última palabra de Dios fue una negativa a la petición del Señor. Pero no vemos a Cristo amargado, enfurecido, desolado porque no se hizo lo que pidió, al contrario, lo vemos con más firmeza de carácter y convencido de que esto era lo que debía ocurrir y siguió adelante con el plan de Dios para su vida.

Jesús necesitaba perspectiva y Dios se la entregó.

Estas tres cosas mencionadas son muy importantes al momento de ir a Dios y esperar su respuesta.

Ir con humildad y vulnerabilidad, pero con seguridad y con disposición. Disposición para hacer la voluntad de Dios aun cuando no se haga la nuestra. Cristo estaba RENDIDO ante Dios. No luchaba en contra suya.

¿Qué significa estar rendido? Estar sujeto o sometido a la autoridad de Dios en nuestro caso y en el caso de Jesús.

Jesús fue a orar con todo lo que cargaba, tenía un petición justa, pero no fue exigiendo, sino que dispuesto a que lo que pedía no se cumpliera. No estaba resignada o amargado, sino que tranquilo porque sabía a quién le estaba hablando. Y de esto nace otra parte importante al momento de ir y pedir algo a Dios recibiendo una negativa. Jesús conocía a su Padre.

Juan 1:18 nos dice que Jesús nos dio a conocer a Dios porque Él vive en intima comunión con el Padre” esta relación le daba confianza a Jesús para ir y pedir.

Hebreos nos dice que “En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte” al que podía salvarlo de la muerte. Jesús sabía con quién estaba hablando. Porque le conocía. Sabía que le estaba escuchando.

La pregunta para nosotros es ¿cuánto conocemos al que nos está escuchando?, cuando vamos a Dios en oración, cuan conscientes somos de a quien le estamos hablando.

Muchas veces pasamos por alto esto y por eso nuestras oraciones pueden no ser oraciones que nos lleven a cambiar o a generar algún resultado en nuestra vida. Jesús les enseño a sus discípulos que cuando oraran debían tener consciencia de a quien le estaban orando.

En Mateo 6:9 Jesús les dice: “Ustedes deben orar así: »“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,”. Obviamente este es modelo de oración para ayudar a los discípulos a conectar con el Padre y con las necesidades que como personas tenían. No es para recitarla una y otra vez, pero Jesús les da a entender que al orar ellos se encontrarían hablando con Dios y que este no estaba en el mismo plano que ellos sino que en uno diferente. Dios esta en el cielo y nosotros en la tierra. A pesar de esto, Dios es nuestro Padre y quiere que le consideremos así…

Entonces podemos orar a Dios conociendo quien es Él y quienes somos nosotros.

Jesús conocía a su padre y por esto le hablaba con franqueza con libertad, pero sin orgullo y sin cuestionamiento. Sin o con humildad, con reverencia y siempre dispuesto a rendirse a la voluntad del Padre.

Esta mañana quiero dejar en nuestras mentes dos cosas

  1. Cuando vamos a orar a Dios busquemos siempre tener la actitud de Cristo. Humildad para reconocer quienes somos y con quien estamos hablando. Seguridad para llevar nuestras peticiones al que puede salvarnos de la muerte y disposición para recibir la negativa de Dios y estar tranquilos, alegres debido a que su negativa responde a un interés mayor, motivado por su amor por nosotros.
  2. Busquemos conocer a Dios. Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.” Juan 4:10
    1. Si supiéramos realmente quien es Jesús y lo conociéramos entonces no habría duda en nuestro corazón al recibir una respuesta negativa de Dios.

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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