Sermones

Dichosos los de corazón limpio. Mateo 5:8. Parte I

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Mateo 5:8
#640

Esta mañana quisiera que nos volviéramos a conectar con lo que está ocurriendo en esta ladera de la montaña. Jesús se ha sentado y sus discípulos se le han acercado para escuchar lo que les tiene que enseñar. Ya establecimos que cada una de estas bienaventuranzas está dirigidas a los discípulos y que es imposible para una persona que no tenga el Espíritu Santo, vivir todo lo que ellas dicen. También establecimos que las bienaventuranzas no se deben tomar por separado, sino que reflejan el carácter que un cristiano tiene después de convertirse al Señor.

Leamos el pasaje: “Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.”

William Barclay menciona que el sentido básico de la palabra “limpio” se relaciona con algo que no está mezclado, ni adulterado. Al mismo tiempo, el sentido bíblico de la palabra limpio nos lleva a definirla como algo que es puro o inocente, es decir que se encuentra “en un estado de limpieza ritual o libre de culpa y pecado.”[1]

Es por esto por lo que esta bienaventuranza es tan exigente. Podría traducirse: ¡Bendita la persona cuyos motivos son siempre totalmente sin mezcla, porque verá a Dios!

Una de las grandes cosas que hizo nuestro Señor mientras estuvo en la tierra, es que su enseñanza no se dirigió a lo externo, sino que se enfocó en lo interno. Jesús se enfocó en tratar la motivación del corazón del hombre. Se enfocó en tratar con lo que provocaba la separación del hombre con Dios.

“¿Quién es puro de corazón?” Pregunta Bonhoeffer. “Solamente aquellos que han entregado sus corazones completamente a Jesús para que Él sea el único que reine en ellos…La pureza de corazón aquí es contrastada con toda pureza externa, aun la pureza de las más elevadas intenciones. El corazón puro…le pertenece exclusivamente a Cristo y solamente lo mira a Él…Verán a Dios aquellos cuyos corazones se han transformado en un reflejo dela imagen de Jesucristo. “(Bonhoeffer 2017, 125-126).

Esta es la clave de la pureza de corazón. La motivación que hay en nuestro interior. Lo que miramos en las personas. ¿Qué vió Jesús en la gente?, Él vió necesidad, sufrimiento, hambre, dolor, angustia, engaño, pecado, maldad. Y por esta razón les enseñó a los discípulos que era vital tener el corazón limpio para ver a Dios.

Marcos 7:20-23 nos dice:

Lo que sale de la persona es lo que la contamina. 21 Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, 22 la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. 23 Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.

Así mismo, reprendió duramente a los religiosos de su tiempo, porque no se enfocaban en lo interno del corazón del hombre, sino que en lo externo. “!!Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.” (Mateo 23:26).

Si Jesús se encontrara con nosotros este mismo día, ¿qué nos diría?, nos hablaría como lo hacía con sus discípulos, o como lo hacía con los religiosos.

Es importante pensar en esto, porque muchas veces como cristianos pasamos más tiempo apreciando al mundo que al cielo. Pasamos más horas de nuestro día hablando de las cosas terrenales que de las cosas de Dios. Nos enfocamos mucho más en las cosas materiales que en las espirituales. Y dependiendo del entorno en que nos movemos, nuestras conversaciones giran en torno a un tema en común, que generalmente tiene que ver con los deseos y sueños que buscamos suplir en esta tierra, más que con los deseos y sueños que Dios quiere cumplir con nosotros en esta tierra.

Dependiendo de con quien me junte, los temas se relacionan con dinero, con propiedades que se desean, con automóviles, con carreras, con una puerta nueva para la casa o por un poco más de dinero para comprar lo que hace falta. Muchas veces las conversaciones rondan el tema relacional. Lo que al esposo o esposa le gustaría ver en su pareja. Lo que los padres anhelan ver en sus hijos. Pero prácticamente nunca las conversaciones giran en torno a la pregunta. ¿Qué quiere Dios de mí?, ¿qué puedo hacer con mi dinero para ayudar a la iglesia?, ¿cómo puedo invertir mi carrera en el reino?, ¿cómo puedo ayudar más a los pobres?

Recuerdo una de estas conversaciones que me dejó muy impactado. Mi esposa y yo nos encontrábamos hablando con un amigo en común y le preguntamos porque no quiso avanzar en su carrera y volverse cirujano ganando el triple de dinero que ganaba. Él nos contestó que en un momento lo evalúo, pero decidió no hacerlo debido a que ser cirujano le quitaría tiempo para servir a Dios. Conozco hermanos de la congregación, que se la pasan trabajando muchas horas extras, no para generar dinero y servir a Dios, sino que para todo lo contrario. ¿Cuánto dedicamos a Dios y a su reino, reflejan donde está puesto nuestro corazón? Mientras más tiempo pasamos enfocados en Dios y en su reino, menos tiempo pasamos enfocados en Satanás y en su reino.

Es importante reflexionar en estas cosas, porque debemos recordar que Jesús está tratando con nuestro interior, con nuestras motivaciones.

Recuerde que Jesús empieza hablando a los pobres en Espíritu, él enfoca su atención en lo espiritual, en lo que hay dentro del cristiano. Otras personas o maestros espirituales se enfocaron en lo externo, en la limpieza moral. En lo que se hace, en decir lo correcto, cuando se piensa en lo incorrecto, en ser hipócritas alabando y hablando bien de alguien, pero maldiciéndole y pensando mal de él o ella dentro del corazón.

Spurgeon menciona en uno de sus sermones, refiriendose a la motivación de la enseñanza de Jesús: “pero él buscó la fuente de todo el mal, para poder limpiar la fuente de la que provienen todos los pensamientos, palabras y acciones pecaminosas. Insistió una y otra vez en que, hasta que el corazón no fuera puro, la vida nunca sería limpia.”[2]

Vamos a empezar por un aspecto negativo que contiene este pasaje. Si no tenemos el corazón limpio nos encontramos con dos cosas:

  1. No tenemos la alegría que proviene de Dios
  2. No podremos ver a Dios

Es importante considerar esto, debido a que como hablamos la semana pasada, el enfoque de la mayoría de las personas en el mundo y lamentablemente también en las iglesias tiene que ver con lo externo, con la apariencia física, con lo que la gente puede ver. El mundo y muchos cristianos hoy en día, no están enfocados en preocuparse de la estética del corazón, de la limpieza del alma, sino que están más bien enfocados en lo que muestran por fuera. El problema con esto, es que olvidamos que Dios no nos evalúa por lo que vemos en el espejo al levantarnos, sino que por lo que Él ve en nuestro corazón cada día. El hombre busca la pureza externa, pero Dios se fija en el corazón. (1 Samuel 16:7).

¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos. (Salmo 24:3-4)

Incluso, hay una canción que muchas veces cantamos en las reuniones.

¿Señor quien entrará

En tu santuario para adorar?

//El de manos limpias y un corazón puro,

Y sin vanidades, que sepa amar.//

Curiosamente, cantamos esta canción sin pensar en lo que nos dice. Muchas veces cantamos, leemos, e incluso hablamos de las escrituras, pero sin pensar realmente en lo que nos dice, en lo que nos pide. Jesús no dice lo que dice en vano, su Palabra está en las escrituras para que la tomemos en serio. Para que la usemos en nuestro día a día y la vivamos a plenitud. Solo el de manos limpias y corazón puro verá a Dios.

¿Cómo está nuestro corazón esta mañana?

¿Cómo está nuestra mente, nuestros pensamientos?

¿Hacia dónde estamos mirando esta mañana?

Entonces, la primera conclusión a la que debemos poner atención hoy día es a que no podremos ver a Dios si no tenemos un corazón limpio.

La segunda, es que no podremos gozar de la alegría que viene de Dios a menos que nuestro corazón esté limpio.

¿Cómo se limpia nuestro corazón?

Necesitamos nacer de nuevo. Jesús es muy claro. De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios —dijo Jesús. (Juan 3:3) ¿Qué es nacer de nuevo?. Pues es experimentar la conversión. Es relacionarnos con Dios, es conocer a Cristo y vivir conforme a su Palabra. Nacer de nuevo, no es un evento en nuestras vidas, es un cambio de estilo de vida. Es una forma nueva de ver a Dios y al mundo. Es iniciar una caminata con Cristo de aquí a la eternidad. No se trata de una sola decisión, sino que de una conversión completa en nuestra forma de ser y de hacer las cosas.

Por supuesto que la conversión tiene su proceso, pero no es de lo que quiero hablar hoy. Sino que de lo que implica nacer de nuevo. Y esto es romper con el mundo, morir a lo que hacíamos antes y vivir para Cristo y por Él. Como lo dijo el apóstol Pablo en una de sus cartas. Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. (Filipenses 1:21). Nacer de nuevo es cambiar de relación. Dejar una relación con el mundo, para iniciar y profundizar cada día más en una relación con Dios. Recuerde lo que nos dice Jesús “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.” (Juan 17:3). La vida cristiana, la pureza de corazón, nacen y se desarrollan en nuestra relación con Dios. En nuestra relación con Cristo. No hay otra manera de hacerlo.

¿Porque es tan importante la pureza de corazón?

  1. La IMPUREZA DEL CORAZÓN ES LA CAUSA DE LA CEGUERA ESPIRITUAL
    1. Una persona intoxicada por el mundo, no puede ver con claridad. O como lo dijo Jesús, un ciego no puede guiar a otro ciego.
  2. La pureza de corazón nos permite una mirada gloriosa
    1. Los de corazón puro, verán a Dios
  3. La purificación del corazón es obra de Dios.

[1] Diccionario de sentidos Bíblicos

[2] https://www.biblebb.com/files/spurgeon/3159.HTM

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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