Sermones

Dichosos los humildes. Mateo 5:5

Mateo 5:5
11 de julio de 2021
# 638

Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. (Mateo 5:5)

Lo primero que necesitamos recordad, es que estas bienaventuranzas no son para cualquier persona. No son promesas de felicidad para todo el mundo, sino que son específicamente para los cristianos. Estas promesas de Dios son para las personas que se han arrepentido de sus pecados y han reconocido con lágrimas que sus faltas les llevaron a vivir separados de Dios y ahora buscan al Señor llenos de necesidad para que Él les llene de alegría.

Al mismo tiempo debemos recordar que son parte de un conjunto de atributos o cualidades del carácter cristiano. Cada una de ellas va mostrando un avance a la otra. No se puede experimentar la una sin la otra. No están aquí para mostrarnos como vivir, sino que están aquí para mostrar al mundo como vivimos los cristianos. Un cristiano debe vivir en pobreza espiritual, siempre necesitado de Dios, al mismo tiempo debe vivir en un constante arrepentimiento debido a su falta delante de Dios y esto debe llevar al cristiano con una actitud siempre reverente a Dios y a las personas que le rodean.

¿Qué significa ser humilde?

La palabra humildes o humildad, en realidad se refiere a la palabra mansedumbre o manso. Alguien manso, es una persona suave, apacible, tranquila. Más que referirse a algo externo de la persona, se refiere a la forma de ser de una persona. A lo que se refleja desde el interior. A la actitud interna de alguien. Ser humilde o manso, no tiene nada que ver con alguien pobre materialmente hablando, pero si mucho que ver con alguien pobre espiritualmente hablando. Alguien que vive en pobreza espiritual, tiene la suficiente humidad para reconocer delante de Dios que lo necesita. Por ende recibe las bendiciones que Dios quiere darle. El mundo premia a los orgullosos y poderosos, pero Dios premia a los que reconocen su necesidad de Él.

Hay personas que confunden humildad con pobreza material. Esto está completamente equivocado. Quizás alguna vez ha escuchado que se refieren a una familia pobre como una familia muy humilde. Debido a la carencia material que ellos tienen. Sin embargo, la palabra humildad o mansedumbre en este caso se refiere a algo completamente diferente.

En términos bíblicos, humildad es sinónimo de felicidad, no de tristeza. De riqueza no de pobreza. El humilde es tremendamente rico y afortunado. Entonces no debemos confundir los términos, ya que no es apropiado hacerlo.

Esta humildad, se refiere al carácter de Cristo.

La palabra griega que ese utiliza en este pasaje es la palabra [praüs] y conlleva la idea de una persona que es manso. Alguien manso, es alguien suave, apacible tranquilo, que refleja una actitud muy diferente a la persona orgullosa y arrogante que con sus hechos nos dice que puede hacer las cosas por sí mismo. La persona mansa, es alguien que refleja a Cristo en su vida. Que ha sido tocada por el Señor y no necesita inventarse una imagen de hombre o mujer fuerte, sino que le basta con que el Señor se perfecciones en él y se muestre en él.

Mateo 11:29 nos muestra esta cualidad en el Señor. “Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.” Aquí Mateo nos da a conocer dos palabras que reflejan el poder de la mansedumbre. Jesús nos dice que es apacible y humilde de corazón.

Apacible se refiere al hombre manso del que nos habla la bienaventuranza, pero la humildad agrega que tiene todo bajo el control de Dios. Es una persona sumisa a Dios. El apóstol Pablo, se refiere a la mansedumbre de Cristo en 2 Corintios 10:1 y a su ternura o suave clemencia. Para rogarles a estos hermanos considerar su conducta.

Una persona mansa, es alguien que no es dado al orgullo, la malicia, no tiene un espíritu rencoroso y vengativo, sino dócil, apacible, paciente con quienes le ofenden.

Jesús nos mostró esta actitud mansa estando en la cruz frente a las personas que se burlaban de él y se repartían su ropa.

La persona mansa, no es la que piensa más de sí mismo, sino menos en sí mismo. Pone su mirada no en que le falta, sino en lo que los demás necesitan. Y es así, porque el manso es rico, lo tiene todo. No le hace falta nada. Ya que ha recibido la tierra por herencia. Entonces no vive enfocado en lo que no tiene, sino en lo que ya ha recibido. Por esto es feliz.

Spurgeon menciona en uno de sus sermones hablando de una conversación que un médico sostuvo con un pastor de ovejas en el campo:

“¿Qué tipo de tiempo tendremos mañana?» «Bueno», respondió el pastor, «tendremos el tipo de clima que me agrada». El médico luego preguntó: «¿Qué dices, hombre?» Y el pastor respondió: «El tiempo que agrada a Dios, siempre me agrada a mí». «Pastor», dijo el médico, «su suerte parece algo difícil». «¡Oh, no, señor!» él respondió: «No lo creo, porque abunda en misericordias». «Pero tienes que trabajar muy duro, ¿no?» «Sí», respondió, «hay mucho trabajo, pero eso es mejor que ser holgazán». «Pero tienes que soportar muchas dificultades, ¿no es así?» «¡Oh, sí señor!» dijo, «muchísimas; pero entonces no tengo tantas tentaciones como las que tienen las personas que viven en medio de las ciudades, y tengo más tiempo para meditar en mi Dios. Así que estoy perfectamente satisfecho de que donde Dios ha me colocó es la mejor posición en la que podría estar”[1]  

Una persona mansa, no se pone por encima de los demás, sino que reconoce que el lugar en el que está es el mejor lugar para él. Es alguien satisfecho en Dios, lleno de Dios, que tiene la vida de Dios en su vida.

Una persona mansa, siempre está dispuesta a doblegarse a la voluntad de Dios. No pelea con Dios porque algo no le parece. O porque piensa que no es justo lo que ocurre con él. No se queja porque Dios le ha bendecido de una manera diferente a los demás. Sino que acepta con todo el corazón lo que Dios le ha dado. Es como el pobre Job, que estando en medio de tantas dificultades se negó a maldecir a Dios por todo lo que le estaba pasando y más bien lo bendijo diciendo: “Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo?” o como Pablo que en medio de sus tormentos y necesidades pudo reconocer que Dios era todo lo que necesitaba para vivir. “No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. 12 Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11-13).

Una persona mansa, no es alguien desdichado, quejumbroso, negativo. Sino que ve las cosas desde la perspectiva de Dios. Como lo aprendió a hacer el profeta Habacuc, quien después de un par de revelaciones de Dios se dio cuenta de su falta de consciencia acerca del plan del Señor.

“Aunque la higuera no florezca, ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en el aprisco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; 18 aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡me alegraré en Dios, mi libertador!.” (Habacuc 3:17-18). “El manso es una persona humilde, gentil, paciente, perdonador y contento.” (Spurgeon, La tercera Bienaventuranza.)

Una persona que es mansa con los demás muchas veces puede ser definido como alguien débil o derrotado, sin embargo, la Biblia nos muestra que la mansedumbre, es una muestra del carácter de Dios (Mateo 21:5), y uno de los frutos de Espíritu Santo (Gálatas 5:23).

Spurgeon relata la historia de un predicador puritano llamado Sr. Deering:

“Un día, mientras estaba sentado a la mesa, un tipo sin gracia lo insultó arrojándole un vaso de cerveza en la cara. El buen hombre simplemente tomó su pañuelo, se secó la cara y siguió cenando. El hombre lo provocó por segunda vez haciendo lo mismo, e incluso lo hizo por tercera vez con muchos juramentos y blasfemias. El Sr. Deering no respondió, simplemente se limpió la cara grande; y, en la tercera ocasión, el hombre se acercó y se postró a sus pies, y le hablo acerca de su mansedumbre cristiana, y la mirada de amor tierno y compasivo que le tenía. Deering se había lanzado sobre él, lo había sometido bastante. De modo que el hombre bueno fue el vencedor del malo.” (Spurgeon, Ibid…).

Así que el mal siempre es vencido por el bien. El corazón duro siempre es doblegado por el corazón amable. El perdón siempre logra derriba las murallas del enojo y del dolor. La respuesta amable continúa calmando al que está enojado. Anoche lo experimente con uno de mis hijos. Estaba muy enojado con migo y me respondió mal, incluso con falta de respeto, sin embargo, me acerque a él y le pedí perdón por haberlo ofendido. A los segundos estaba aferrado a mi brazo y durmiendo tranquilo.

¿A quién buscamos cuando estamos heridos, enojados, ansiosos, perdidos?. Al de corazón amable o al de corazón airado. Pues Dios nos dice: »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana».

Dios es el corazón manso que todos necesitamos para poder llevar nuestros corazones cargados y agobiados por el pecado de nuestras vidas y recibir misericordia en el momento que más lo necesitamos. (Hebreos 4:15-16).

Así que el hombre o la mujer mansa, es ante todo una persona dócil, tierna, capaz de perdonar, no  iracunda, sino que apacible con todos y perdonador.

Hermanos y hermanas, esta es la actitud cristiana de un esposo y una esposa devotas al Señor. Antes de pelear con tu cónyuge, antes de responder con altivez, antes de poner tu orgullo por encima del otro, humilla tu corazón delante del Señor y reconoce que eres parte del problema. Luego con actitud humilde busca la paz con tu esposa y/o con tu esposo. Oren juntos y reconozcan que se han equivocado. Luego perdónense y vivan humillados uno frente al otro porque están de pie gracias a Dios. Y tienes esposo gracias a Dios y tienes esposa gracias  a Dios. No la tienes o lo tienes porque eres una gran persona, no la tienes o lo tienes porque tu la elegiste o lo elegiste. Al contrario, la tienes o lo tienes porque no puedes vivir solo o sola sin estar desdichada o desdichado debido a tu gran necesidad. La humildad delante de Dios es alegría y contentamiento por lo que Él nos ha dado por misericordia y no por capacidad. El que tenga oídos para oír que oiga y entienda y se arrepienta de su orgullo pecaminoso que le aleja de Dios.

Hermano y hermana soltera, joven, universitario. No te quejes por estar solo y por no tener la dicha de un esposo o una esposa cristiana, ante bien, pon tu confianza en el Señor y dale gracias por permitirte vivir fiel y feliz en su presencia. Mientras otros mal agradecidos se quejan de todo lo que no han visto cumplir en sus vidas. Enfócate en el Señor mi querido hermano y hermana soltera y disfruta de los días que Dios te ha regalado para servir con todo tu corazón y todo tu tiempo y todo tu dinero al Dios que te ha elegido para amarte y bendecirte cada día con lo que ni siquiera te mereces.

Dios nos ha llamado a vivir en mansedumbre no en orgullo. Y aunque alguien puede pensar que no es posible vivir de esta manera, en un mundo que está lleno de lobos corruptos y sinvergüenzas, la Biblia nos enseña que si podemos. Pero solo podemos hacerlo si primero nos volvernos al Señor.

Entonces, arrepentirse no es opción, y bautizarse tampoco lo es.

Debemos hacerlo, para para que nuestros pecados sean perdonados y podamos recibir el Espíritu de poder, de valor que Dios nos quiere entregar. Una oveja puede vencer a un lobo, siempre y cuando se dé cuenta que aunque por fuera parece débil, por dentro está llena de poder y de fuego debido al Espíritu poderoso del Señor.

El amor, la paciencia, la amabilidad, siempre pueden más que el enojo, la violencia y la maldad. Si a partir de hoy, cada uno de nosotros tomamos la decisión de vivir en mansedumbre y no en orgullo, en amor y no en odio, en perdón y no en venganza, podremos ver como nuestras familias son cambiadas por el poder de Dios y ya no del maligno.

De esta forma, Jesús nos muestra lo diferente que es el camino del mundo en comparación al camino de Dios (Mateo 7:13-14). El mundo premia a los orgullosos y poderosos, pero Dios premia a los que reconocen su necesidad de Él, que se encuentran quebrantados espiritualmente y tienen un corazón manso para recibir su Señorío y obedecerlo por siempre.

Bendiciones

Para reflexionar

  • Tome tiempo para meditar en 1 Pedro 5:5. Busquemos la mansedumbre que realmente agrada a Dios.
  • Recuerde que Jesús vino a desarrollar un estilo de vida diferente y lo dejó muy en claro cuando nos entregó estas bienaventuranzas para que podamos evaluar nuestro carácter en contraste con ellas, no con el fin de mostrarnos lo contrario que somos a él, sino que para que oremos y perseveremos en un cambio definitivo y radical que marque la diferencia entre un ciudadano del reino y uno del mundo.
  • Necesitamos empezar a admirar y considerar a la persona tranquila y con dominio de sí mismo.
  • Mientras estudiamos el Sermón del Monte, busquemos identificar las cualidades de Jesús en las escrituras. Tristeza por el mundo, Necesidad de Dios, Mansedumbre, entre otras. Medite en Efesios 5:1 y 1 Corintios 11:1. A Cristo es a quien debemos imitar.

[1] https://www.biblebb.com/files/spurgeon/3065.HTM

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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