Sermones

Dios siempre responde, pero a veces también dice ¡NO!

14 de agosto de 2022

#669

Muchas veces mis hijos vienen a pedirme algo, permiso para jugar con sus amigos, un regalo, dinero para comprar algo que quieren o incluso permiso para no hacer sus tareas. Y aunque muchas veces respondo que si a sus peticiones, hay varias en que también les respondo que no. Y por supuesto, que recibir una respuesta no a algo que quieren con todo el corazón no les gusta para nada, pero si les digo que si a todo lo que me piden entonces no voy a estar formando en ellos el carácter que Dios quiere que tengan. Si les digo que si a todo lo que ellos quieren, voy a estar formando hijos malcriados y no hijos responsables. Hay padres que por el solo hecho de mantener la fiesta en paz, le dicen que si a todo lo que sus hijos les piden, pero no se dan cuenta que al hacer esto están mal formando a sus hijos y no preparándolos para el futuro. Las respuestas No que les damos a nuestros hijos les enseñan a considerar que hay límites en sus vidas y les prepara para enfrentar las negativas a futuro. Cuando busquen un empleo y no lo consigan, cuando se enamoren de alguien y este no les corresponda, cuando quieran algo que no pueden pagar, cuando tengan que esperar por algo que se tarda en llegar, todo esto podrá ser enfrentado por ellos si tienen una base de parámetros que se han formado desde su infancia. Obviamente que no habrá perfección y que nunca podremos dar la suficiente disciplina y el suficiente entrenamiento para que nuestros hijos puedan enfrentar la vida adulta a cabalidad, pero esto no es una excusa para no trabajar en modelar y desarrollar el carácter de un hijo.

Las respuestas No son una disciplina para nuestra vida y buscan moldearnos a una imagen mucho más madura que la que tenemos.

Hay una pasaje en la carta a los Hebreos que tiene mucho que ver con lo que estamos hablando.

Hebreos 12:10 “Nuestros padres aquí en la tierra nos corregían durante esta corta vida, según lo que les parecía más conveniente; pero Dios nos corrige para nuestro verdadero provecho, para hacernos santos como él.” (DHH)

En este pasaje podemos ver dos perspectivas para la disciplina. La nuestra y la de Dios.

Nuestra perspectiva de la disciplina. Esta nos dice que nuestros padres y en definitiva nosotros los padres en general, corregimos o disciplinamos a nuestros hijos según lo que nos parece mejor, es decir, según lo que nosotros pensamos que es mejor para nuestros hijos. Esto puede no necesariamente tener que ver con el desarrollo del carácter de nuestros hijos, sino que con lo que pensamos que es mejor para ellos. Qué carrera es mejor para ellos, que alimentación es mejor para ellos, que pareja es mejor para ellos, que ropa, que carro, o un sinnúmero de cosas que no necesariamente se enfocan en el mejorar el carácter, sino que lo que nosotros podemos pensar que es mejor para nuestros hijos.

La perspectiva de Dios. Esta nos habla acerca de que la corrección que Dios busca de manera intensa y enfocada el desarrollo de un mejor carácter para que podamos vivir como a Dios le agrada. Si ponemos atención al resultado de su disciplina podemos notar que nos lleva a crecer en “ser santos como él”. Dios siempre busca y ha buscado que su pueblo sea diferente a todos los demás. En su moralidad y en su devoción. El apóstol Pedro nos dice en su primera carta que este propósito, en realidad es un mandamiento. “Sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó”[1].

La santidad es una condición del carácter cristiano y es el resultado de una vida con Dios. No es algo que se da o con lo

que se nace humanamente, es algo que se desarrolla, es un estilo de vida nuevo y que comienza a crecer al momento de la conversión. Dios nos disciplina, nos corrige, nos pone límites y nos dice que no, con el propósito de transformar nuestro carácter y hacerlo cada vez más como el suyo. Así que nos encontramos con un sentido mucho más profundo y personal por parte de Dios hacia nosotros,  al hablar de los NO que recibimos de su parte.

Él quiere lo mejor para nosotros, y lo mejor solamente viene por ser transformados en la imagen del Señor. Por eso trabaja por medio de su disciplina para transformarnos en un modelo no solo mejor, sino que superior y perfecto.  Romanos 8:29 “Dios los conocía antes de que el mundo fuera creado. Él decidió que fueran como su Hijo y quería que el Hijo fuera el mayor de muchos hermanos.” (PDT).  Dios siempre ha querido una familia, un pueblo de hijos suyos que sean como Jesús. Ser como Jesús implica ser alguien maduro, completo, una obra terminada [2]y que hace parte de un todo que solamente es llenado por Dios.

  1. La negativa de Dios busca confrontar nuestra voluntad mundana y egocentrista y someterla a la suya que es espiritual y al servicio de los demás.
  2. La negativa de Dios busca transformar nuestro carácter para que sea como el de Cristo.

Dios está más interesado en formar su carácter que en cualquier otra cosa. Nos preocupamos cuando Dios parece guardar silencio acerca de temas específicos como «¿Qué profesión debería de escoger?» La verdad es que hay muchas carreras diferentes que podrían ser la voluntad de Dios para su vida. Lo que más le importa a Dios es que sea lo que sea que haga, que lo haga de una manera que refleje a Cristo. Dios está mucho más interesado en lo que usted es que en lo que hace. Usted es un ser humano, no un hacer humano. Dios está mucho más interesado en su carácter que en su carrera, porque se llevará su carácter a la eternidad pero su carrera no.[3] (Rick Warren)

La motivación de Dios es el amor. Él quiere producir en nosotros justicia y paz. Este es el resultado de un entrenamiento interno en nosotros que se produce debido al  trabajo del Espíritu Santo que tenemos en nuestro interior. Dios está comprometido con nuestro crecimiento, con nuestro desarrollo. Efesios 4:13, hablando del trabajo que Dios realiza por medio del liderazgo en la iglesia nos dice que nuestro crecimiento no para, sino que “continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo”. Por esta razón Dios aplica sus límites a nosotros para que no perdamos el rumbo en medio de nuestro caminar a su lado. Él nos corrige porque nos ama[4] y quiere lo mejor para nosotros.

¿Cuál debe ser nuestra respuesta?

Debe ser nuestra rendición, total y dispuesta a realizar la voluntad de Dios en nuestras vidas confiando que Dios siempre quiere lo mejor para nosotros.

Esto es lo que Jesús quiso que sus discípulos entendieran cuando les enseño a orar. Él les dijo que debían comprometerse con Dios al decirle “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo[5].”. No debemos tomar a la ligera las cosas que le pedimos a Dios. O los compromisos que hacemos con Él.  Hoy en día probablemente repetimos estas palabras pero sin entender el compromiso que traen en sí mismas. Estas palabras son un voto a Dios. Un compromiso de sometimiento, de rendición ante su voluntad. Implica un reconocer que lo honraremos a pesar de que su voluntad no sea la nuestra. El libro de Eclesiastés nos llama a considerar muy cuidadosamente lo que le decimos a Dios porque nuestras palabras son un compromiso con Él “Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple tus votos:” (Eclesiastés 5:4). “La oración es donde me inscribo para ponerme al servicio de hacer lo que Dios quiere hacer para Su propia gloria” (John MacArthur). No es rendirnos amargamente diciéndonos que tenemos que aceptar lo que dice o de lo contrario seré castigado. No se trata de mutilarnos emocionalmente al aceptar la voluntad de Dios para nuestra vida. Tampoco se trata de someternos mentalmente al hecho de que su voluntad es la que predomina porque la Biblia lo dice y no hay más discusión. Esto no es lo que Dios busca de nosotros. Él busca que aceptemos su voluntad con agrado, llenos de confianza y gratitud al entender que lo que Él ha decidido para nosotros es lo mejor que podemos recibir. Esta es la respuesta que necesitamos dar a Dios cuando Él nos dice que No. Todo lo que escapa a esto, no es la respuesta adecuada a la soberanía de Dios en nuestras vidas. Un ejemplo de esta respuesta lo encontramos en Job 1:21 “El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!»”.

Así que podemos llegar a esta conclusión, los NO de Dios a nuestras peticiones, responden a un interés superior de Dios por nuestras vidas. Un interés no egoísta, sino que completamente enfocado en lo que es mejor para cada uno de nosotros y detrás de ellos no está la injusticia o el deseo de castigarnos, sino que el amor sublime y perfecto de nuestro padre que cada día quiere lo mejor para nosotros. Nuestra respuesta a este amor y propósito debe llevarnos a rendirnos totalmente a su voluntad.


[1] 1 Pedro 1:15

[2] La palabra griega es Teleios y se refiere a algo que es completo, que está terminado

[3] Warren, R. (2002). La vida conducida por propósitos. ¿Para qué estoy aquí en la tierra?. (p. 147). Michigan: Zondervan

[4] Hebreos 12:6

[5] Mateo 6:10

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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