Sermones

El gran mandamiento

Mateo 22:37-40
#654

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Y Marcos en su evangelio agrega: y con todas tus fuerzas. (Mateo 22:37, Marcos 12:30)

Todos tenemos cosas importantes en la vida. Es más, cada día nuestra agenda se llena de cosas importantes. Cosas importantes por hacer, por comprar, por tratar. Si pudiéramos hacer ahora mismo una lista de las cosas más importantes que tenemos que hacer seguramente anotaríamos mínimo unas cinco. Pero no solo cosas son importantes, también relaciones. Todos tenemos relaciones importantes. Personas con las que queremos estar, o hablar o visitar. Relaciones cercanas, matrimonio, hijos, familiares. Si pudiéramos anotar nuevamente una lista con nuestras relaciones más importantes, probablemente empezarían a salir con rapidez. Esto es lo que le preguntaron a Jesús en un momento de su vida en que los líderes religiosos de su época lo querían sorprender para tenderle una trampa y sacarlo del mapa. Ellos le preguntaron, que era lo más importante de la ley. Y Jesús les respondió con la máxima sabiduría. Él les dijo que lo más importante era amar a Dios. Lo más importante de la ley, lo que está en primer lugar es amar a Dios. Moisés lo dijo en el A.T. Deuteronomio 6 y Jesús lo confirmó al hablar con ellos.

Pero note un punto importante aquí.

DIOS QUIERE QUE LE AMEMOS, PERO NO TODOS PUEDEN HACERLO

¿Por qué?

EN el A.T., este fue un mandato para el pueblo de Dios. Mire conmigo Deuteronomio 6:1-9

Estos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, 2 para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida. 3 Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados. 4 »Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.[a] 5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6 Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. 7 Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; 9 escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.

Este era un mandamiento para el pueblo de Israel, es decir, para el pueblo de Dios. Cualquier persona que quisiera cumplir con este mandato, debía ser del pueblo, para vivirlo como el pueblo lo vivía y para recibir las bendiciones que vienen asociadas a este mandato.

En el N.T. en cambio, el mandamiento no es solo para el pueblo de Israel, al contrario, es para todo el mundo. Porque Jesús no vino para salvar o hablar a un solo pueblo, él vino para que todos se salven, para que todos conozcan a Dios, para que todos le amen. Jesús les dijo que debían amar a Dios y al prójimo, porque esto resume todo el A.T. y su ley.

Pero hay una observación demasiado importante y que muchas veces pasamos por alto. AMAR A DIOS, COMO ÉL LO MANDA, NO ES PARA TODAS LAS PERSONAS. Porque para poder hacerlo a su manera, primero debemos convertirnos a él. Debemos recibir la reconciliación por medio del perdón de nuestros pecados en el bautismo y el don del Espíritu Santo en el mismo.

Entonces, el mandamiento es para todos. Pero solo los que se convierten al Señor pueden gozar de los privilegios. El resto no. En 1 Timoteo 2:4 se nos dice lo siguiente: “pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.” Dios quiere que todos se salven, pero no todos son salvos. Por eso manda en los versos anteriores a que se hagan plegarias por todo el mundo. Porque todos necesitan ser salvados por ÉL.

En Hechos 17:30 se nos dice lo siguiente: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;

Esto es así, porque no todos están con Dios, no todos son salvos, no todos se han arrepentido, no todos pueden amar a Dios como él lo manda.

ASÍ QUE CONCLUIMOS EN PRIMER LUGAR QUE PARA AMAR A DIOS COMO ÉL MANDA, DEBEMOS CONVERTIRNOS AL SEÑOR.

Entonces, analice su situación delante de Dios. ¿Dice amar a Dios?, ¿pero no se ha convertido?, entonces, usted no ama a Dios como él quiere ser amado, usted ama a Dios a su manera y esta no sirve delante del Señor. Porque Dios no quiere amor humano, Él quiere amor comprometido, amor obediente, amor extremo.

Esto nos lleva a analizar qué tipo de amor es el que Dios requiere de nosotros.

HAY TRES CLASES DE AMOR QUE ENCONTRAMOS EN LAS ESCRITURAS

Eros, que define el amor entre un hombre y una mujer, que incluye la pasión sexual.

Filia, es un afecto cálido hacia o entre quienes comparten iguales circunstancias, como por ejemplo hacia un hermano en la fe.

Ágape, que se refiere a un compromiso de la voluntad. No es un amor sentimental, aunque incluye sentimientos, no es un amor físico, aunque incluye lo físico. Es un amor de compromiso. Pero de un compromiso profundo, que nos lleva a hacer lo humanamente imposible por la persona o grupo al que amamos. Jesús nos dice que quien ama de esta manera, es capaz de dar la vida por sus amados. En Juan 15:13 “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.” En 1 Juan 4;19 se nos dice que Dios nos amó primero. Romanos 5:6 “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos,[a] en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.” Así mismo, en Juan 3:16 se nos reafirma este amor de la voluntad, del compromiso. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

EL AMOR QUE DIOS PIDE, ES EL MISMO QUE DIOS NOS HA DADO. NI MÁS. NI MENOS. Esto es lo más importante para Dios y debe ser lo más importante para nosotros.  Amar a Dios. ¿Pero cómo?

Dejemos que Jesús nos responda: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”[a] —le respondió Jesús—. 38 Este es el primero y el más importante de los mandamientos. 39 El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.[b] 40 De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.

Jesús les dijo, esto es lo más importante. Esta es la raíz de todo lo demás. Amar a Dios con todo. Amar al prójimo como a nosotros mismos. De esto depende todo el Antiguo Testamento y su ley. El resto está en segundo plano.

Si amamos a Dios como él lo manda, es decir, con todo nuestro ser. Entonces vamos a cumplir lo que él nos manda. Sin poner excusas, sin demoras, sino que cuando él lo manda. Esto se parece a la obediencia. Y es que mostramos amor a Dios obedeciendo a Dios.

Esto es vital para todos nosotros. Porque es la raíz de todo lo que podemos hacer por Dios y para Dios. Estos mandamientos, especialmente el primero, son el Centro de toda nuestra vida con Dios. De toda nuestra relación con Dios y deberíamos esforzarnos por llevarla a cumplimiento. Amar a Dios con todo el corazón, con todo nuestro ser y con toda nuestra mente. Ahora, Marcos agregó algo más. Él dijo que además de todo esto había que amar a Dios con todas nuestras fuerzas. Entonces el mandato se amplía a todo lo que somos, sentimos, pensamos y experimentamos diariamente. Dios no quiere ser amado religiosamente, Él no quiere ser amado de labios hacia afuera, ÉL no quiere ser amado sentimentalmente. Él quiere todo nuestro amor, toda nuestra atención. Él quiere ser lo más importante en nuestra vida. De esto depende nuestro cristianismo.

LA PREGUNTA ES SENCILLA, ¿AMAMOS A DIOS COMO ÉL LO MANDA?

No nos apresuremos a responder, porque esto es algo que debemos analizar en base a nuestros propios hechos. Si amamos a Dios como él lo manda, nuestro compromiso con Él debe ser grande. No debemos poner excusas a lo que nos pide, a lo que nos manda. Al contrario, si amamos a Dios como él manda. Si nuestro amor por Dios es prioridad, entonces nuestro compromiso con la iglesia es una prioridad también. Porque no podemos amar a Dios y descuidar a su pueblo. No podemos amar a Dios y descuidar el avance de su reino. Analicemos en que parte de nuestro compromiso con Dios estamos flaqueando y arrepintámonos de esto. Dios entregó todo por amor. No podemos quedarnos atrás en este compromiso.

Este año, empecemos con análisis. Con un análisis profundo de nuestras prioridades. De lo que es más importante para nosotros. Haga una lista de al menos 5 cosas importantes en su vida. Mire estas cosas y vea si le ayudan en su relación con Dios. Si no le ayudan póngalas en un segundo plano. Considere una evaluación sería en su vida devocional con Dios. ¿Sus tiempos con Dios le transforman?, ¿su vida devocional le lleva a desarrollar más compromiso con Dios y su iglesia?

No separemos las cosas. Si Dios es lo más importante, su iglesia es lo segundo más importante.

Piense en su compromiso con las siguientes áreas.

Relación con Dios, relación con la gente, servicio a Dios y a los demás, Nuestro evangelismo.

Piense en su compromiso personal y luego tome los pasos necesarios para hacer el cambio. Dios quiere ser amado, pero siempre su amor demanda mucho más de notros. Demanda obediencia.

Oremos por la cena…

Preguntas de aplicación

¿Cómo puedes vivir este mandamiento en tus relaciones? Si quieres amar más a tu esposa, ¿qué debes hacer primero?, si quieres ser un mejor empleado, un mejor hijo, un mejor amigo.

¿Cómo ser  mejor cristiano, o como crecer espiritualmente? Ama a Dios con todo tu corazón. Esto ya nos lleva al crecimiento. Mientras más amamos a Dios, más nos comprometemos con él y con su iglesia. Pero al mismo tiempo más nos comprometemos con su misión. Lo primero y más importante nos lleva a realizar su requerimiento cada día en nuestra vida. Por otro lado, si amo a Dios no voy a querer estar lejos de Dios para pensar en mi cristianismo, al contrario, voy a querer estar cerca de él para que mi cristianismo crezca, entonces adiós a los tiempos fuera para pensar y evaluar mi compromiso.

Por otro lado, si amo a Dios voy a querer construir mi vida sentimental con alguien que también le ame. Sería absurdo construir una relación sentimental con alguien que no le ama y perder la bendición de edificar sobre un buen cimiento.

En fin podemos analizar todo lo que hacemos y queremos mediante nuestro compromiso con Dios.

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