Sermones

Levántate y sirve

6 de febrero de 2022
#657

Una de las cosas que compartimos la semana pasada, es que el servicio no es algo que podamos enseñar simplemente en una lección de domingo o en una sala o aula de clases. Esto es así, porque el servicio es algo práctico, es algo que se debe aplicar en cada momento de nuestra vida. El servicio no es algo que pongamos en práctica cuando se nos pide hacerlo. Al contrario, el servicio es y debe ser parte de nuestra vida. Recordemos que para Jesús, el servicio era su vida. El servicio era su propósito en esta tierra.

Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45 y termina su ministerio en la cruz diciendo: “Al probar Jesús el vinagre, dijo: —Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu. (Juan 19:30). Su vida fue de servicio.

Hay tres ideas que quiero compartir esta mañana acerca de este pasaje. 1. Jesús vino a suplir una necesidad que no podíamos suplir. 2. Jesús vino a cumplir con un deber superior. 3. Nosotros estamos llamados a imitar lo que hizo Jesús. La escritura nos dice que Jesús vino a servir y a dar su vida por nosotros. Fíjese en este pasaje una vez por favor.

JESÚS VINO A SUPLIR UNA NECESIDAD QUE NINGUNO DE NOSOTROS PODÍA SUPLIR. El vino a rescatarnos. Romanos 5:6 “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.”  La muerte de Cristo, no solo fue un sacrificio por nuestros pecados, sino que fue un servicio que nos dio y le dio a nuestro Dios. Su servicio fue de rescate.

El servicio implica un sacrificio por el bien de los demás. Al mismo tiempo, este sacrificio tiene una recompensa que se nos da una vez que hemos servido. Sin embargo, la recompensa no necesariamente es la que esperamos. Algunos esperan gratitud por su servicio, sin embargo, nuestro servicio no debe buscar algo que nos satisfaga, sino que debe buscar algo que satisfaga a los demás. Si nuestro servicio solo nos satisface a nosotros, entonces no es servicio a la manera de Dios, sino que a nuestra manera. Y esto no es servicio, sino que es egoísmo.

Esto es muy importante para nosotros como cristianos y es vital para nuestra vida en la iglesia.

Si nos fijamos rápidamente en como vivía la primera iglesia, podremos ver que ellos imitaban a Jesús en su sacrificio.

Hechos 2:41- 47 Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas. 42 Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 43 Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: 45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. 46 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.

La escritura nos dice que ese día, se unieron a la iglesia unas 3000 personas. Lo interesante de estos primeros cristianos, es que todos estaban unidos. Eran muchos, pero estaban unidos. No estaban unidos por afinidad, sino que por compromiso. Tenían un firme compromiso con Dios y con los hermanos. Al mismo tiempo su compromiso los llevaba a compartir lo que tenían, a vender lo que tenían, pero no para sentirse bien con ellos mismos, sino que para servir a los demás. El espíritu de la primera iglesia estaba tremendamente enfocada en servir a los demás. Si un hermano tenía una necesidad, ellos la suplían, ellos conocían la vida de los hermanos, conocían la situación de los hermanos, porque estaban con los hermanos, pasaban el tiempo con los hermanos, comían juntos, oraban juntos, adoraban juntos, alababan juntos, servían a la comunidad juntos. Si nos damos cuenta, el común denominador de este grupo es que estaban unidos y esta unión iba más allá de las reuniones, ellos estaban involucrados unos con otros. Imagino que los hijos de los hermanos crecían juntos, jugaban juntos, en fin. Era un ambiente de familia, de amor, pero sobre todo de sacrificio del uno por el otro. Estos hermanos no estaban pensando en su prosperidad personal, al contrario, ellos pensaban en la prosperidad de todos juntos.

Por otro lado, cuando alguien tenía una necesidad, los hermanos, las familias, se levantaban y servían. No esperaban que otros lo hicieran, ellos no se quedaban mirando desde lejos esperando que otro supliera, al contrario, ellos se levantaban y servían a los demás.

“Servir a otros comienza por la actitud y después se convierte en acción.” Fíjese rápidamente en lo que nos dice Marcos 1:31. La suegra de Pedro estaba enferma y Jesús la sanó. Ponga atención a la actitud de esta señora.

Él se le acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Entonces se le quitó la fiebre y. Ella no se fue a mirar la televisión, no se fue de compras, no se fue a ver sus amigas. No, ella se levantó y les sirvió.

Esto es lo que Dios quiere que nosotros hagamos como iglesia, que al ver una necesidad nos levantemos y sirvamos. Entre los hermanos o entre nuestros amigos, que no nos quedemos esperando a que alguien haga algo, sino que nos levantemos y ayudemos, sirvamos, enseñemos a los demás a hacer lo que no saben hacer. Hoy en día, hay muchos hermanos y hermanas que han tomado este desafío de servir como algo fundamental en sus vidas. A estos siervos desinteresados, no les importa que les den las gracias o les retribuyan lo que hacen, porque no lo hacen para servirse a sí mismos, sino que lo hacen para servir a Dios y a los demás. Estos siervos han entendido el mensaje de Jesús que nos llama a servir y dar. Ellos y ellas no se esconden de los demás para que no les pidan ayuda. No esperan a que se les llame, ellos saben que deben Servir y dar, ellos entienden que servir y dar, no es un mensaje cliché, sino que es un mensaje de sacrificio, es un llamado a dejar nuestra comodidad y empezar a dar para los demás. Un llamado a suplir las necesidades en otros. Esperando que estén bien, que tengan lo necesario. No que nos den algo por servir, sino que ellos reciban lo que supla su propia necesidad.

El servicio a los demás tiene que estar enfocado en suplir una necesidad que los demás no pueden suplir, o que no saben suplir y necesitan ayuda para poder hacerlo.

Otra cosa que podemos apreciar en el pasaje de Marcos 10, es que JESÚS VINO A CUMPLIR CON UN DEBER SUPERIOR. Él estaba comisionado por Dios para servir y dar por los demás. Él no vino a este mundo para ser servido.

En una oportunidad se lo dejó muy en claro a uno de sus discípulos que intentaba defenderlo de la turba que lo venía a detener para llevarlo a la muerte.

¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones de ángeles? Mateo 26:53

Jesús no estaba desamparado. Él tenía autoridad, merecía ser servido, podía exigir el servicio de los demás, podía obligar a las personas a servirle. ¡Era rey!, ¡el hijo de Dios en persona!, pero sabía que su misión estaba sometida a una autoridad superior a la suya. Su misión estaba enfocada en suplir la necesidad de todos nosotros, de los muchos y no de la suya.

Es importante considerar esto, porque Dios no lo envió con la misión de que nos enseñara a servirle, al contrario, él vino comisionado por Dios para servirnos. Para sacrificarse por nosotros con el fin de que nosotros, los que hemos creído y puesto nuestra confianza en Él podamos recibir lo que necesitamos. No por uno o por algunos, sino que por muchos. No por los que le caían bien o simpatizaban con él, sino que por muchos. Esos muchos somos todos nosotros, los que buscamos a Dios porque nos hemos dado cuenta de nuestra necesidad del salvador. Nosotros somos parte de esos muchos por los que Jesús vino en rescate. Nosotros somos los incapaces de salvarnos. Nosotros somos las ovejas perdidas, desamparadas, desilusionados, agobiadas. Pero aparte de nosotros, hay muchos más que necesitan ser salvados por Dios y para hacer esto, Él nos ha elegido como sus instrumentos, como sus siervos. Todos nosotros somos siervos de Dios comisionados y encargados por Él para servir y dar por y para los demás. Nuestra vida ya no debe estar enfocada en nuestra prosperidad personal, en nuestra satisfacción personal, sino que en el bien de los demás. Todo lo que tenemos y lo que somos gracias a Dios tiene un propósito muy bien definido.  Servir y dar por y para los demás.

¿En que nos desafía todo eso? Primero, en que debemos cambiar nuestra manera de pensar en cuanto al servicio. Debemos poner el interés de los demás por encima del nuestro.

PREGUNTÉMONOS DE QUE MANERA PODEMOS LEVANTARNOS Y SERVIR A LOS DEMÁS. Recordemos que NOSOTROS ESTAMOS LLAMADOS A IMITAR LO QUE HIZO JESÚS.

Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes. Juan 13:15

Tomemos en cuenta que nuestro servicio personal es a Dios en primer lugar. Debemos alinearnos con él para saber cómo le podemos servir. Eso debe nacer de nuestra propia relación con Dios. Es algo íntimo entre él y nosotros. La oración, la meditación, el estar cercano al Señor puede revelar nuestro llamado, nuestro ministerio específico en el reino. Pero al margen de esto, todos nosotros somos llamados a levantarnos y servir a los demás.

Debemos dejar nuestra frialdad hacia los demás.

Hacia el Centro Mi Bendición. Hay mucha apatía hacia el Centro. Hay mucha desconexión hacia el Centro. Hay mucho egoísmo hacia el Centro. Mucha despreocupación hacia lo que ocurre ahí. Sin embargo, cuando algo nos parece inadecuado, somos los primeros en criticar lo que no se hace o lo que falta en el Centro. Esto es algo que debe parar. Todos somos llamados a servir y dar, no deberíamos esperar que se nos pida servir, al contrario, todos debemos estar dispuestos a servir y dar para nuestro Centro. Es que me queda muy lejos, gasto mucho en micro, no tengo mucha paciencia, es mejor que otros vayan y sirvan. Estas excusas solamente revelan egoísmo de nuestro corazón, apatía por las necesidades de los niños en el Centro. Si estamos teniendo estos pensamientos, debemos arrepentirnos y cambiar. Debemos ofrecernos para servir. Ofrecernos para dar. Cuando llega la invitación a un churrasco, a una celebración, no ponemos estas excusas para ir, ¿por qué? Porque vamos a recibir algo que nos gusta, algo que nos satisface. Pero no nos engañemos, cuando llenamos nuestra necesidad, en realidad no satisfacemos nuestra alma. El servicio a los demás si lo hace, si nos llena, si nos pone en una posición de amor por los demás y no por nosotros mismos.

Debemos dejar de pensar en los servicios de la iglesia como un momento de nuestra vida. Como un par de horas a la semana. La iglesia no es solo venir a escuchar un sermón e irse. Al contrario, la iglesia es nuestra familia. Es el lugar donde nos encontramos para saludarnos, para confraternizar, para enterarnos de cómo están los hermanos y hermanas que no vemos durante la semana. Es una visita familiar. El problema es que cada vez que nos reunimos, muchos de nosotros estamos pesando en irnos desde que llegamos. Estamos pensando en lo que vamos a comer, en el lugar donde iremos al terminar el servicio. Fijémonos un poco en lo que nos dice este pasaje de Hechos 2:46-47 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.

El templo era la casa de Dios, ellos creían que la presencia de Dios habitaba en él. Su centro estaba en el templo. Pero el resto de su vida, estaba con la familia de Dios. Estaba en las casas, donde juntos suplían sus necesidades espirituales, emocionales, relacionales, de cuidado, de guía, de amor, de apoyo, de sostén. Ellos no pasaban unas horas a la semana juntos, pasaban la vida juntos. ¿Cómo lo estamos haciendo nosotros?, ¿cuántos tiempos a la semana estamos pasando con la familia?, ¿Cuántos tiempos están teniendo los solteros para salir y compartir la vida juntos?, ¿cuántas nuevas relaciones entre miembros de la iglesia se están desarrollando cada semana?, ¿Cuánto estamos invirtiendo en que nuestros hijos se relaciones con hijos de otros discípulos?, ¿Cuánto nos interesa el bienestar de los más ancianos en la iglesia, de los más necesitados en la iglesia, de los vecinos que tenemos?, recordemos que la mejor manera de glorificar a Dios y de atraer a las personas al reino, no es mostrando una imagen de nosotros, sino que mostrándonos a nosotros y a nuestra relación con Dios. La gente que nos rodea, no será atraída a Dios por lo que tenemos, sino que por el interés que mostramos por ellos. Ese interés se muestra en nuestro servicio a los demás.

Debemos recuperar el espíritu de familia que nos ha quitado nuestro egoísmo. Debemos poner en práctica la hospitalidad, el sentido de compañerismo. El deseo de ayudarnos, de apoyarnos, de escucharnos. Debemos dejar de pensar en que venimos a la iglesia a lucir nuestra ropa o a mostrar lo bien que nos está yendo en lo que hacemos, al contrario, debemos venir cada día dispuestos a levantarnos y servir.

Debemos dejar de tener miedo a levantarnos y ayudar a alguien que no tiene Biblia para que pueda encontrar las escrituras, debemos dejar de estar echados al final del salón poniendo atención a las redes sociales en medio del servicio, debemos dejar de estar acomodados esperando recibir cuando lo único que debemos hacer, es levantarnos y dar para alguien que necesita. Si podemos ayudar, hagámoslo. No nos neguemos a hacerlo. Si vemos que algún padre tiene problemas con su hijo pequeño al final del salón, debemos dejar de mirarle con enfado, o pensar en lo indisciplinado que es el niño o lo descuidado que es su padre o madre. Al contrario, debemos levantarnos y ofrecernos para ayudar. Debemos siempre andar con algo para apoyar y servir al que está en incomodidad. Lo más fácil, es criticar, es hablar mal del otro, pero lo más desafiante es levantarse y dar. Levantarse y servir. Levantarse y amar, levantarse y ayudar a los demás.

Si no hay quien cuide a los niños fuera del salón, ofrezcámonos para hacerlo. Si no hay quien reciba a las visitas en la puerta, ofrezcamos para hacerlo. Si no hay quien pueda llevar a una hermana o familia a su casa, ofrezcamos nuestra ayuda.

No vengamos a la iglesia para lucir un atuendo, vengamos a la iglesia a dar, a compartir con nuestra familia. Vengamos a adorar juntos, a cantar a Dios. No vengamos en busca de un espectáculo, de una obra de teatro, de una dramatización, al contrario vengamos a la iglesia a dar. A sacrificar. A entregarnos por y para los demás. Esto es lo que hizo Jesús. Esto es lo que quiere de nosotros. Nos puso su ejemplo para que todos nosotros sirvamos a los demás.

No tengamos miedo de ofrecernos para liderar un grupo pequeño, al contrario, todos deberíamos buscar tener el corazón de abrir nuestras casas para iniciar grupos de conexión, grupos pequeños donde pasamos la vida juntos, donde nos protegemos, nos amamos. No deberíamos tener problemas para invitar a las solteras o solteros de la iglesia a pasar tiempo juntos, a salir con otras parejas de hermanos para ir al cine, para comer juntos, para construir relaciones juntos. Debemos dejar de pensar que las citas de solteros son para enamorar o para casarse, al contrario, son instancias, son juntes para conocer a los demás, para cuidarnos de las malas influencias. Aun cuando muchas personas pueden decir que nos así, la mujer anhela ser tratada con respeto, con pureza, con cariño por los hombres y este tipo de relación no se construye a distancia, se construye entre solteros cristianos. Hermanos, debemos reactivar las salidas entre solteros y solteras de la iglesia. No tiene por qué ser un tiempo aburrido, al contrario debe ser un tiempo de mucha diversión. Un tiempo para dar, para servir al otro, para mostrar a Jesús.

  • ¿Qué puedo hacer por los demás, para ayudarles a estar bien, a tener éxito en sus vidas?
  • ¿Qué necesitan los demás de mi diariamente que no quieren pedir?
  • ¿En qué puedo crecer personalmente para ayudar mejor a los demás?

Nuestra vida cristiana se trata de la gente a la que servimos. Que puedo hacer para que los demás sean exitosos, suplan sus necesidades, aprendan a usar sus recursos.

Si tiene un don, y todos tenemos uno. Sirva con ese don a la gente. No lo guarde para usted o para su familia. Entréguelo a la iglesia. Sirva a los hermanos.

Tome la iniciativa para servir. Jesús vino al mundo, no fue obligado a venir. Él quiso. Quiera servir, luego hágalo. Muchas personas esperan que se les pida hacer algo. Y hasta que no se lo piden, no hacen nada. No seamos de los que esperan, seamos de los que toman la iniciativa. Por ejemplo, si usted es una de las personas que espera que alguien le llame cuando tiene una necesidad, y critica constantemente a la iglesia o a los hermanos porque no le llaman, haga lo contrario, no espere a que le llamen llame usted, llamemos nosotros. Preguntemos como están, como se sienten, a veces no es necesario esperar a vernos físicamente o coordinar un tiempo en la semana para solamente preguntar cómo estamos. Ser práctico es un mensaje claro de que estamos ahí.

Hablaba hace unas semanas con un amigo en Chile y él me daba gracias por mantener a flote nuestra amistad, por estar siempre con él. Y no es que todo el tiempo estemos hablando, pero una vez a la semana o cada dos semanas, le estoy escribiendo por WhatsApp, enviándole un mensaje para saber de él, de su familia, de su vida. Y aunque a veces se tarda en responder o hablamos en persona una vez cada año, él siente que yo estoy a su lado. Que puede contar conmigo. No se trata de hacer grandes cosas, solo una que muestre interés por el otro. Esto es servir.

Esta semana mis queridos hermanos y amigos, no esperemos a que se presente la oportunidad de servir, no esperemos el llamado a servir. Esta semana, levantémonos y sirvamos.

  • Haga el ejercicio de escribir 5 nombres en su agenda de hermanos o amigos a los que llamará y les preguntará como están y en que les puede servir.
  • Renueve su lista cada semana y hágalo al menos durante un mes.
  • Estoy seguro que al terminar el mes, no tendrá tiempo para criticar lo que le falta o para preocuparse de sus necesidades porque estará tan lleno de gratitud a Dios por lo que tiene y por lo que ha podido dar que su corazón estará mucho más feliz que hoy día.

Albert Schweitzer: «No sé cuál será su destino, pero una cosa sé: los únicos de ustedes que serán realmente felices serán quienes hayan buscado y hallado cómo servir».

Dios les bendiga

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