Sermones

Llamados a la santidad. Santiago 4:4

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17 de febrero de 2021
Santiago 4:4; 1 Juan 2:15; Romanos 8:7; 2 Timoteo 4:10; Mateo 6:24 / 1 Pedro 1:13-17
#627

17 de febrero de 2021
Santiago 4:4; 1 Juan 2:15; Romanos 8:7; 2 Timoteo 4:10; Mateo 6:24 / 1 Pedro 1:13-17
#627

El domingo pasado mencionamos que la primera cosa que aprendemos al momento de acercarnos a Dios, es que debemos romper nuestra relación con el mundo. Claro que esto no se refiere a que debemos apartarnos de las personas que nos rodena y alejarnos de todos. Esta no es la idea. Pero lo que si debemos hacer, es marcar un límite claro entre lo que es del mundo y lo que es de Dios.

Esta separación debe ser intencional y no debe tomar tiempo.

Santiago 4:4 nos dice lo siguiente: ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.

La palabra amistad proviene del amor filio. Amor de amigos o hermanos. Es un tipo de amistad muy cercana y del tipo emocional. Por otro lado, la palabra amor nos habla de una relación mucho más profunda. Cuando hablamos de amistad filial, lo relacionamos mucho con la emoción. Cuando hablamos con la amistad de amor. Lo relacionamos con la voluntad. Es decir, si nosotros amamos al mundo, al sistema del mundo con todo lo que hay en él. Materialismo, impurezas, malas motivaciones, malas costumbres, y muchas otras cosas más, entonces nos volvemos enemigos de Dios. Porque no podemos ser amigos de Dios y del mundo al mismo tiempo.

El apóstol Juan también nos dice: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.” 1 Juan 2:15

Nuevamente Juan nos llama a apartar nuestro corazón de las cosas del mundo. El sistema del mundo es algo que está en contra de Dios. No podemos vivir unidos a Dios, si nuestro corazón está dividido.

Apartarnos del mundo, implica santidad. Santidad implica separación. Debemos separar nuestros corazones del sistema mundano.

2 Corintios 6:14-18

No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? 15 ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? 16 ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». Por tanto, el Señor añade: 17 Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro,    y yo los recibiré».18 «Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso»

Como cristianos, no podemos dejarnos llevar por la influencia del mundo. Si lo hacemos, entonces estamos sometiéndonos a un yugo desigual como veíamos el domingo.

No podemos formar yunta con los incrédulos. Porque no tenemos nada en común con ellos.

¿Qué quiere decir que no tenemos nada en común con los incrédulos? Que hemos sido apartados por Dios para vivir una vida diferente a la de ellos. Fuimos apartados para ser santos. Para vivir en santidad.

Ser santos, ¿Es vestirse de una forma diferente?, ¿es hablar de una forma diferente?, pues la verdad, es que la santidad es un estilo de vida que implica estas cosas y mucho más.

¿El cristiano se viste de una manera diferente a los demás? Si. Porque se viste en primer lugar para Dios. Al vestirse para Dios, el cristiano evalúa si la ropa que usa glorifica a Dios o al mundo. Y evalúa, porque en primer lugar, antes de vestirse por fuera, se viste por dentro. No se trata de ser aburrido o desabrido al vestirse. Si no que se trata de pensar en primer lugar, para quien se viste. El cristiano en general, debe pensar que nunca está solo, que siempre está con Jesús y que él le mira.  

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; 20 fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. (1 Corintios 6:19)

Honren con su cuerpo a Dios. Esta es nuestra prioridad.

A esto se refiere también el apóstol Pablo y el apóstol Pedro al decirnos que debemos revestirnos.

Romanos 13:14 Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.

Colosenses 3:12 Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia,

1 Pedro 5:5 Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato mutuo, porque «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes».

Revestirnos, implica ponernos un atuendo diferente. Que refleje el carácter de Cristo en nosotros.

Romanos 12:2 y 1 Pedro 1: 14 hacen referencia a no amoldarse al mundo actual y por otro lado no amoldarnos a los malos deseos que teníamos antes.

Pedro es su 1 carta nos llama a ser santos como Dios es santo. 1 Pedro 1:13-17

Hermanos, debemos vivir cada día como personas diferentes al resto. En nuestra manera de vestir, de hablar, de comportarnos. Debemos poner límites a las relaciones que formamos con personas que no son cristianas. No debemos involucrar el corazón en relaciones que no traen gloria a Dios. Debemos invertir en relaciones que si le dan gloria. Con hermanos y hermanas en la fe. Cono personas que buscan a Dios en primer lugar y que le aman.

Por otro lado nuestro comportamiento no debe ser igual al comportamiento del mundo. Recuerden que nosotros somos luces para los que andan en tinieblas. Pero si nuestra luz es oscura, entonces como podremos enseñar el camino a los que están perdidos.

Esta semana nuevamente debemos evaluar nuestro compromiso con el Señor. ¿El mundo es más fuerte en nosotros ahora que antes? O es al revés. Nuestros corazones están más ligados al mundo que al Reino de Dios, entonces debemos desafiarnos a cambiar. Poner límites, establecer parámetros, actuar con inteligencia.

Para terminar, pensemos y evaluémonos en base a lo que nos dice Jesús en Mateo 6:24

Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.

Es imposible que seamos verdaderos cristianos, si entregamos nuestro corazón al mundo y luego a Dios. Es imposible, porque menospreciaremos a uno y amaremos al otro.

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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