Sermones

Mostrando arrepentimiento. Lucas 3:10-14

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Pasajes central: Lucas 3:10-14.
Escrituras de apoyo: Hechos 17:30/ Mateo 3:2; 4:17/ Santiago 2:26; Hechos 26:19-20/ 2 Corintios 13:5 / 1 Juan 3:18; 24; Hebreos 3:12 / 1 Juan 5:1-2. Escrituras mencionadas: Hechos 2:38 / Hebreos 2:1
07 de febrero de 2021
#625

Una de las cosas que nos ayudan a volver a las bases, es el arrepentimiento. El arrepentimiento ha sido un mensaje tanto del antiguo Testamento como del Nuevo. Si pasamos tiempo estudiando a los profetas, por ejemplo, nos encontraremos con un continuo llamado al arrepentimiento. Dios siempre ha buscado que su pueblo se arrepienta y regrese a su camino. El Nuevo Testamento enseña lo mismo. Con la inclusión de que todas las personas hoy en día tienen la oportunidad de arrepentirse y volverse a Dios para que Él haga su obra en cada persona.

Pues bien, Dios pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan. Hechos 17 :30

Dios manda a todos en todas partes que se arrepientan. Cualquiera que no quiera tomar en cuenta este mensaje, se encuentra en rebeldía delante de Dios.

Por otro lado, desde Juan el Bautista, el llamado al arrepentimiento ha sido muy claro.

Decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». Mateo 3:2

Y más tarde Jesús, al volver del desierto, empezó a predicar lo mismo. Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». Mateo 4:17

Lucas nos dice que después de la resurrección Jesús se aparecía los discípulos y les dijo: “Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día, 47 y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén.” Lucas 24: 46-47. Cosa que empezó a ocurrir en Pentecostés con el inicio de la iglesia en Hechos 2:38.

El arrepentimiento es la clave que nos permite acceder a una relación correcta con el Señor.

Sin arrepentimiento no hay perdón de pecados y sin perdón de pecados, no hay salvación. El arrepentimiento es absolutamente necesario para entrar en una relación con Dios.

¿Qué tipo de evidencia sustenta un arrepentimiento genuino?

Lucas 3:10-14 nos da algunas ideas acerca de esto.

¿Entonces qué debemos hacer? —le preguntaba la gente. 11 —El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —les contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo.12 Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara. —Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —le preguntaron.13 —No cobren más de lo debido —les respondió.14 —Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —le preguntaron unos soldados. —No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan.

Lucas nos dice que la evidencia se mostraba en las acciones, en la actitud de las personas. Ayudar a las personas necesitadas (11). No cobrar de más, es decir, no abusar de la gente, no robarles, no ser corruptos (13). No acusen falsamente a las personas, ni saquen partido de ellas. Estén conformes con lo que ganan (14)

En cada uno de estos casos, el mensaje enfocó la mirada en el corazón de estas personas. En su motivación para hacer las cosas, para tratar con la gente. Jesús pidió una actitud desinteresada y generosa con el prójimo. Pero los frutos de un arrepentimiento van más allá de algunas acciones importantes. Los frutos del arrepentimiento demuestran un cambio en nuestro carácter, que demuestra una diferencia en la forma en que vivimos. Santiago escribió: “La fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26). Así mismo, el arrepentimiento que no produce obras es estéril, es decir, no es verdadero arrepentimiento.  Una persona que realmente se ha arrepentido, nunca permanece sin cambios. El Espíritu Santo lo transforma de manera constante, porque su fe le lleva a imitar a Jesús y haciendo esto, experimentamos transformación.

Pablo declaró en Hechos 26:19-20 “Así que, rey Agripa, no fui desobediente a esa visión celestial. 20 Al contrario, comenzando con los que estaban en Damasco, siguiendo con los que estaban en Jerusalén y en toda Judea, y luego con los gentiles, a todos les prediqué que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, y que demostraran su arrepentimiento con sus buenas obras.” O como dice la versión de las Américas:haciendo obras dignas de arrepentimiento.”

Cada uno de nosotros debemos hacernos un autoexamen como lo recomienda Pablo en 2 Corintios 13:5. “Examínense para ver si están en la fe”. Una de las primeras evidencias en nuestras vidas de que hemos sido salvados por Dios y que tenemos la seguridad de esta salvación en nuestra vida, es el arrepentimiento constante y sus frutos en nuestro vivir.

Hay tres áreas en que podemos mostrar que hemos experimentado arrepentimiento genuino y que Dios está obrando en nosotros por medio de su Espíritu Santo.

  1. Nuestro comportamiento
    1. 1 Juan 3:18 “Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.”
      1. No solo de palabra ni de labios para afuera. Esto es lo contrario a la hipocresía. A decir que amamos, pero en realidad odiamos a los demás.
      1. Como cristianos arrepentidos, ya no debemos formar relaciones en base a mentiras o a querer agradar a los demás. Al contrario, el arrepentimiento lleva a nuestros corazones a ser sinceros, honestos, íntegros con nuestras relaciones.
      1. El engaño, no debe ser parte de lo que construimos, sin dobleces.
  2. Nuestro compromiso con Dios
    1. 1 Juan 3:24 “El que obedece sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. ¿Cómo sabemos que él permanece en nosotros? Por el Espíritu que nos dio.”
    1. Un cristiano que ha experimentado el verdadero arrepentimiento permanece con Dios, no se aparta de él, sino que busca mantenerse constante en su relación con el Señor. La falta de arrepentimiento puede llevarnos a caer en pecado y pervertir nuestra conciencia, llegando al punto de no sentir dolor por nuestras faltas.
      1. Hebreos 3:12 “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo.”
      1. incredulidad proviene de nuestra falta de arrepentimiento, que nos lleva a endurecer el corazón.
  3. Nuestro amor por los hermanos
    1. 1 Juan 5:1-2 “Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios.”
    1. Como cristianos, nuestra mente y pensamiento cambia en cuanto a como empezamos a mirar a nuestros hermanos en la fe.
    1. Ya no tenemos una relación con gente desconocida, sino que, por el hecho de ser hijos de Dios, compartimos con todos los demás hijos de Dios una relación espiritual y profunda.
    1. Debemos mirar y valorar a todos nuestros hermanos como Dios los valora.
    1. No importa si son nuevos o antiguos en la fe, si conocen mucho de las escrituras o si conocen muy poco. Si tienen la misma educación que nosotros o tienen mas o menos educación. Si tienen o no tienen dinero, si son pobres o ricos. Todos somos uno en Cristo y por ende debemos amarnos unos a otros, porque de esta manera mostramos que somos hijos de Dios y que le amamos y amamos a su familia.

Recordemos que la salvación no es algo que depende de nosotros, pero si nos descuidamos, como veíamos la semana pasada en Hebreos 2:1 podemos correr mucho peligro al dejar que nuestros corazones sean arrastrados por el engaño del mundo.

Por esta razón, debemos auto examinarnos, realizarnos una evaluación exhaustiva de nosotros y de nuestra fe, pero mirando al Señor como modelo. Debemos dejar de comparar nuestra fe con la de los demás. Nuestra fe no depende de lo que hagan o no hagan las personas, sino que depende de lo que vemos que hace Jesús y de imitarlo en todo lo que vemos.

Esta semana, busque pasar un tiempo profundo con Dios y autoevalúese delante de él. Comparta sus conclusiones con su discipulador, con su pastor de grupo o con algún hermano de confianza que le pueda ayudar en el proceso que usted necesita. Tome como referencia lo que hemos aprendido hoy y compare su comportamiento, su compromiso y su pensamiento con el que Jesús tiene. Luego sea honesto, no necesita fingir delante de Dios. Él está preparado para escuchar lo que tenga que decirle.

Oremos

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