Sermones

No cedas ante la tentación

23 de enero de 2022

#655

Una de las cosas con las que más tenemos que lidiar los cristianos, es con la tentación.  Cada día nos enfrentamos a la cruda realidad de que el mundo y su influencia luchan contra nosotros los cristianos. Luchar con el pecado y la tentación, así como buscar cada día un mayor compromiso con nuestra obediencia a Dios y a su Palabra, es un proceso que se va desarrollando de manera gradual. La tentación de caer en pecado, incluido el pecado sexual, no es algo extraño para los creyentes. El mismo apóstol Pablo describe su propia lucha con el pecado en Romanos 7:14-25. En esta, nos relata cómo se da cuenta de que en su interior experimenta una lucha donde se identifica como esclavo del pecado. “Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado.” (Romanos 7:14). Si bien, su lucha y la nuestra es constante. Esto no significa que debamos ceder ante la tentación. Al contrario, Dios nos ha dado las herramientas suficientes para luchar y ganar la batalla contra este. La meditación en la Palabra, la Devoción a Dios y la obediencia, el compañerismo cristiano, la oración, la confesión de pecados, el enfoque evangelístico, son herramientas que Dios nos ha dado para luchar contra la tentación y vencerla. No podemos luchar y vencer si no conocemos la Palabra de Dios y meditamos en ella día a día. Recuerde lo que Dios le ordeno a Josué para que fuera exitoso en su liderazgo del pueblo de Israel. Josué 1:7-8 “Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas. 8 Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.”

Dios no le ordenó a Josué leer la Biblia o pasar un tiempo en ella. Dios le ordenó obedecerla, no apartarse de ella para nada. Recitarla y meditar en ella en todo momento y cumplirla. Esto no se parece en nada a simplemente leer un pasaje y tener algo para compartir con los demás. Esto es más bien una declaración de propósito. ¿Quieres que te vaya bien en la vida?, ¿quieres tener éxito dondequiera que vayas? Entonces considera la Biblia como un tesoro, no solo leas, obedécela, aférrate a ella, recítala, medita en ella siempre y cúmplela.

Esta es la manera en que la Palabra de Dios habitará en nuestro corazón y nos sostendrá en medio de las tentaciones. Es imposible o casi imposible que un cristiano que lleva esta dirección en su vida, ceda ante la tentación. Lo vemos en el ejemplo de Jesús en Mateo 4 donde es fuertemente tentado por Satanás para que aparte su confianza de Dios y la ponga en el enemigo. Jesús lucho, se defendió con argumentos espirituales. Y venció con ellos. Muchos cristianos honestos creen que pueden hacer frente a las artimañas del diablo, a sus engaños, a sus mentiras con solo buena voluntad o buenas intenciones, pero no es así. Para vencer la tentación y derrotar al pecado, debemos luchar con nuestra única arma de defensa y ataque. La espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. (Efesios 6:17). No hay más. No hay otra forma de vencer.

Queridos hermanos, hoy más que nunca en la historia del cristianismo nos vemos enfrentados a un sinnúmero de tentaciones inherentes a la época. Antes para mirar pornografía, las personas tenían que comprar revistas o alquilar videos. Hoy, solo basta con un par de clics y ya se pueden mirar miles de páginas que contienen este tipo de imágenes. E incluso se puede escuchar música con canciones sexualmente implícitas en ellas. Las relaciones extramaritales, el matrimonio de personas del mismo sexo, la promiscuidad tanto en pensamiento como en obra es aceptada casi por cada país del mundo como algo normal. El mundo ha normalizado lo que para Dios no es normal. Y el mayor problema que nos aqueja, es que la iglesia en general ha empezado a normalizar y aprobar la conducta del mundo. La pureza, la santidad, el compromiso marital, ya son tema de un mundo antiguo y obsoleto, que cada día está siendo cambiado por un pensamiento cada vez más liberal o libertino y contrario a la doctrina de Dios. La inmoralidad sexual está arrasando en cada clic que una persona da en la red. Las tentaciones de apartarse del camino de Dios son como una epidemia. Un virus que avanza constantemente y muta a medida que las personas van abriéndose a la opción de experimentar cada vez un poco más de lo que el mundo les puede ofrecer. El cristiano, hoy más que nunca en la historia debe luchar contra un virus mortal, que pervierte a los más ingenuos. A los que se creen más sabios e inteligentes y los convierte en esclavos de la naturaleza pasional del mundo. El humanismo tiene gran aceptación en casi cada círculo de la vida. Sin embargo, y en contra de cualquier creencia que pueda tener el mundo, Dios continua llamando a su pueblo a ser santo, a ser puro, (Efesios 5:3-17; 1 Tesalonicenses 4:3-7) a brillar en medio de la insensatez de la humanidad que lucha por imponer sus pensamientos egoístas y desenfrenados antes de rendirse humildemente a Dios que le da la oportunidad de alcanzar la salvación eterna. (Mateo 5:13-16).

Los cristianos no somos inmunes a las tentaciones de la lujuria o del pecado sexual. La impureza en pensamientos y acciones es totalmente opuesta al propósito de Dios para nuestras vidas y nos trae consecuencias devastadoras a futuro. Dios quiere que seamos Santos como Él. No que seamos contrarios a Él en nuestro estilo de vida. Nuestras acciones deben reflejar una lucha constante contra el pecado. No podemos ceder ante la tentación y ofender a Dios con nuestras acciones.

Debemos luchar contra el pecado, venciendo la tentación, para que esta no genere la devastadora consecuencia del pecado en nuestra vida.

Los cristianos somos responsables de vencer la tentación. Porque esta nace dentro de nosotros.

Que nadie, al ser tentado, diga: «Es Dios quien me tienta». Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. 14 Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. 15 Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte. (Santiago 1:13.15)

Tenemos la costumbre de culpar a los demás por lo que hacemos. La culpa es de Dios. La culpa fue de ella o de él. Siempre hay una excusa convincente para hacernos creer que pecamos debido a la responsabilidad de otros. Sin embargo, el pecado es personal. Es una decisión consciente de algo que se ha planificado durante un tiempo. Nadie engaña a su cónyuge, o roba a su vecino, o miente solo por hacerlo. Al contrario, todo nace de una tentación interior que nos impulsa a cometer el acto. Pero depende de nosotros vencerla. Y apagar su fuego. Santiago habla de esta progresión. Nuestros malos deseos nos arrastran y seducen. Cuando hacemos caso a ellos, este concibe y engendra el pecado. Y una vez que este se ha desarrollado, da a luz la muerte. Y esta muerte nos separa de Dios.

La batalla se libra en nuestra mente y es nuestra responsabilidad ganarla.

Nuestro corazón, nuestra mente es el primer campo de batalla donde debemos luchar con todo lo que tenemos para defendernos y vencer la tentación a pecar. Para esto, debemos ser renovados en nuestra mente, es decir, tener un corazón nuevo para poder recibir de parte de Dios la influencia de su Espíritu Santo. Sin ese corazón nuevo, es imposible luchar contra la tentación, porque el corazón que no se ha convertido a Dios, está muerto, está seco, está duro debido a su depravación.  En la parábola del sembrador Jesús hace referencia a este corazón duro diciendo lo siguiente: “Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón
y se convertirían, y yo los sanaría”. (Mateo 13:14-15). El problema de la mayoría de las personas que no quieren obedecer a Dios, no es su falta de inteligencia o preparación intelectual, su mayor problema es su ignorancia de Dios. Y esta ignorancia les hace caer en el grado de insensatos, necios y torpes. Quien no está unido a Dios, esta esclavizado al pecado y no puede darse cuenta porque vive engañado por este. Ha normalizado el pecado y la vida inmoral, ahora le parece correcta y adecuada a la época. Si no hemos experimentado la conversión, nuestro corazón no está preparado para vencer, porque ha sido vencido, pervertido por el mundo y no tiene los recursos para luchar. Lo primero que debemos hacer para vencer la tentación, es volvernos a Dios para que su poder nos libere del pecado y de la muerte.

Luego como nos dice Proverbios 4:23 en la traducción en lenguaje actual “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida.” debemos cuidar nuestro corazón, nuestra mente, porque de él mana la vida. Porque si perdemos la batalla en ella, entonces el pecado ha entrado y nos ha causado la muerte.

Un hombre que definitivamente es un ejemplo en la lucha contra la tentación es José. Génesis 39 nos relata parte de su vida y de su lucha en contra del pecado, hasta el punto de ser marginado por los demás a causa de su negativa a pecar. El versículo 9 nos muestra la clave que un hombre o mujer de Dios tiene para vencer la tentación y el pecado. ¿Cómo  podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?

José temía a Dios. Su corazón estaba convertido al Señor. Su vida estaba sometida a su voluntad. Su presente y su futuro estaban puesto en las manos de Dios. Aun sus necesidades físicas estaban puestas en manos de Dios. Entendía las consecuencias del pecado. Sabía lo que podría experimentar si se atrevía a ceder un centímetro de su integridad ante la tentación. Y a pesar de que debido a su negativa fue expuesto a la cárcel, él no cedió ni un milímetro de su integridad.

Queridos hermanos, al igual que José, que Pablo, que nuestro Señor Jesús. Todos y todas, estamos llamados por Dios a no ceder, a no dejarnos arrastrar por la tentación del pecado. A dominar nuestras pasiones y someter nuestros pensamientos y deseos ante Dios.

Si es soltero y está luchando contra la tentación de abandonar a Dios, de tomar un tiempo para experimentar el mundo y luego volver al Señor. No lo haga, no deje a Dios por el solo hecho de llenar un vacío emocional o un deseo físico o sexual. El costo de hacerlo, la consecuencia de hacerlo es demasiado alta y dolorosa. Si es casado o casada y está siendo atraído o atraída a engañar a su cónyuge, deténgase antes de hacer cualquier cosa. No se deje llevar por la emoción. Por la aventura, por la excitación de hacer algo indebido, porque el pecado parece dulce al principio, pero después deja una amargura que resulta muy difícil de quitar. Un sabor amargo que no se termina a pesar de todo lo que hagamos.

No cedas ante la tentación. Busca agradar a Dios. Vuélvete a Él, restaura tu vida. Convierte y deja que Dios te salve.
Dios le bendiga

Oremos

Guía de estudio

  1. ¿Por qué los cristianos debemos lidiar con la tentación? Analiza Romanos 7:14-15
  2. ¿Qué herramientas tenemos para luchar contra la tentación? Considera Josué 1:7-8; Mateo 4:1-11; Efesios 6:10-20)
  3. ¿Qué tentaciones enfrentas hoy y como puedes vencerlas? Desarrolla una estrategia de guerra. Usa las herramientas que ya tienes.
  4. Ser responsables de nuestro cuidado espiritual es la clave del éxito en tu vida cristiana. ¿Estas consiente de Santiago 1:13-15? Tu responsabilidad de no pecar inicia enfrentando la tentación. Habla de ella y quítale el poder.
  5. Analiza Proverbios 4:23 considerando los versículos 20-22 y 24-27. ¿Qué papel juegan en el cuidado de tu corazón?

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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