Sermones

No te rindas, aunque las cosas vayan mal

10 de sept.-22

#672

Una de las cosas que constantemente atacan mi vida fuertemente, es el desánimo. Creo que les he comentado que hay un día de la semana en que mi ánimo tiende a bajar, e incluso he pasado por estados de ánimo bastante deprimentes. Generalmente me pasa los días lunes. He leído que muchos pastores y ministros amanecen el lunes con un fuerte sentimiento de tristeza o angustia. Incluso hay quienes enfrentan estados de ansiedad muy fuertes en estos días. Hace unos meses hablaba con un ministro que hace muy poco dirige una pequeña iglesia y me comentaba acerca de lo frustrado y desanimado que se encontraba. Le pregunte cada cuanto tiempo se venía sintiendo así, para analizar si era algo más preocupante y resultó que después de su servicio de domingo, empezó a sentirse muy desanimado y ansioso. Le hable del síndrome del día lunes y empezó a encontrar sentido a lo que le pasaba. Curiosamente hace casi un año conversaba con otro ministro mucho más maduro que yo en el ministerio y este también había enfrentado el desánimo especialmente el día lunes de la semana. Había pensado en renunciar a su trabajo de  pastor y se sentía mal con la iglesia. En fin, los ministros nos vemos afectados constantemente con el desánimo y debemos luchar mucho para poder salir de estos estados negativos. Pero no solo los ministros enfrentamos esto, todos nosotros en algún momento de nuestra semana o vida enfrentamos el desánimo y nos llegan las ganas de renunciar al trabajo, de abandonar la carrera, de arrancar de la casa, de terminar el matrimonio, e incluso de quitarnos la vida.

El desánimo, es algo que todos enfrentamos.

La Biblia nos habla mucho sobre el desánimo. Por ejemplo, hacen unas semanas atrás veíamos como Moisés estaba tan agobiado por su rol de liderazgo del pueblo, que le pidió a Dios que le quitara la vida.

En varias ocasiones Dios tuvo que animar al pueblo para que no se desalentara debido a lo que enfrentaba.

Salmo 27:14 Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor!

31:24 Cobren ánimo y ármense de valor, todos los que en el Señor esperan.

2 Crónicas 32:7 «¡Cobren ánimo y ármense de valor! No se asusten ni se acobarden ante el rey de Asiria y su numeroso ejército, porque nosotros contamos con alguien que es más poderoso.

 Deuteronomio 31:6 Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará».

Cuando Dios escogió a Josué para que reemplazara a Moisés liderando al pueblo, una de las cosas que más resaltan fue su llamado a no desanimarse. Josué 1:9 Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas».

No se trata de si alguna vez nos desanimaremos, sino de que haremos cuando lo enfrentemos.

¿Qué es el desánimo?

Es la falta de ánimo, fuerza o energía para hacer, resolver o emprender algo.

Proverbios 17:22 nos dice: No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres. Cuando se pierde el ánimo, todo el cuerpo se enferma. (TLA)

Esto es precisamente lo que ocurre cuando estamos desanimados. Se pierde el ánimo, no dan ganas de continuar, bajamos los brazos.

Un momento en que generalmente nos ataca el desánimo, es en la mitad de lo que estamos haciendo. ¿Se ha dado cuenta de que al empezar un proyecto nuevo, estamos muy animados con lo que hacemos? Estamos llenos de esperanza, de alegría, de fe, no hay nada que nos impida seguir trabajando o construyendo lo que iniciamos. Pero cuando estamos a la mitad de lo que hacemos generalmente nos afecta el desánimo. Recuerdo que cuando estaba a la mitad de mi Licenciatura en Teología, empecé a estudiar hebreo. (Vencho entenderá esto ya que él está estudiando lo mismo que yo estudie y en el mismo lugar). (Mostrar el alfabeto hebreo). Al principio estaba muy animado debido a que podría conocer la lengua en que se escribió el Antiguo Testamento. Era desafiante y al mismo tiempo motivo de orgullo. No todos pueden aprender hebreo. Pero a la mitad del camino, empecé a pensar que no podría pasar el curso. Estaba cansado de estudiar hasta las dos o tres de la mañana para aprenderme las letras de memoria. Tomé varias tarjetas y escribí cada letra una por tarjeta y cada noche que estudiaba, le pedía a mi esposa que me tomara las letras para saber si me las había aprendido. Pero cuando llegaba a la clase, se me olvidaban las letras y no me podía memorizar el alfabeto completo. Esto me frustraba mucho y me hizo dudar de mi capacidad para estudiar. Me afectó el no poder aprender el alfabeto. Sin el alfabeto, no podría armar las palabras y mucho menos entender y pronunciar. Entonces me di cuenta de que todo el ánimo inicial había empezado a disminuir y comencé a mirar el lenguaje como algo inalcanzable. Era demasiado para mí. Recuerdo que hable con mi profesor y le dije que pensaba abandonar la carrera, porque no podía con el curso. El me animo a seguir y me ayudó mucho para poder salir adelante, mi esposa también lo hizo, pero el sentimiento de desánimo era tan fuerte que estuve a punto de renunciar. Sin embargo, Dios me ayudó y al final pude terminar el curso en sus dos etapas y finalicé mi carrera. Pero no fue fácil porque a la mitad es cuando uno se encuentra más vulnerable. Claro que hay personas que se desaniman mucho antes de la mitad, pero la mayoría nos enfrentamos a esta crisis de inseguridad a medio camino.

El pastor Rick Warren menciona en uno de sus sermones que de hecho inspiró también mucho de este que es a la mitad de una travesía en bote donde se siente el desánimo. Cuando uno está en medio del lago y no puede ver el lugar de partida o de llegada. Es en ese momento donde el cuestionamiento comienza. O cuando se está subiendo una montaña y de pronto uno se detiene a la mitad para mirar lo que le falta por llegar a la cima y lo que ha subido. Es en ese momento donde empieza la pregunta, ¿seré capaz de llegar?, ¿quizás fue un error hacerlo?, pero aún hay tiempo para desistir, puedo regresar, puedo dejar de luchar…

Todos hemos pasado por esto.

Hay cuatro razones por las cuales podemos desanimarnos:

  1. El agotamiento. Una de las cosas que más nos afecta el estado de ánimo, tiene que ver con nuestro cansancio. La falta de descanso. El dormir las horas suficientes. El estar relajado y no agobiado por la gran cantidad de responsabilidades que nos afectan.
    1. Hay quienes atentan contra el descanso, a quienes les parece una pérdida de tiempo pasar tiempo descansando, sin embargo, Dios no solo ordenó el descanso para el pueblo, sino que también lo tomo. Al terminar la creación de la que nos habla Génesis, Dios descanso. También ordeno a su pueblo en el Antiguo Testamento dejar un día para el descanso, con el fin de que pudieran enfocarse en Dios por completo. Pero también Jesús, llevo a sus discípulos para que descansaran en medio de todo el ajetreo que vivían.
    1. La falta de descanso nos puede provocar desánimo. Nos falta fuerza, nos falta visión, nos confundimos al tomar decisiones. El exceso de cansancio es perjudicial para la salud en todo sentido. Hay estudiosos que mencionan que las horas que no se duermen durante la noche, no se recuperan. Que vamos creciendo mientras dormimos. En fin, la falta de descanso provoca muchos problemas a nuestra vida y llega a desalentarnos.
  2. La frustración
    1. Cuando estamos a medio camino de lo que hacemos y por alguna razón, no podemos continuar trabajando en esto. Cuando nos faltan los recursos, cuando se enferman las personas que nos estaban ayudando, cuando tenemos que parar porque hay razones que nos impiden crecer o avanzar.
    1. Puede que nos enfermemos o que no podamos resolver algún problema.
  3. Dudar de nuestras habilidades
    1. ¿Te ha pasado que llegas a un punto de lo que estás haciendo y de repente empiezas a pensar que no puedes?
    1. Cuando estamos estudiando y nos damos cuenta que no podemos o que algo nos limita. No puedo seguir, estoy cansado, estoy dolorido, no puedo bajar de peso, no puedo memorizar las escrituras, no puedo lidiar con mi matrimonio, no puedo ayudar a mi esposa a mis hijos. No debí haber empezado esto, otro debió hacerlo. Debí haber escuchado a mi padre, a mis amigos.
    1. No debí casarme, no debí tener hijos. Es mucha responsabilidad para mí…
    1. ¿Cómo manejamos el fracaso?
      1. ¿Somos de los que empezamos a quejarnos y a dejar todo a medias?
      1. O empezamos a culpar a los demás por lo que no nos resulta
      1. O somos de los que nos llenamos de autocompasión y empezamos a llorar y a quejarnos de nosotros mismos.

El fracaso es parte del Éxito. Un poco de fracaso no nos hace mal, al contrario, las personas más exitosas han vivido el fracaso y han aprendido de el. El fracaso no es negativo, no nos gusta, pero si lo tomamos y aprendemos entonces podremos contar con la experiencia para emprender algo más adelante.

  • Cuando el desafío parece más grande
    • Ser padre es una de  las tareas más difíciles que alguien puede experimentar. Es precioso ser padre, pero es difícil. Recuerdo que cuando recibimos la noticia de que seríamos padres, estábamos muy animados y felices, pero ocurrió un día por la mañana en que estaba en clases y de repente sentí que un balde de agua fría me caía encima. Fue el momento en que tomé en serio la paternidad. Sentí miedo, sentí angustia, y pensé en que desde ese momento en adelante, una vida dependería completamente de mí y esto me trajo ansiedad. Ya no éramos mi esposa y yo y nuestras cosas, sino que ahora sería el padre de una pequeña que dependería de mi hasta que Dios me de las fuerzas y pude ver que el desafío era grande.
    • Pero qué hay de quienes están casados y empiezan a notar que el matrimonio  no es como lo pensaron. Que es muy exigente, que les quita su libertad, aunque no es eso lo que nos quita, sino que nos hace notar lo egoístas que somos y nos llama a dar más. Pero en fin, ¿qué tal cuando la carrera se hace difícil?, cuando ser cristiano empieza a costar más, cuando el compromiso con Dios demanda mucho más entrega.
    • Cuando hay alguna debilidad que nos cuesta enfrentar
    • Cuando el desafío que asumimos parece más grande que nosotros, el desaliento nos ataca y necesitamos enfrentarlo y vencer.

Estas son cuatro cosas que contribuyen al desánimo en nuestras vidas. El cansancio, la frustración, la duda de que podremos hacerlo y el tamaño de nuestro desafío o compromiso, o proyecto. Si no sabemos manejar estas cosas, vamos a vivir muchas etapas de desaliento en nuestra vida. El punto es que podemos superarlo y vencerlo.

¿Cómo podemos superar el desánimo?

  1. Reorganizando lo que no está funcionando de manera correcta
    1. Cuando enfrentamos el desánimo necesitamos descubrir que lo está produciendo y reorganizar nuestra tarea.
      1. Moisés estaba desanimado porque el pueblo era criticón, chismoso, quejoso, etc. Le pidió a Dios que le quitara la vida, pero Dios le ayudó a reorganizarse. Números 11:16 “El Señor le respondió a Moisés: —Tráeme a setenta ancianos de Israel, y asegúrate de que sean ancianos y gobernantes del pueblo. Llévalos a la Tienda de reunión, y haz que esperen allí contigo. 17 Yo descenderé para hablar contigo, y compartiré con ellos el Espíritu que está sobre ti, para que te ayuden a llevar la carga que te significa este pueblo. Así no tendrás que llevarla tú solo.”

Todos necesitamos reorganizarnos cuando las cosas no andan bien. Es más fácil tener deudas que organizar nuestras finanzas y pagarlas. Es más fácil continuar en mal estado físico que empezar a trabajar en adelgazar o en hacer ejercicio. Es más fácil dejar el matrimonio como esta que tomar la decisión de trabajar y mejorar como esposos. Lo más fácil no pagara nuestras cuentas, tampoco nos hará bajar de peso y mucho menos arreglará nuestro matrimonio. Debemos hacer algo, debemos hacer un cambio.

Si nuestra agenda está muy llena y esto nos impide darle prioridad a lo más importante, entonces deberé reorganizar mi tiempo.

Pero necesito ayuda. Todos necesitamos un grupo de apoyo para poder hacer algunos cambios significativos en nuestra vida.

Por esta razón tenemos el discipulado, para ayudarnos a crecer, a cambiar, para desafiarnos a vivir como a Dios le agrada.

Por esta razón tenemos los grupos pequeños y siempre estamos hablando acerca de ser parte de uno. En el grupo tenemos apoyo de otros hermanos y hermanas. Tenemos ánimo, consuelo, ayuda en todo sentido. Necesitamos un grupo de apoyo, no podemos solos.

  • Enfocándonos en Dios
    • En Dios encontramos el aliento para seguir adelante. Es una tontería vivir la vida sin Dios o no dejando que Él influencia nuestras áreas de debilidad.
    • Necesitamos pasar tiempo con Él. Escuchándolo y hablándole constantemente.
    • Mire lo que Dios le dice a Josué en capítulo 1:4-9
      • Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados. Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas. Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas».
      • Dios le estaba ordenando no apartarse de Él. Escucharlo constantemente, meditar en lo que Él dice y hacer lo que Él le ordenara.

Sin Dios no podemos hacer nada. Lo necesitamos constantemente para enfrentar nuestro desaliento y vencer.

  • Luchando contra el sentimiento del desánimo

Por último, debemos luchar contra esta emoción fuerte. El desánimo es una emoción fuerte, pero debemos controlarla por medio de nuestras convicciones. La batalla está en nuestra mente. Es en ese lugar donde debemos pelear contra esta emoción y derrotarla. El desánimo es una elección, podemos decidir rendirnos porque preferimos escuchar a nuestros pensamientos negativos que nos provocan agotamiento, nos frustran, nos hacen dudar y nos muestran a un desafío mayor que nosotros o podemos decidir que vamos a trabajar en reorganizarnos, buscando a Dios y luchando por que este enemigo no nos derrote.

La decisión es nuestra y depende completamente de nosotros. La buena noticia es que lo podemos controlar.

¿Qué está pasando en su vida hoy, está cansado? Tome un buen descanso. Tiene frustración, busque a Dios y a otros hermanos para que pueda depositar sus cargas y buscar ayuda.

¿Está en medio de un matrimonio difícil?, no se desaliente. Siempre hay solución.

Sea cual sea la situación, no baje los brazos aun cuando las cosas vayan mal.

Bendiciones

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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