Sermones

PIENSE COMO JESÚS, Y TOME LAS MEJORES DECISIONES PARA SU VIDA

Marzo 3 de 2022

#660

A diario nos encontramos con un sinnúmero de decisiones que debemos tomar. La mayoría de ellas involucran a otras personas. Estas decisiones tienen que ver con asuntos financieros, religiosos, amorosos, familiares, relacionales en general, y en un sinfín de otros asuntos. Pero ¿cómo podemos asegurarnos de que las decisiones que estamos tomando, traerán un buen resultado para nuestras vidas? ¿De qué manera podemos tener la certeza de que lo que estamos decidiendo tendrá buen futuro?

La respuesta es muy simple, pensando como Jesús. Si cada uno de nosotros antes de tomar cualquier decisión en nuestra vida nos preguntáramos ¿Qué haría Jesús en esta situación? Estoy seguro que podríamos disfrutar de mejores resultados en todo lo que hacemos.

En nuestra relación matrimonial, en nuestras decisiones financieras, en nuestros conflictos…

Si dejáramos de pensar en nosotros y en lo que queremos conseguir y empezáramos a considerar verdaderamente a Jesús en nuestras vidas, podríamos tomar mejores decisiones.

Si como líderes dejáramos de pensar en lo que queremos hacer con nuestros grupos, y empezáramos a considerar seriamente lo que Dios quiere para ellos. ¿Cómo sería nuestra realidad? Si dejáramos de buscar superficialmente a Dios y nos dedicáramos a profundizar en su palabra, como sería nuestra mentalidad.

PENSAR COMO JESÚS ES HACER A UN LADO NUESTROS PENSAMIENTOS PARA QUE LOS SUYOS LLENEN NUESTRA MENTE.

¿Cuál es la clave para pensar como Jesús?, ¿cuál es el punto central en la vida de Cristo que nos puede llevar a decidir como él lo haría?

EL PUNTO CENTRAL Y LA CLAVE ES CONSIDERAR A DIOS COMO ALGUIEN REAL EN NUESTRA VIDA.

Juan 5: 19 Entonces Jesús afirmó: —Ciertamente les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su Padre hace, porque cualquier cosa que hace el Padre, la hace también el Hijo. Un poco antes en versículo 17, refiriéndose al sábado también les dice: “Mi Padre aún hoy está trabajando, y yo también trabajo.”. En versículo 30 de la versión DHH, “»Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado.” Juan 10:30 El Padre y yo somos uno. 10:38 al terminar: el Padre está en mi y que yo estoy en el Padre. En Juan 12:44-45 “El que cree en mí —clamó Jesús con voz fuerte—, cree no solo en mí, sino en el que me envió. 45 Y el que me ve a mí ve al que me envió.” Y en el mismo capítulo versos 49-50, Jesús dice: “Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me ordenó qué decir y cómo decirlo. 50 Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir».”

Para muchos de nosotros aun siendo cristianos, Dios no es más que un momento en nuestra vida. Una oración cada mañana, una lectura devocional. Un sermón dominical. Una ayuda en momentos de angustia. Alguien a quien ir cuando hemos pecado y nos sentimos mal. Pero no es alguien real en nuestra vida. No es alguien a quien vamos en todo momento y en toda situación para pedir su opinión. No es alguien con quien caminamos a diario. Porque si así lo fuera, entonces nuestras decisiones serían menos emocionales y sentimentales y empezarían a ser más inteligentes y moderadas. A muchos de nosotros nos mueven mucho más las emociones que las convicciones que vienen de Dios. Alguien se levanta por la mañana y gasta su dinero en un viaje, sin pensarlo, sin orar, sin pedir consejo. Simplemente lo hace. Otro puede decidir de un momento a otro que se quiere casar y no espera por la esposa que Dios le tiene, sino que sale a la calle y busca a la primera que encuentra para cumplir con su deseo. A otros les pueden dar ganas de pecar, entonces deciden que lo quieren hacer y simplemente lo hacen. Hay quienes deciden empezar a estudiar, pero no consideran a Dios para nada. Los padres empiezan a tomar decisiones para sus hijos, pero no consideran a Dios en ellas. No hay oración, no hay consejo, no hay sabiduría. Simplemente hay decisiones basadas en emociones. Jesús no lo hacía de esta forma, y si queremos ser cristianos espirituales y que deciden con sabiduría, definitivamente debemos ir primero a Dios antes de tomar cualquier decisión y esperar antes de hacer cualquier cosa.

No debemos ser como la mayoría de las personas en este mundo que hacen lo que se les da la gana. Debemos ser más como Jesús en nuestras decisiones y considerar lo que nos dice Pablo en 1 Corintios 10:23 “«Todo está permitido», pero no todo es provechoso. «Todo está permitido», pero no todo es constructivo.”

Todo está permitido, dentro de los márgenes establecidos por Dios. Sin embargo, lo que para uno en bueno, para el otro no.  Por esta razón es que debemos llevar a Dios todo lo que deseamos hacer y esperar su respuesta antes de tomar cualquier decisión.

Esto implica planeación, implica preparación. Y muchos de nosotros no estamos dispuestos a pagar el precio de esperar y considerar a los demás en lo que queremos hacer.

A lo largo de estos años en la ciudad, nos hemos dado cuenta de lo oportunista que es la cultura aquí. Alguien ve una oportunidad y la toma. No importan las consecuencias, sino que simplemente la toma. Si aparece un viaje en oferta, la toman. Si pueden adelantar a un auto lo hacen, sin medir las consecuencias. Si quieren celebrar un cumpleaños, lo hacen, aun si tienen que pedir dinero para hacerlo. Si le gusto un auto, lo compran. Todo se hace sin pensar, sin meditar, sin buscar consejo. Y debido a esto, es que muchas personas se ven envueltos en tantos apuros. Sin embargo mis queridos hermanos, aunque la cultura sea emocional y sentimental, nosotros no debemos ser así. Porque a nosotros no nos debe mover el mundo, sino que Dios y su Espíritu Santo. Debemos ser cristianos que se dejan aconsejar pro Dios y por los demás. Que buscan la dirección de Dios en todo lo que hacen y no se dejar llevar por impulsos.

La carta de Santiago tiene algo que decirnos al respecto y haríamos muy bien en considerarlo seriamente.

Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». 14 ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. 15 Más bien, debieran decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». 16 Pero ahora se jactan en sus fanfarronerías. Toda esta jactancia es mala. 17 Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace. (Santiago 4:13-17)

Ahora, a que se refiere este versículo 17. No se refiere precisamente o solamente a dar vuelta la cara o quedarnos callados cuando vemos una injusticia. Si no más bien se refiere a no considerar a Dios en todas nuestras decisiones. Fíjese que el pasaje comienza refiriéndose a las personas que actúan sin considerar a Dios en lo que quieren hacer. “«Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero». 14 ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana!” es más, el contexto de este capítulo 4 se refiere principalmente a someter nuestras decisiones, nuestras voluntades a Dios y no a nuestras emociones o a nuestros deseos. Porque al no hacerlo, se producen frutos pecaminosos en nuestras vidas. Al iniciar el capítulo 4 Santiago se refiere a la raíz de todas las divisiones, de todos los conflictos que puede haber entre nosotros y que desembocan en tomar decisiones sin considerar a Dios.

¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? [a] 2 Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. 3 Y, cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones. (Santiago 4; 1-3)

NO CONSIDERAR A DIOS EN NUESTRAS VIDAS NOS LLEVA A TOMAR DECISIONES MOTIVADOS POR EMOCIONES O SENTIMIENTOS. QUE AL FINAL PUEDEN PRODUCIR EN NOSOTROS Y EN LOS DEMÁS RESULTADOS CATASTRÓFICOS.

Piense en los embarazos no deseados. En los abusos. Cristianos también pueden caer en esto. Si no someten a Dios sus propios deseos. Recordemos que el corazón es engañoso como lo dice el profeta Jeremías.

Cuando miramos los proverbios por ejemplo, estos nos hablan de no depender de nosotros sino que buscar consejo en Dios y en otras personas sabias para tomar mejores decisiones.

Proverbios 16:3 “Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán.”; 11:14 “Sin dirección, la nación fracasa; el éxito depende de los muchos consejeros.”; 24:6 “La guerra se hace con buena estrategia; la victoria se alcanza con muchos consejeros.”

Pero, ¿por qué lo hacemos a nuestra manera y no a la de Dios?

Porque Dios no es real en nuestra vida. Y como no es real, terminamos tomando decisiones motivados por nuestro egoísmo principalmente. Por miedo a que al considerar a Dios nuestras decisiones cambien y terminemos haciendo otra cosa que no es la que teníamos planeada.

Esto ocurre muchas veces en los cristianos que nos podemos volver independientes de Dios. Tememos que al que al ir a Dios y pedir su consejo, Él nos lleve a comprender que debemos hacerlo de una forma diferente a la que pensamos. Estamos tan acostumbrados a hacer las cosas a nuestra manera, que no estamos dispuestos a que Dios nos cambie los planes. Así que preferimos tomar decisiones y luego preguntar a Dios. Luego considerar los consejos. Luego buscar a la gente con más experiencia. Sin embargo, ya no sirve de nada, porque las decisiones ya han sido tomadas.

Cristo no lo hacía así. Por esa razón es que todo lo que hacía lo hacía bien. Todo lo que enseñaba, lo enseñaba bien. Con autoridad, con respaldo. Con seguridad de que lo que hablaba venia de Dios y no de su propio entendimiento.

JESÚS CONSIDERABA QUE DIOS ERA REAL EN SU VIDA. Y COMO SUS DISCÍPULOS NOSOTROS DEBEMOS HACER LO MISMO. ANTES DE DECIDIR DEBEMOS IR A DIOS Y SOMETER NUESTROS PLANES A ÉL.

Proverbios 21:5 nos dice: “Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!”

¿Cómo sería nuestra propia vida si en vez de considerar a Dios para algunas cosas, lo consideraremos en todo lo que hacemos?

Si al momento de planear nuestras vacaciones lleváramos a Dios nuestro plan y lo sometiéramos a su pensamiento. ¿Si en vez de querer viajar a algún lugar, primero preguntáramos a Dios que le parece nuestra idea y luego de escuchar su opinión decidiéramos en torno a su pensamiento? Si buscáramos el consejo de otros hermanos sabios con experiencia llenos del Espíritu Santo para que nos aconsejaran en lo que estamos por decidir. ¿Cómo piensa que serían nuestras decisiones? Algunas de ellas continuarían su curso, pero otras definitivamente cambiarían y para mejor.

Cuando mi esposa y yo estábamos de novios, habíamos planeado casarnos en el mes de octubre del año 2005. Pensamos en este mes, porque para esa fecha podríamos tener el dinero que necesitábamos para nuestra boda, así que planeamos todo en función de esta fecha. Sin embargo, sometimos nuestra boda y todo lo que esta involucraba a Dios y él nos hizo cambiar de planes. Fuimos elegidos para empezar una iglesia en otra ciudad del país y el plan era empezar en julio del mismo año. Esto implicaba cambiar los planes de nuestra boda. Era una idea complicada. Sin embargo, fuimos a Dios, oramos, pedimos consejo, hablamos con nuestros líderes y escuchamos a Dios. El resultado fue que nos casamos en julio con mucho menos presupuesto del que teníamos planeado, en un lugar diferente al que habíamos planeado, en un día distinto al que habíamos planeado. Pero Dios nos bendijo con mucho más de lo que nosotros habíamos pensado.

Llevar nuestra voluntad a estar en línea con la voluntad de Dios no es fácil muchas veces, pero es lo correcto.

Jesús sometía sus planes a Dios e incluso iba a Dios para saber qué decisión tomar en todo momento.

Marcos 1:35-39 nos muestra una de las ocasiones en que Jesús debía decidir qué hacer, entonces se fue a orar. En ese momento Jesús estaba haciéndose famoso y mucha gente le estaba esperando para que les sanara y les hablara. Él podría haberse quedado en ese lugar y haber empezado su movimiento desde allí, pero Dios tenía otro plan para él, así que se levantó de madrugada para ir a orar y cuando sus discípulos lo encontraron, él les dijo: “—Vámonos de aquí a otras aldeas cercanas donde también pueda predicar; para esto he venido. 39 Así que recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.

Jesús no decidía en función de los demás de sí mismo. Jesús decidía en función de Dios y de su pensamiento.

En otra ocasión,  aún más crucial en la vida del Señor cuando su vida estaba a punto de ser ofrecida en sacrificio, Él llevó su idea a Dios y espero hacer lo que Él le decía. En tres ocasiones oro a Dios pidiéndoles que no le hiciera beber el trago amargo

Por último, Mateo 26:39-46 nos muestra como Jesús fue a Dios para pedirle que cambiara su destino, pero terminó haciendo su voluntad a pesar de orar específicamente por un cambio de planes.

Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo.[a] Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». 40 Luego volvió a donde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. «¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —le dijo a Pedro—. 41 Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo[b] es débil». 42 Por segunda vez se retiró y oró: «Padre mío, si no es posible evitar que yo beba este trago amargo,[c] hágase tu voluntad». 43 Cuando volvió, otra vez los encontró dormidos, porque se les cerraban los ojos de sueño. 44 Así que los dejó y se retiró a orar por tercera vez, diciendo lo mismo. 45 Volvió de nuevo a los discípulos y les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? Miren, se acerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»

Que vemos aquí. Vemos a Jesús considerando a Dios en las decisiones que tomaría. Porque sabía que Dios estaba con Él y le escuchaba le veía, le sentía. Dios era real para el Señor. Al final de todo este tiempo de oración, Jesús sometió su voluntad a la de Dios. Y al ver que la voluntad de Dios era distinta a la suya, Jesús decidió hacer la voluntad de Dios con todo su corazón.

Muchas veces podemos orar que se haga su voluntad en nuestras vidas, ¿pero en cuantas de ellas estamos realmente decididos a considerarla?

Queridos hermanos, si queremos que Dios sea real en nuestra vida empecemos desde ahora a considerarlo en todo lo que hacemos. Busquemos a Dios para criar a nuestros hijos, para educarlos, guiarlos. No nos confiemos de nuestra propia experiencia, sino que confiémonos en Dios y en su Palabra. Si estamos pensando en comprar una casa, en tomar vacaciones, en salir de viaje por el fin de semana, busquemos el consejo de Dios y de otros hermanos. No tomemos decisiones a la ligera. Recordemos que Dios está con nosotros y debemos considerar su opinión para todo lo que hacemos.

Oremos  

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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