Sermones

Quita la viga de tu ojo

Mateo 7:1-5
26 de junio de 2022
#666

Esta mañana quisiera que pusiéramos mucha atención al mensaje que Dios nos entregará por medio de su palabra. Vamos a mirar un fragmento de una película[1] de ficción que muestra a un hombre que ha perdido a su hija a manos de una persona que le quitó la vida. La escena que veremos se basa en un momento de este hombre hablando con la sabiduría de Dios. Como les digo es una película de ficción, pero si tiene la posibilidad de verla, puede ayudar a mirar algunas cosas con una mente distinta.

Al mirar esta escena de la película podemos reflexionar en algunos puntos interesantes.

Te has pasado la vida juzgándolo todo y a todos

Eres un experto en la materia…

  1. Cuando nos damos cuenta del alcance, de la responsabilidad que trae consigo emitir un juicio sobre otros podemos reaccionar de algunas formas:
    1. Podemos negarnos a juzgar
    1. Podemos entregarnos a cambio de ellos
  2. Cuando no somos conscientes de este alcance, es que emitimos juicios basándonos en nuestros propios pensamientos.
  3. El juicio trae consecuencias importantes y en muchos casos definitivas para las personas
  4. Al juzgar a otros nos ponemos en el lugar de Dios. Y solo cuando estamos ahí, podemos reflexionar en cuanto a lo difícil que es tomar algunas decisiones
  5. Muchos de nosotros nos consideramos expertos en juzgar. Emitimos juicios contra las personas, con los amigos, contra los hijos e incluso contra Dios. Creemos conocer las motivaciones que las personas tienen y emitimos juicios en base a suposiciones, pero no verdades.
  6. No juzgar a otros requiere confianza en Dios.

Con estas cosas en mente quisiera que abramos nuestra Biblia en Mateo 7 y leamos los versículos 1 al 5.

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. 2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. 3 » ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? 5 ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.

Lo primero que Jesús enseña en este pasaje, es un mandato. Él dice: “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.” Jesús les está diciendo que no juzguen, porque ya lo estaban haciendo. Los fariseos y religiosos de su tiempo emitían juicios sobre las demás personas. Y probablemente los discípulos se sentían o sentirían con el poder de hacerlo debido a que tenían una posición diferente frente a los demás. Entonces Jesús les dice, no juzguen…

Este es el versículo de la Biblia que parece ser más popular en nuestros días. Pero la mayoría de las personas que citan este versículo no entienden lo que dijo Jesús. Parecen pensar que Jesús ordenó una aceptación universal de cualquier estilo de vida o enseñanza. Si vemos lo que Jesús dijo en Mateo 7:15-16 , Él nos manda a conocer a las personas por el fruto de su vida, y para eso es necesario algún tipo de evaluación. El cristiano está llamado a amar incondicionalmente. Pero el cristiano no está llamado a la aprobación incondicional. Realmente podemos amar a las personas que hacen cosas que no deberían ser aprobadas. En cambio, Jesús está hablando en contra de juzgar, es decir, juzgar los motivos y el hombre interior, que solo Dios puede conocer. Podemos juzgar el fruto de un hombre, pero rara vez podemos juzgar sus motivos con precisión. Jesús no prohíbe juzgar a los demás. Él solo requiere que nuestro juicio sea completamente justo, y que solo juzguemos a los demás según un estándar por el cual también nos gustaría ser juzgados. La mayor parte de nuestro juicio con respecto a los demás es incorrecto, no porque juzguemos de acuerdo con un estándar, sino porque somos hipócritas en la aplicación de ese estándar: ignoramos el estándar en nuestra propia vida. Juzgamos a los demás según un estándar ya nosotros mismos según otro estándar: somos mucho más generosos con nosotros mismos que con los demás. Con la medida que uses, se te volverá a medir… (David Guzic[2])

A veces podemos sentir que tenemos la capacidad de conocer la motivación del otro. Como si pudiéramos estar en su corazón y mente y leer lo que está pensando o sintiendo.

 “Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras” Jeremías 17:10

Solo Dios puede juzgar y hacerlo con imparcialidad. Sin embargo, esto no significa que nosotros no podemos emitir juicios. Al contrario, negar esto sería negar la enseñanza de Jesús. En primera instancia debemos recordar que este pasaje se encuentra en el sermón del monte. Este sermón tiene un punto central que envuelve todo lo que nos enseña. Este punto es no ser como los religiosos. No ser como los hipócritas. Estos eran los que habían pervertido la manera de juzgar. Ellos habían cambiado la escala o el estándar de Dios por su propio estándar, su propia escala de valores y con esto desconocían el juicio justo de Dios sobre los hombres.

MacArthur menciona que estos fariseos y religiosos:

Habían negado la Palabra de Dios y establecido la suya propia; Cristo restableció la afirmación de Su Palabra y sólo de Su Palabra. Creían sólo en una moralidad externa; Cristo trajo una moralidad interna. Actuaron sus actividades religiosas de dar, orar y ayunar de una manera hipócrita y superficial; y el Señor dijo que tiene que ser del corazón. Estaban preocupados por el dinero y las posesiones; y el Señor dice que no debían ser así.[3]

Estas personas se habían convencido de que tenían la verdad y debido a esto se trasformaron en orgullosos, arrogantes y tremendamente críticos de otras personas que no vivían o hacían lo mismo que ellos. Bajo este contexto Jesús enseña este mandato.

La palabra juzgar tiene varias connotaciones dependiendo del contexto en que se usa y como vemos aquí, el contexto nos indica que el juicio que Jesús está ordenando no realizar, es el de la crítica mal intencionada o mal motivada. Santiago nos dice algo parecido en cuanto a esto:

Hermanos, no hablen mal unos de otros. Si alguien habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga. Y, si juzgas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez. 12 No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?. (Santiago 4:11-12)

De hecho la palabra juzgar se traduce también como condenar. Y los fariseos con su actitud arrogante, no emitían un juicio justo, sino que condenaban a los demás en base a su propia moralidad. Ellos lo hacían con la motivación equivocada. El apóstol Juan nos dice en Juan 7:24 “No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia.” Los fariseos tenían la costumbre de juzgar superficialmente. En Lucas 16:14-15 Jesús los encara y reprende debido a su manera de aparentar frente a los demás. “Oían todo esto los fariseos, a quienes les encantaba el dinero, y se burlaban de Jesús. 15 Él les dijo: «Ustedes se hacen los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones. Dense cuenta de que aquello que la gente tiene en gran estima es detestable delante de Dios.” su vida de apariencia representaba un modelo para los demás, pero no era el modelo que Dios aprobaba porque se basaba en su juicio persona y no en el de Dios. Ellos creían tener las respuestas correctas, el sistema de valores correcto, pero en realidad estaban en contra de Dios.

Esta manera de ser y de juzgar a los demás, puede llegar a alcanzarnos a nosotros mismos. Ya que muchas veces debido a nuestra experiencia o conocimiento de las escrituras emitimos juicios sobre los demás. Poniéndonos en el lugar de Dios, como jueces de lo que ni siquiera alcanzamos a entender.

Los religiosos tienden a crear su escala de valores y a usarla para medir a los demás. Jesús hablo de esto en la parábola del fariseo y el cobrador de impuestos. Lucas se refiere a la actitud del religioso que se evaluaba en base a lo que hacía y lo que representaba.

Lucas 18:9 nos dice: “A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola:”

Lo primero que Lucas nos hace notar era la clase de personas a las que Jesús les estaba hablando. Personas que confiaban en sí mismas, no en Dios. Personas que se creían justas y que despreciaban a los demás. Ellos se creían mejores que los demás.

¿Cuántas veces mis queridos hermanos, nosotros nos hemos ubicado en el lugar de Dios y hemos juzgado de manera crítica a nuestros propios hermanos?

¿Cuántas veces hemos usado nuestra escala de valores morales para indicar que un hermano o hermana está desenfocado o perdido?, Todos podemos interpretar la santidad o la pureza que Dios nos pide tener de diferentes maneras. Para algunos darse un beso en los labios es algo puro pero para otros no lo es. Para algunos tomar de la mano a su enamorada es algo puro, pero para otros quizás no lo es. El punto es que todos tenemos un pensamiento diferente en cuanto a algo y no debemos usar ese pensamiento para someter a los demás como si tuviéramos la verdad absoluta. Así debe ser, así se debe hacer esto o lo otro, así se debe construir con una hermana. En fin, cuando hacemos esto, hacemos lo mismo que los fariseos hacían. Poner cargas en los hombros de los demás. Y no creo que Jesús quería esto. Sino más bien que basados en el amor dejáramos de criticarnos y juzgarnos de mala manera.

Según la enseñanza de algunos rabinos en el tiempo de Jesús, Dios tenía dos medidas que usaba para juzgar a las personas. Uno era una medida de justicia y el otro era una medida de misericordia. ¿Qué medida quieres que Dios use contigo? Entonces deberías usar esa misma medida con los demás. ( Mt 7, 2 ). (Guzic)

Podríamos concluir que Jesús está diciendo no critiques a los demás basado en tu propia escala de valores, porque los demás te juzgarán de acuerdo a la suya.

No debemos juzgar las motivaciones de los demás. No debemos condenar a los demás porque no tienen el aspecto que pensamos que deberían tener. O porque no hablan o actúan como pensamos que deberían hacerlo. Romanos 14:13 nos dice: “Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros.” Debemos dejar de criticarnos.

No debemos juzgar de manera precipitada. Emitir juicios sin tener toda la información no es correcto. Proverbios 18:13 nos dice: “Es necio y vergonzoso  responder antes de escuchar.”

No debemos juzgar al que no hace lo que nosotros pensamos que es correcto. Muchos de nosotros tenemos nuestros códigos bíblicos. Nuestra escala de valores correcta delante de Dios. Y si alguien no hace las cosas como les decimos, entonces les juzgamos como rebeldes o débiles o faltos de fe.

En conclusión:

  1. Solo Dios puede juzgar justamente. Emitir críticas y juicios sobre los demás creyendo conocer la motivación que hay en las personas, es ponerse en el lugar de Dios. Solo Él conoce los corazones.
  2. Al juzgar a otros nos exponemos al mismo juicio
  3. Al juzgar a otros nos ponemos por encima de los demás

Por último, antes de criticar a tu hermano o hermana, mírate al espejo y quita la viga de tu ojo.


[1] La película a la que me refiero se titula “La Cabaña”. Miramos la escena en que Mackenzie habla con la sabiduría. Puede ver el vídeo de YouTube a partir del minuto 3:16 aquí: https://www.youtube.com/watch?v=h4pEVLtul2o  

[2] https://www.preceptaustin.org/matthew_71-2#7:1

[3] https://www.gty.org/library/sermons-library/2250/stop-criticizing

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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