Sermones

Reconstruyendo las murallas

Nehemías 1:1-11

18 de septiembre de 2022

#673

El libro de Nehemías hace parte de uno de dos, ya que va a la par del libro de Esdras. Ambos están enfocados en la reconstrucción de la fe de los Israelitas y de su vida con Dios. J.I. Packer hace notar que la historia relatada por Nehemías “es fascinante” y agrega que:

Trata de la reedificación de los muros de Jerusalén (caps. 1-6), la renovación de la adoración en Jerusalén (caps. 8-10), la repoblación de las calles de Jerusalén (caps. 11-12), y finalmente la reanudación de la renovación de Jerusalén, la que lamentablemente con el paso de los años había perdido calor (cap. 13). De modo que es al mismo tiempo la historia de la edificación literal de Jerusalén (el tipo), es decir la ciudad en Palestina, y la historia de la edificación espiritual de Jerusalén (el antitipo), es decir el pueblo del pacto de Dios, la iglesia del Antiguo Testamento. Nehemías a través de Dios edifica muros; Dios a través de Nehemías edifica santos. (Packer[1] 2021, 15)

Curiosamente aunque estamos en una realidad completamente diferente a la que vivía Nehemías en su tiempo, muchos de nosotros nos encontramos hoy en día también en un proceso de reconstrucción. Algunos de nosotros podemos haber llegado esta mañana con algunos muros destruidos en nuestras relaciones matrimoniales o en nuestras amistades, o incluso en nuestra relación con Dios. Quizás hay grietas en nuestras vidas que están empezando a molestarnos en nuestro caminar con Dios o simplemente hay muchos escombros que hay que remover de nuestras vidas para poder tener la perspectiva correcta de donde o por donde debemos empezar a trabajar. Es más, ya que la iglesia es en parte la extensión de nuestra espiritualidad, podremos darnos cuenta de que muchas de las falencias que hoy en día enfrentamos como cuerpo de Cristo, tienen que ver con las murallas que no hemos reconstruido, las grietas que no hemos reparado o los escombros que no hemos removido y que de una manera u otro nos dificultan el caminar con Dios.

Nehemías trata de la reconstrucción, de la edificación, en su contexto físico de los muros de Jerusalén, pero en su contexto espiritual trata de la reconstrucción de la vida de las personas.

De igual manera, hoy en día las murallas de nuestras sociedades o de nuestras familias, están igualmente destruidas. Vemos como diariamente el enemigo intenta arremeter en contra de los principios y valores que hemos aprendido en la Biblia. El matrimonio homosexual, el aborto legal, la agenda LGBT+[2], todo está unido para ir en contra de la iglesia, de la familia. Hoy más que nunca probablemente necesitamos aprender a defender el honor de Dios y la gloria de Dios al igual que Nehemías lo hizo. ¿Qué vamos a hacer para defender la Gloria de Dios, que haremos para reconstruir las murallas destruidas del matrimonio?, ¿de las relaciones entre hermanos?, ¿cómo cerraremos las grietas que nos ha dejado la irrupción del pecado en nuestras vidas? Dios nos ha dado a Nehemías para aprender cómo hacerlo.

Estas son las palabras de Nehemías hijo de Jacalías: En el mes de quisleu del año veinte, estando yo en la ciudadela de Susa, 2 llegó Jananí, uno de mis hermanos, junto con algunos hombres de Judá. Entonces les pregunté por el resto de los judíos que se habían librado del destierro, y por Jerusalén. Ellos me respondieron: «Los que se libraron del destierro y se quedaron en la provincia están enfrentando una gran calamidad y humillación. La muralla de Jerusalén sigue derribada, con sus puertas consumidas por el fuego». 4 Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo. 5 Le dije: «Señor, Dios del cielo, grande y temible, que cumples el pacto y eres fiel con los que te aman y obedecen tus mandamientos, 6 te suplico que me prestes atención, que fijes tus ojos en este siervo tuyo que día y noche ora en favor de tu pueblo Israel. Confieso que los israelitas, entre los cuales estamos incluidos mi familia y yo, hemos pecado contra ti. 7 Te hemos ofendido y nos hemos corrompido mucho; hemos desobedecido los mandamientos, preceptos y decretos que tú mismo diste a tu siervo Moisés. 8 »Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: 9 pero, si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar”. 10 »Ellos son tus siervos y tu pueblo al cual redimiste con gran despliegue de fuerza y poder. 11 Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey». En aquel tiempo yo era copero del rey. (Nehemías 1:1-11, NVI)

Lo primero que podemos notar es que Nehemías estaba interesado en lo que ocurría con su pueblo. La escritura nos dice que cuando llegaron estos mensajeros, lo primero que Nehemías quiso saber, fue acerca del estado de su pueblo. “Entonces les pregunté por el resto de los judíos que se habían librado del destierro, y por Jerusalén”. Nehemías podría haber saludado a estas personas y empezado una charla acerca de cómo estaban ellos y sus familias. Como les estaba yendo en sus negocios. Cuán grande era la casa que se estaba construyendo. En fin, Nehemías podría haber preguntado por muchas cosas e incluso podría haber cambiado el tono de la conversación, sin embargo, su respuesta fue completamente diferente, ya que cuando recibió las noticias, no reacciono como la mayoría de las personas, en su posición podrían haber reaccionado, sino que él sintió dolor por lo que estaba ocurriendo. “Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo.

Nehemías sintió el dolor de Dios por su pueblo. Probablemente él pudo ver en su mente a sus hermanos, a su gente, pasando por penurias, siendo abusados, maltratados, humillados por los pueblos vecinos. Pudo sentir el dolor de las familias al ver que estaban abandonados. Y todo esto le llevó a quebrantar si corazón delante de Dios. Esto nos hace recuerdo al dolor que Jesús también sintió por su pueblo, Él vio a su pueblo agobiado y sintió compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor. (Mateo 9:36). En otra ocasión Jesús lloró por su pueblo. (Lucas 19:41-44).

Es curioso que a  diferencia de Nehemías, muchos de nosotros podemos recibir personas que vienen de otras iglesias y que puedan comentarnos acerca de las situaciones negativas que están viviendo y nosotros podemos rápidamente dar vuelta la página y cambiar el sentido de la charla, sin ni siquiera poner atención a los detalles o preguntar un poco más para saber cómo podemos ayudar a los que están sufriendo. Sin ir más allá, la mayoría de nosotros estamos tan acostumbrados a ser personas superficiales que cuando alguien empieza a hablarnos de sus problemas o situaciones difíciles, rápidamente damos soluciones o cambiamos las conversaciones. Pero Nehemías no fue así, y honestamente creo que todos nosotros debemos reflexionar en la manera en que reaccionamos ante las situaciones difíciles que otras personas están viviendo o que la iglesia está enfrentando. Nehemías pudo sentir el dolor de su gente, a pesar de no estar en la situación de ellos. Nehemías estaba bien, estaba en una posición de confianza. Estaba al lado del rey. Tenían un buen lugar para vivir, una buena posición social. Era de respeto. No tenía por qué preocuparse de lo que ocurría a kilómetros de su casa, sin embargo, Él amaba a Dios y a su pueblo, por eso, sintió dolor e hizo algo para ayudar a su gente.

Nehemías fue empático con lo que estaban viviendo sus compatriotas teniendo las murallas derribadas de la ciudad. Pero más allá del dolor que le causaba la situación en que se encontraba su pueblo, a él le dolía que Dios no estuviera recibiendo la gloria que se merecía. Nehemías era un hombre de Dios. Lo notamos en su dependencia del Señor. Cualquiera de nosotros al enfrentar una situación difícil va de inmediato en busca de soluciones temporales. Necesitamos dinero, buscamos donde encontrarlo, de donde pedir prestado, que vender. Un familiar enfermo, hacemos lo mismo, vamos a buscar ayuda en otras personas. Pero un hombre de Dios como Nehemías, fue a Dios. “ayuné y oré al Dios del cielo”. Nehemías tenía una gran visión de Dios y esto le permitía confiar y dejarse guiar por Él.  El Dios del cielo, que está por encima de todo y es todo. Un hombre de Dios o una mujer de Dios va primero a su dueño en busca de ayuda, de socorro, de sabiduría. (Creo que esto personalmente es un desafío para mí, y revela mi propio pecado al depender de mi fuerza y no de la de Dios.) Él consideraba a Dios en primer lugar antes que a sus propias soluciones temporales. Estaba consagrado a Dios. Estaba comprometido con Dios y con su pueblo. Y lo que más quería era que Dios se glorificara en medio de todo lo que ocurría. Efesios 5:25-27 nos habla de este amor por la iglesia.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. (Efesios 5:25-27).

¿Cuánto nos interesa la gloria de Dios?, ¿Cuánto nos interesa glorificar a Dios con nuestras vidas?, ¿Cuánto nos interesa que la iglesia le de gloria a Dios?

Nehemías sabía que los muros eran sinónimo de protección, de seguridad y su pueblo no la tenía. Estaba a la merced de sus enemigos. Y creo que este hombre hasta podía sentir el dolor de Dios mirando a su pueblo en ruinas. Esto solamente puede ocurrir cuando un hombre o una mujer de Dios, están realmente entregados a Él. Por supuesto que Nehemías no era perfecto, solo era un simple mortal en esta tierra. Con la diferencia de que tenía celo por Dios y por su pueblo. Algo que muchos de nosotros que nos llamamos cristianos hemos perdido o dejado en el baúl de los recuerdos hace muchos años. ¿Cómo anda nuestro celo por Dios en estos días?

Nehemías menciona en verso 11: “Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre”. Ponga atención a lo que Nehemías dice aquí: somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Nos complacemos en honrar tu nombre. Complacer se refiere a sentir deleite, gozo, alegría. Isaías 61:10 nos habla acerca de este deleite: “Por causa del SEÑOR me alegro mucho y todo mi ser se llena de felicidad” (PDT). Salmo 43:3-4 “Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen a tu monte santo, que me lleven al lugar donde tú habitas. Llegaré entonces al altar de Dios, del Dios de mi alegría y mi deleite, y allí, oh Dios, mi Dios, te alabaré al son del arpa.” (NVI).

¿Cuánto nos complacemos en honrar el nombre de Dios? ¿Cuánto nos alegra el hecho de que Dios se vea glorificado? ¿Cuánto nos esforzamos porque nuestros matrimonios den gloria a Dios?, ¿nuestras vidas den gloria a su nombre? ¿Cuánto nos esforzamos porque nuestros trabajos glorifiquen a Dios, nuestras carreras, nuestros hijos, nuestras familias? ¿Cuánto nos esforzamos por glorificar a Dios con nuestras finanzas, nuestras ofrendas, nuestro compromiso con Dios? ¿Le honramos?

Nehemías no buscaba gloria personal, no buscaba ganar el aprecio de nadie, Él buscaba honrar el nombre de Dios. Esto es algo que nosotros debemos buscar siempre en nuestras vidas y ayudarnos unos a otros a buscar también. Si vemos que algún hermano o hermana, no está dando gloria a Dios con su vida, debemos buscar la manera de ayudarles a cambiar, debemos ayudarles a reconstruir sus vidas, sus matrimonios, sus familias. Debemos involucrarnos y sentir su dolor, así como Nehemías lo sintió. Debemos hacer algo por los demás,  no por quedar bien con ellos y hacernos notar, sino que porque ellos queden bien con Dios y Él se haga notar en sus vidas. Esta es la tarea de todo cristiano en cualquier momento de su vida espiritual, no importa si en nuevo o viejo en la fe. Todos debemos tener celo porque Dios sea glorificado en los demás. Pero también es la tarea de toda persona en un rol de liderazgo, no importa en cual. Especialmente los líderes de grupos pequeños que tratan con sus miembros a diario. Debemos luchar por las almas de nuestros hermanos, para que no se queden con los escombros en sus vidas o las gritas que han ocasionado los pecados, sino que podamos ayudarles a reconstruir con Dios para su gloria. Debemos ser cristianos celosos por Dios. Cristianos que nos deleitemos en honrar su nombre. El celo de Nehemías al igual que el de Pablo, Jesús y los salmistas es muy raro de encontrar hoy en día. La mayoría de nosotros somos más tibios que fríos o calientes. Estamos más preocupados de nosotros y de nuestra gloria que de la de Dios y de su iglesia. Amamos mucho más la comodidad que nos brinda la estabilidad que la seguridad y estabilidad que nos brida tener una relación con Dios. Estamos más preocupados de construir nuestras propias vidas que reconstruir el templo de Dios y honrarle. Muchos de nosotros debemos hacer caso a lo que el profeta Hageo señala en su carta: «Así dice el Señor Todopoderoso: “Este pueblo alega que todavía no es el momento apropiado para ir a reconstruir la casa del Señor”». …4 « ¿Acaso es el momento apropiado para que ustedes residan en casas lujosas mientras que esta casa está en ruinas?» 5 Así dice ahora el Señor Todopoderoso: «¡Reflexionen sobre su proceder!”. Debemos reflexionar en nuestro proceder, en nuestro actuar delante de Dios. La comodidad es algo que le agrada a Dios. Él no quiere que vivamos vidas sedentarias, sin esfuerzo, sin enfoque. Al contrario, Dios nos quiere involucrados en su accionar. Él quiere que reaccionemos y actuemos. Que no dejemos que todo siga igual, sino que hagamos un cambio y seamos diferentes. Dios quiere que seamos Celosos por Él. Así como lo fue Jesús cuando limpio el templo. (Juan 2:17). O cómo reaccionó Finés atravesando a un israelita que no dejaba a su amante madianita. (Números 25:11-13) y a causa de su celo Dios le dijo a Moisés: “«Finés, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, ha hecho que mi ira se aparte de los israelitas, pues ha actuado con el mismo celo que yo habría tenido por mi honor. Por eso no destruí a los israelitas con el furor de mi celo. 12 Dile, pues, a Finés que yo le concedo mi pacto de comunión, 13 por medio del cual él y sus descendientes gozarán de un sacerdocio eterno, ya que defendió celosamente mi honor e hizo expiación por los israelitas»” Como Dios es celoso, así debemos ser sus siervos.

Packer menciona el comentario de J.C. Ryle diciendo que:

Un hombre celoso en religión es eminentemente un hombre de una sola cosa. No es suficiente decir que es serio, afectuoso, intransigente, minucioso, íntegro y ferviente en espíritu. Mira solo una cosa, es absorbido por una sola cosa; y eso es agradar a Dios. Viva o muera -esté sano o enfermo- sea rico o pobre; agrade u ofenda a los hombres; se le crea sabio o estúpido; ya sea que recibe honor, o consigue vergüenza; nada de esto le preocupa. A él lo consume una cosa, agradar a Dios, y promover la gloria de Dios.[3]

Las personas que somos celosos de Dios, no dejaremos pasar por alto alguna situación en que el nombre de Dios sea deshonrado, sino que actuaremos para defender su honor.

¿Cuán celosos somos por Dios?

Que hemos visto hasta aquí:

  1. Nehemías quiso saber de la situación de su pueblo
  2. Sintió el dolor de Dios y de su pueblo
  3. Actuó motivado por el celo que sentía por Dios y por su pueblo

Las preguntas para nosotros son:

  1. ¿Cuánto nos importan la situación de la iglesia y de sus miembros?
  2. ¿Sentimos el dolor de Dios por su pueblo?, sentimos el dolor de la gente de Dios?
  3. ¿El celo por Dios es el que nos mueve o nos mueve un interés personal?
    1. ¿Qué estamos haciendo para reconstruir nuestras murallas?, ¿para sellar nuestras grietas? ¿O para levantar los escombros que nos impiden vivir una vida que agrade a Dios?

Esta semana debemos reflexionar y pensar en cómo estamos actuando delante de Dios. Debemos pensar si hacemos lo que hacemos para honrar a su nombre o para ganar gloria personal. Que nos importan más, que Dios sea glorificado o la vergüenza que podemos pasar por ir en contra de la corriente que acostumbramos a seguir. Honrar a Dios no nos hará populares con la gente, pero nos hará dignos de confianza delante de Dios. Evaluemos cuál de las dos opciones son más valiosas.


[1] Packer, J.I. 2021. Nehemías: Modelo de pasión y fidelidad. Miami, FL: Patmos.

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Agenda_homosexual

[3] Packer 2021, 20

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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