Sermones

Trabajando por la paz. Mateo 5:9

Mateo 5:9
#643

Nunca podremos trabajar por la paz a menos que estemos en medio del conflicto. Y esto es precisamente lo que nos muestran las escrituras. Jesús siempre estuvo en medio del conflicto. Él estuvo en medio del conflicto espiritual y humano. Vivió en medio de todos nosotros, personas atribuladas por una gran cantidad de conflicto interno.

Hay algunas cosas importantes que tratar en este pasaje. Primero la palabra para paz en griego es [eiréné] y en hebreo en shalóm. “En hebreo, paz no es nunca un estado negativo; nunca quiere decir exclusivamente la ausencia de guerra; siempre quiere decir todo lo que contribuye al bienestar supremo del hombre.” (Barclay 1999, 39). Esto resulta interesante, porque uno podría pensar que Jesús está queriendo decir que todos nosotros debemos evitar a toda costa el conflicto para así poder volvernos hombres de paz e hijos de Dios. pero la escritura no nos está llamando a que hagamos la vista gorda a los conflictos o que los pasemos por alto cuando sabemos que al hacerlo podríamos generar un problema mayor, al contrario, “La paz que la Biblia llama bendita no viene de evadir las situaciones conflictivas, sino de arrostrarlas, tratarlas y conquistarlas. Lo que esta bienaventuranza demanda no es una aceptación pasiva de las cosas por miedo a los contratiempos que pueda traer el intervenir en ellas, sino el enfrentarnos activamente con las cosas y hacer la paz, aunque el camino de la paz pase por el conflicto.” (Ibid) Esto es precisamente lo que hizo Jesús, él no evadió los conflictos y sin embargo fue llamado “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Además de esto, no hay nada que muestre más la preocupación de Dios por la paz que su “decisión de enviar a su bien amado Hijo para “guiar nuestros pasos por la senda de la paz” (Lucas 1:79; ver Isaías 2:4).” (Sande 2004, 42). La búsqueda de paz siempre trae conflictos. El pacificador, no es el que se hace a un lado, sino que es el que enfrenta y resuelve o en otros casos ayuda a las personas a resolver sus conflictos.

Otra cosa importante de este pasaje se refiere a como seremos llamados los cristianos que buscamos ser pacificadores. El pasaje nos dice que “Serás llamado hijo de Dios.” Probablemente para muchas personas hoy en día, esta declaración no significa mucho. Es más, quizás no significa nada, incluyendo en este grupo a una gran cantidad de cristianos que viven bajo el rotulo o título religioso, pero muy alejados de vivir bajo el discipulado del Señor. Sin embargo, en los tiempos de Jesús ser llamado hijo de alguien implicaba que tal persona actuaba como el otro. Si alguien era llamado hijo del diablo, todos comprendían que esa persona actuaba tal y como el diablo lo hacía. Es por esta razón que probablemente los fariseos se molestaron tanto cuando Jesús los trató de esta manera en Juan 8:44, ¡Jesús los comparó con el mismo diablo!

Así que, ser llamado hijo de Dios, implicaba que alguien realmente vivía como lo haría Dios.

¿Qué nos hace sentir hoy en día que se nos llame hijos de Dios?, la gente que nos conoce puede decir que nos comportamos como el mismo Dios?

Dios vino a trabajar por la paz en el cuerpo de Cristo. ¿Qué implicancias tiene esto?

Según Moore, “esta declaración está cargada de significados teológicos” (Moore 1996, 205). Efesios 2:11-22 por ejemplo nos menciona como Jesús vino a unir a los dos grupos de personas que estaban separados judíos y gentiles, pero también a hombres y mujeres, a los hombres consigo mismo, etc. Como imitadores de Dios, debemos procurar la paz con todas las personas. 2 Corintios 5:18-20 nos dice que nuestro ministerio principal es el de la reconciliación[1]. “Esto va más allá que el simple hecho de ansiar la paz, ser pacífico o juntarnos con gente pacífica. Debemos ser agentes que traigan paz a un mundo fragmentado.” (205)

El problema que se nos presenta es cuando tenemos que empezar a relacionarnos con un mundo hostil y que no ama a los cristianos. No es difícil trabajar por la paz cuando tenemos que hacerlo con hermanos de nuestras congregaciones que nos respetan y siguen nuestros consejos, pero cuando tenemos que enfrentar personas que no nos respetan ni nos consideran, sino que abusan y nos golpean una y otra vez la misma mejilla entonces el asunto ya empieza a ponerse difícil. Poner la mejilla contraria porque la otra ya nos está doliendo para lograr así la paz, es quizás la parte más difícil de ser pacificadores. “Para hacer las cosas peor, ya que Jesús es el objeto de tanto rencor (Juan 15:18-21), su sola presencia era suficiente para iniciar una contienda. Hasta dividirá familias, tan cortante como una espada (Mateo 10:34-37).” (205)

La parte más difícil para un pacificador es que por causa de Jesús probablemente nunca podamos estar en paz con toda la gente. Sin embargo y a pesar de esto, debemos buscar la paz con todos ya que no hacerlo puede traer severas consecuencias para nosotros (Hebreos 12:14).

Hay todavía una visión más para entender el significado de la palabra paz en los tiempos de Jesús, y es que esta palabra podía verse “en un sentido sobre el cual les encantaba discurrir a los rabinos judíos, y es casi seguro el sentido que Jesús tenía en mente. Los rabinos judíos sostenían que la tarea suprema que una persona puede llevar a cabo es establecer relaciones correctas entre persona y persona. Eso era lo que Jesús quería decir.” (Barclay 1999, 39).

Ser pacificador implica entonces, la gran tarea de ayudar a la gente a resolver sus conflictos. No hay nada peor que un matrimonio que tiene conflictos sin resolver, porque estos terminan volviéndose en un problema mucho mayor a medida que pasa el tiempo y afecta no solo a la pareja, sino que a todo su entorno y especialmente a los hijos. Entonces cuando Jesús habla de los pacificadores se refiere a las personas que trabajan y entregan sus vidas por ayudar a los demás a estar en comunión unos con otros para que de esta forma también puedan estar en comunión con Dios.


[1] Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: 19 esto es, que, en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. 20 Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios».

Barclay, William. (1999). Comentario al Nuevo Testamento. “17 Tomos en 1”. Barcelona: Clie.

Sande, K. (2004). Pacificadores: guía bíblica para resolver conflictos personales. Billings, MT: Peacemaker Ministries.

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