Sermones

Una gran familia

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16 de jul. de 22
Hechos 2:42-47
#668

Hechos 2:42-47

Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 43 Todos estaban asombrados por los muchos prodigios y señales que realizaban los apóstoles. 44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común: 45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían sus bienes entre sí según la necesidad de cada uno. 46 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad, 47 alabando a Dios y disfrutando de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos.

Para ser una gran familia es necesario tomar una decisión. Una decisión basada en un compromiso en dos niveles

Primero, un compromiso con Dios y segundo, un compromiso con los miembros de la familia

1 Juan nos dice que no podemos decir que amamos a Dios, sino amamos a nuestros hermanos.


Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. (1 Juan 4:20)

Jesús nos dice en Mateo que debemos amar a Dios con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Una gran familia se afirma sobre cuatro pilares fundamentales

  • La oración
  • La comunión
  • El estudio de la Biblia
  • El partimiento del pan

Estos cuatro pilares eran parte de un patrón de conducta en la vida de los cristianos. Ellos vivían constantemente con estos pilares. Pero además de esto, nos encontramos con una Y una constante incuestionable para ellos.

Perseveraban. Un hábito no se vuelve hábito a menos que lo pongamos en práctica cada día. Para ellos la perseverancia en estos pilares les llevó a vivirlos continuamente. Los miembros de la iglesia, perseveraban en estos cuatro pilares y basaban su decisión en las dos relaciones más importantes que tenían.

Ellos estaban continuamente dedicándose. No era una actividad en el calendario, sino que era una dedicación constante a seguir la doctrina de los apóstoles, la oración, el partimiento del pan y la comunión.

La palabra perseverar se traduce como dedicarse continuamente a algo, en este caso a reunirse y a persistir en estos cuatro pilares. Ellos se esforzaban por cuidar lo que tenían, por acompañar a los que estaban con ellos. Significa persistir obstinadamente en una tarea, continuar con devoción, continuar haciendo algo con intenso esfuerzo, estar constantemente atento, cuidar incansablemente una cosa, permanecer todo el tiempo en un lugar, perseverar y no desmayar, ser constantemente diligente, asistir asiduamente a todos los ejercicios, adherirse de cerca, ¡asistir continuamente! ¡Qué cuadro de la iglesia primitiva! ¿Qué le sucedería a la iglesia en América si los verdaderos creyentes » estuvieran continuamente dedicándose ¿A la enseñanza de la Palabra de Verdad?…te diré lo que sucedería: tendrías una iglesia encendida con la presencia poderosa del Espíritu Santo, una iglesia celosa para exaltar el Nombre de Jesús y la gloriosa verdad de Su Evangelio.

Esto nos puede llevar a reflexionar en si estamos siendo la familia que Dios quiere que seamos o una imitación barata de la iglesia verdadera. La familia cristiana no debe tomar a medias el compromiso al que nos llama el Señor, al contrario debemos mirar detenidamente cómo vivían los primeros cristianos para aprender de su devoción a Dios y entrega al Señor. Una familia cristiana verdadera se distingue de las demás, porque pone todo su empeño en aprender y poner en práctica lo que Dios le va enseñando cada día.

Por esta razón, debemos aplicarnos al igual que los primeros discípulos al estudio serio de las escrituras.

Lo primero que se nos muestra en el versículo 42, es que los discípulos perseveraban, se dedicaban, persistían en la enseñanza apostólica.

El Dr. John Vernon McGee, pastor presbiteriano del siglo pasado, menciona acerca de este pasaje “¿Cómo se puede distinguir lo genuino de lo falso?… La cuestión importante es si se aferran o no a la doctrina de los apóstoles. La doctrina correcta fue una de las huellas dactilares de la iglesia visible.”[1] Las personas necesitaban que se les enseñara a pensar bíblicamente. Esto es un punto neurálgico al momento no solo de pensar en una gran iglesia, sino que en una gran familia cristiana. Todos los miembros de la familia necesitamos aprender a pensar de una manera bíblica. Debemos usar nuestros tiempos de grupo pequeño para estudiar la Biblia de manera seria. No podemos simplemente caer en el juego de la practicidad. Necesitamos crecer en nuestro estudio de la Biblia. Debemos tomar un pasaje de la escritura y meditar en él, compartir juntos lo que aprendemos, comentar juntos lo que nos enseña y aplicar lo que aprendemos. Muchos de los fracasos que podemos llegar a tener como cristianos se deben a que no tomamos en serio el estudio y la aplicación de las escrituras.

Steve Lawson dice que «Hacer la obra de Dios a la manera de Dios requiere un compromiso inquebrantable con la primacía de la predicación y la enseñanza bíblica… La iglesia primitiva experimentó vitalidad espiritual, no debido a técnicas engañosas, sino porque se centró en la prioridad de la enseñanza bíblica. 

Como cristianos debemos estar dedicados al estudio de las escrituras, pero también a la enseñanza de estas. No basta solo con estudiar y aprender a ser mejores cristianos, sino que tenemos el mandato del Señor de ir y hacer discípulos. Parte fundamental de hacer discípulos es la enseñanza.  Interesantemente lo que los apóstoles estaban haciendo en este pasaje de Hechos 2, es simplemente obedecer lo que Cristo les había mandado. Al finalizar el evangelio de Mateo nos encontramos con la gran comisión.

“Por tanto vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20)

Enseñar a los discípulos es tarea de cada miembro de la iglesia. Pero esta enseñanza no es meramente intelectual. Jesús les manda a sus discípulos que enseñen a obedecer… enseñar a obedecer trae consigo la tarea de discipular a los hermanos y hermanas. Involucrarse con ellos y entrenarlos, ayudarlos a formar el hábito de obedecer a Dios. Pablo lo dice de esta manera en Colosenses 1:28 “A este Cristo proclamamos, aconsejando y enseñando con toda sabiduría a todos los seres humanos, para presentarlos a todos perfectos en él.” El fin de enseñar a los discípulos a vivir como cristianos es el de llevarlos a la madurez en Cristo. La enseñanza seria de las escrituras, que nos guía a la práctica de la obediencia tiene como resultado nuestra madurez en Cristo y si somos maduros en Cristo, tendremos cada vez más desarrollado el carácter de Cristo y el fruto del Espíritu Santo en nosotros.  Una gran familia requiere estudiar seriamente la Biblia y aplicarla constantemente en todo lo que hace.

Las reuniones de nuestros grupos pequeños son una gran oportunidad para compartir juntos, ¿pero cuántas veces solo se transforman en tiempos para socializar, comer o charlar cobre el día que tuvimos?, ¿cuántas veces estas reuniones se centran en el estudio profundo de las enseñanzas de las escrituras? Lamentablemente podemos perder el tiempo haciendo lo que cotidianamente hacemos cuando nos reunimos con alguien de la oficina o de la universidad, en vez de pasar tiempo estudiando lo que nos enseña la Biblia. Creo que debemos cambiar nuestra mentalidad en cuanto a lo que debemos hacer en nuestros grupos pequeños. A veces podemos pensar erróneamente que los grupos pequeños son tiempos para compartir ideas generales de las escrituras para no aburrir a nuestros amigos que nos visitan, sin embargo, la verdad es que los amigos que nos visitan son lo que más necesitan escuchar la verdad de la Biblia. Tengo la convicción de que tanto los cristianos como nuestras visitas requieren del estudio profundo de las escrituras y no de un vaso de leche tibia que les haga sentir más cómodos entre nosotros. Nuestras visitas requieren aprender lo que dice la Biblia y no lo que pensamos nosotros. Así como cada uno de nosotros requiere perseverar en el estudio de la doctrina bíblica para crecer en fe y madurez.

Por otro lado una gran familia se dedica al compañerismo. El compañerismo es mucho más que reunirse para tomar café y comer algo juntos. Adrián Rogers, un pastor bautista ya fallecido menciona que “confraternidad no es café y donas. El compañerismo no es, como algunas personas dicen con ternura,…dos compañeros en el mismo barco.” La palabra compañerismo implica involucrarse con lo que le pasa al otro. Implica compartir lo que tenemos, lo que somos. Es estar ligados unos con otros.

David Guzik comparte algunas descripciones prácticas de cómo debería ser nuestro compaerismo cristiano[2]:

  • Compartimos al mismo Señor Jesús.
  • Compartimos la misma guía para la vida.
  • Compartimos el mismo amor por Dios
  • Compartimos el mismo deseo de adorarlo.
  • Compartimos las mismas luchas.
  • Compartimos las mismas victorias
  • Compartimos el mismo trabajo de vivir para Él.
  • Compartimos la misma alegría de comunicar el evangelio.

Por otra parte, nuestro compañerismo cristiano solo se da en el ámbito de la conversión. No podemos ser compañeros sin convertirnos a Cristo. Hechos 2:47 dice que: “Y cada día el Señor añadía al grupo los que iban siendo salvos. “, por otro lado el apóstol Pablo es tremendamente enfático en este punto al decir que “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? 15 ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo?[a] ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? 16 ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». (2 Corintios 6:14-16) no podemos tener comunión sin antes habernos convertido a Cristo y ser salvos.

Para tener compañerismo debemos estar juntos. “Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común:” (v. 44) No dejaban de reunirse en el templo…de casa en casa compartían lo que tenían y alababan a Dios juntos… (46-47). Si solo asistimos a la reunión de domingo o de entre semana, pero no pasamos tiempo con los demás cristianos entonces no podemos compartir los mismos intereses, preocupaciones ni tampoco podemos ayudarnos y suplir necesidades en común. Debemos estar juntos.

Para tener compañerismo debemos compartir las cosas de Dios juntos. Se juntaban en el templo cada día. Partían el pan que es una referencia a la Santa Cena que celebramos cada domingo, compartían la comida con alegría y generosidad. Estaban agradecidos de lo que Dios les daba. Alababan a Dios juntos y veían como Dios agregaba a más personas salvas. (46-47).

Para tener compañerismo debemos compartir juntos las cosas materiales que tenemos. Todo lo que tenemos nos ha sido dado por Dios para compartir con los demás. Nuestra comida, nuestro dinero, nuestra casa. Todo es de Dios y si realmente vamos a ser compañeros entonces debemos dar de lo que tenemos para nuestros hermanos en la fe.

1 Timoteo 6:18 nos dice que: “Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen.” La exclusión a esta escritura es 2 Tesalonicenses 3:6-12, en que Pablo instruye a los hermanos a no dar a los que son indisciplinados y que no quieren trabajar. Esto tiene mucho sentido, porque cuando le damos a algún hermano que no quiere trabajar o no se esfuerza por hacerlo, lo mal acostumbramos y terminamos haciéndonos cómplices de su pereza. Pablo dice “El que no quiera trabajar, que tampoco coma”. Pero si un hermano o hermana, necesita para lo básico no debemos ser egoístas con ellos. Esto no significa que debamos pagar su internet o tv cable, sino que dar para sus necesidades básicas. Como nos dice Santiago hablando de la fe y las obras “Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, 16 y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?” (Santiago 2:15-16) o el apóstol Juan en 1 Juan 3:17 “Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él?”

Es importante que examinemos como está siendo nuestro compañerismo. Si no compartimos juntos lo que somos y tenemos entonces no podemos ser una gran familia. Pero si podemos ser una gran imitación hipócrita de esta.

Una gran familia se dedica a la oración. ¿Qué paso con nuestro deseo de hablar con Dios juntos?, muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a orar a Dios pero de manera individual. Sin embargo, la práctica habitual de la primera iglesia era orar juntos. Ellos pasaban mucho tiempo orando a Dios juntos. ¿Cuánto tiempo dedicamos a la oración en nuestros grupos pequeños? ¿Cuánto dedicamos los matrimonios a pasar tiempo en oración juntos?

Una gran familia se construye de rodillas. Esto es algo que debemos iniciar en casa. Nuestros hijos deben vernos orar, deben escucharnos orar, deben entender que el tiempo de oración es algo especial, importante, vital para que podamos vivir en armonía con Dios y con los demás. Debemos tomar tiempo para estudiar la Biblia con nuestros hijos, pero también para orar con ellos. Una familia unida en oración genera un gran cambio en la armonía del hogar. Genera intimidad entre ellos, genera confianza y genera relación profunda con Dios y entre ellos. No podemos olvidar la importancia de la oración. Algo que John MacArthur menciona en uno de sus libros sobre la oración y que me quedó marcado desde que lo leí, es que al orar entramos en un ambiente diferente. Podemos estar en cualquier lugar del mundo, pero al orar nos transportamos a una esfera distinta, nos transportamos al mundo de Dios. Pasamos de la tierra al cielo y nos reunimos con nuestro Padre celestial pata hablarle de nuestros corazones. No podemos perder la oportunidad de hablar con nuestro Dios y llevar con nosotros a nuestra familia y hermanos en la fe.

Por último, y algo tremendamente importante, una gran familia no deja de recordar a Jesús cada vez que se reúne. Los hermanos perseveraban en el partimiento del pan. Esto hace referencia directa a la Cena del Señor.

John Phillips dice: «En el bautismo mostramos nuestra muerte con Cristo; al partir el pan, mostramos Su muerte por nosotros». Esto es muy importante para nuestra vida cristiana. En muchas ocasiones he notado que olvidamos recordar al Señor. Cuando tomamos tiempo para nuestra Santa Cena cada domingo, no solo debemos recordar al Señor y su sacrificio por nosotros, sino que también debemos ocuparnos de nuestro corazón delante de él. Debemos pensar si hay algo que nos impida tener comunión con Jesús y si podemos tratarlo en ese mismo momento, no debemos esperar.

¡La Cena del Señor debería recordarnos la verdad más grande del mundo, que el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí, para que yo pudiera ser perdonado y reconciliado con Dios! Debe hacernos examinar nuestra vida, para que confesemos y nos alejemos de cualquier pecado. (Steve Cole)[3] 

 Un predicador menciona en uno de sus sermones el ejemplo de su esposa al momento de tomar la cena. Él dice que de pronto vio que su esposa se levantaba de la silla para ir a charlar con otra mujer en el salón. Al volver de su conversación, ella le comento a su esposo que necesitaba confesarle a la mujer que tenía cosas en su corazón con ella y que de no hacerlo no podría tomar la cena. ¿Cuántos de nosotros podemos pasar por alto algunas cosas por el solo hecho de no querer levantarnos de la silla y confesar lo que nos tiene mal antes de tomar la cena?

Debemos considerar seriamente lo que hacemos antes de hacerlo y quedarnos callados. Es mejor arreglar nuestro corazón y estar limpios delante de Dios a quedarnos callados y ocultar nuestro pecado por temor al que dirán.

Para concluir, una gran familia y una gran iglesia se construyen poniendo en práctica estos cuatro pilares. Pero acompañados en primer lugar de la decisión de comprometernos a ser una gran familia para Dios y dedicándonos al estudio serio de la Biblia, a la oración, a recordar a Jesús y a ser compañeros unos de otros.


[1] https://www.preceptaustin.org/acts-2-commentary#2:42

[2] https://www.preceptaustin.org/acts-2-commentary#2:42

[3] https://bible.org/seriespage/lesson-9-snapshot-healthy-church-acts-242-47

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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