Sermones

Una verdad inconcebible. Juan 3:16-18

Juan 3:16-18
04 de abril de 2021
# 629

Esta mañana quiero pedirle que abra su Biblia conmigo en el evangelio de Juan. Especialmente en el capítulo 3 versículos 16 al 18.

Este pasaje nos habla de la salvación y de cómo podemos alcanzarla por medio de la fe en el Señor. Es más, este pasaje nace y va creciendo en intensidad producto de una conversación que Jesús tiene con un fariseo llamado Nicodemo que le visita siendo de noche. (Juan 3:2). En esta conversación Jesús le hace notar a Nicodemo que necesita tener fe, es decir, creer en el Señor para poder alcanzar lo que estaba buscando. Imagínese lo que esto podría haber significado para una persona religiosa como Nicodemo. Él estaba acostumbrado a la idea de que la salvación dependía de sus méritos personales, de cumplir con las reglas de la ley, de obligarse a ser justo, virtuoso, una persona especial. Sin embargo, Jesús le hace notar que no puede hacer nada para ganar la salvación. Y esta es la verdad, no podemos hacer algo específico que nos de la salvación. Porque la salvación no depende de lo que nosotros hagamos, sino de lo que Dios ha hecho por nosotros. Fue Dios quien tomo la iniciativa para que pudiéramos ser salvos. Entonces por mucho que nos esforcemos por hacer buenas obras o por presentarnos como buenas personas delante de los demás, en realidad no logramos nada. Podremos parecer buena gente delante de las personas que nos rodean, pero no podemos impresionar a Dios con lo que hacemos. Es nuestra fe en el Señor, la que nos permite alcanzar esta salvación que tanto necesitamos. Así que nos encontramos en un pasaje que nos enfrenta con la realidad de nuestras vidas. No podemos ganar lo que no merecemos. Ni podemos hacer nada para merecerlo. Solamente confiar en Dios y en su poder soberano sobre nosotros.

Ahora confiar en Dios no es muy fácil para las personas que estamos acostumbradas a lograr todo por medio de nuestro esfuerzo.

Se cuenta una historia, que probablemente es inventada. Acerca de un alpinista que estaba subiendo una montaña y de pronto resbaló y cayó al precipicio. Mientras estaba colgado de la cuerda que le sostenía, desesperado le pidió a Dios que le salvara y este le respondió diciéndole que se soltara de la cuerda. El hombre pensó que esto era una locura y que lo más probable se trataba de un engaño entonces decidió quedarse atado hasta que alguien le encontrara. Al amanecer llegaron los rescatistas y lo encontraron muerto y a medio metro del suelo.

¿Cuántas veces podemos ser tan atrevidos u osados como para pedirle a Dios que nos muestre el camino a seguir, pero tan cobardes como para obedecer su palabra? La fe significa que tendremos que tomar decisiones en nuestras vidas que escapan a nuestro razonamiento, a nuestra capacidad, a nuestro control, incluso a nuestras creencias. Pero eso es tener fe. El resto es simplemente vivir una vida religiosa e hipócrita. Es vivir una vida de apariencias, pero que no llena el vacío que tenemos en nuestros corazones por el hecho de no encontrarnos unidos al Señor.

Juan 3 nos habla de la fe, de la necesidad de creer, de abandonar nuestros pensamientos personales y dejarnos abrazar por el Señor y su palabra. Pero también nos nuestra un contraste entre lo que la fe nos puede entregar y lo que nuestra incredulidad nos puede quitar.

»Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. (Juan 3:16-18)

Este pasaje tan famoso, nos revela algunas verdades muy importantes para nuestra vida. Espero que al escucharlas pueda reafirmar su fe en el Señor y si no la ha desarrollado, pueda reconocer que a pesar de lo que usted haya hecho con su vida hasta el día de hoy Dios le mira y desea relacionarse con usted.

La primera verdad que encontramos aquí, es que Dios nos ama a todos. Sin excepción. Dios amó tanto al mundo. No solo a una nación o a una iglesia, o a una denominación, raza o cultura. La palabra mundo se refiere a las personas que vivimos en este mundo. Se refiere a usted, se refiere a mí, se refiere a nuestros hijos, y los hijos que ellos tendrán. Se refiere a los cristianos, y a los no cristianos. Se refiere a los que creen y a los que no creen. Es decir. El amor de Dios alcanza a todos los que escuchan este mensaje el día de hoy y a los que lo escucharan el día de mañana. Este mensaje mis estimados amigos, incluye a las personas que tienen un carácter dócil, tranquilo, amoroso y también a los que tienen un carácter que asusta, e incómoda. El amor de Dios es para todos y alcanza a todas las personas que nos rodean y que están vivas como para poder reconocer que este amor es también para ellos.

Usted puede pensar que debido a las maldades que ha cometido, el amor de Dios no alcanza para tocarlo. O también puede pensar que debido a sus elecciones sociales, o morales, el amor de Dios no alcanza para tocarlo. Pero la verdad es que no es así. La Biblia nos dice que “Dios amo tanto al mundo”. Esta es la primera verdad del evangelio, es la motivación del evangelio, la motivación detrás del sacrificio. El amor. Pero no un amor movido por emociones como puede ser el caso de muchos de nosotros, sino que un amor movido por el compromiso. Un amor que es capaz de soportarlo todo, esperarlo todo y sufrirlo todo (1 Cor.13:7) por cada uno de nosotros. Este es el amor de Dios por el mundo. Un amor que es capaz de sufrir en todo sentido por el simple hecho de que la persona por la cual se sufre reconozca que ese sufrimiento tuvo un significado. Tuvo un motivo. El significado fue un deseo profundo en el corazón de Dios por que estemos bien. Y su salvación, el motivo por el cual Dios nos amó. Entonces lo primero que aprendemos es que Dios nos ama a todos, sin excepción, sin limitaciones, sin exclusiones. Su amor busca alcanzarnos a todos por igual.

Romanos 5:8 nos dice: Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Mateo 5:45 Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.

Apocalipsis 22:17 El Espíritu y la novia dicen: « ¡Ven!»; y el que escuche diga: « ¡Ven!» El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.

Dios tomó la iniciativa para que todos pudiéramos alcanzar la salvación, para que todos y no solo algunos pudiéramos reconciliarnos con Él. Dios nos ama a todos y quiere le mejor para nosotros. Sin embargo, aunque el amor de Dios es para todos, la salvación no lo es. Esta es una verdad muy importante y que no podemos pasar por alto.

En este punto es necesario que hagamos un paralelo. Es cierto que el amor de Dios es para todos. Pero la salvación es solamente para los que creen.

Tanto el versículo 16 como el 18 dejan en claro que el asunto crucial de nuestra parte es creer en Jesús. Los que creen tienen vida eterna; aquellos que no creen están actualmente bajo la condenación de Dios y finalmente perecerán. Considere lo siguiente:

Jesús no vino al mundo para condenarlo, sino para salvarlo.

Juan 3:17 nos dice que “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.” Esta fue la razón de la venida de Cristo al mundo, sin embargo, la razón de su segunda venida, será diferente. Apocalipsis 19:11,15 nos dice: “Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace la guerra… De su boca sale una espada afilada, con la que herirá a las naciones. «Las gobernará con puño de hierro». [a] Él mismo exprime uvas en el lagar del furor del castigo que viene de Dios Todopoderoso.”

El juicio de Dios por medio de Jesús es algo definitivo. Todo el que no cree será condenado.

Las personas que no creen en Jesús están condenadas a la perdición.

Hay muchas escrituras que nos hablan acerca de esta verdad. Mateo 25:46 nos dice que algunos “irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Steven Cole menciona que si la vida eterna no termina jamás, el castigo eterno tampoco lo hará. Marcos 9:48 “donde su gusano no muere, y el fuego no se apaga”. En la parábola del rico y Lázaro, el hombre rico menciona lo terrible que es vivir en esa realidad.  “En el infierno, [a] en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. 24 Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. (Lucas 16:23-24)

No hay una realidad más triste que la de vivir eternamente apartado de Dios y sufriendo por esa decisión.

Los que creen en Jesús, recibirán la vida eterna, pero los que no creen perderán esta oportunidad.

Tener vida eterna, no solo significa una vida sin final, sino que lo más importante es que significa tener una relación con Dios que nunca se acaba y que nada destruye. Juan 17:3 nos dice que tener vida eterna significa conocer a Dios: “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.” Además, este tipo de vida será muy diferente a la que podemos conocer en esta tierra. La vida con Dios es abundante. Comienza cuando creemos en él, pero aumenta en intensidad cuando nos vamos con él.

Hoy es domingo de resurrección. Este día recordamos junto a miles de otras personas el regalo de la salvación. Que es por fe de principio a fin. Pero por fe en el Señor y no en otras cosas o personas. Hoy puede ser el día en que usted le esta pidiendo a Dios una respuesta, una salida, un recurso de salvación. Y el le puede estar diciendo que corte la cuerda y se deje caer. Pero en sus manos. Ponga su confianza en Dios y no en usted mismo y deje que el Señor llene su vida por completo.

Recordemos que para obtener la salvación necesitamos tener fe. Creer en Jesús. Abandonar la incredulidad religiosa. Esta fe, nos permite alcanzar la salvación y esta salvación nos da la esperanza que necesitamos para vivir no una vida pasajera, sino que la vida eterna junto a Dios.

¿Qué le impide creer en Jesús?, ¿Qué prueba de amor necesita para entregarse al Señor?, si el sacrificio del hijo de Dios no basta para usted, ¿entonces que más necesita para creer que Dios si le ama?

Cristian y su esposa Patricia han servido en el ministerio a tiempo completo por varios años. Son padres de dos maravillosos hijos y viven actualmente en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia. Aman el ministerio y a la iglesia y sirven con el corazón dispuesto a escuchar la voz de Dios.

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